La vanidad del líder, unida al servilismo de subalternos que no cuestionan, lleva invariablemente a la destrucción.

El engreimiento del líder siempre es un problema, pero es especialmente crítico cuando los asesores se encargan de aislarlo de la realidad y le dicen lo que quiere oír para no indisponerlo. El no contradecir al ególatra es lo que hace impenetrable el vicioso círculo del poder.

La historia de la humanidad está llena de estos casos. Uno de mis ejemplos preferidos, que tanto aplica a la realidad contemporánea en Colombia y en otras latitudes, es el del emperador Haile Selassie, el epítome del ridículo trágico al que se llega cuando la vanidad y el poder del gobernante se suman a la condescendencia de servidores cuya misión es perpetuar al líder.

El emperador fue la “Sublime Majestad” de Etiopía por más de 50 años, adorado por su pueblo, siempre considerado como el 'Rey de Reyes' y el 'Elegido de Dios' quien cegado por su brutal inmodestia llevó a su pueblo a la destrucción y terminó destronado, trasladado a un antiguo palacio cerca de Addis Abeba donde murió el 28 de Agosto de 1975 debido a las complicaciones de un trastorno cardíaco, convencido de que seguía gobernando.

El emperador nunca fue juzgado por sus seguidores como el causante de las penurias y el hambre que segaron la vida de miles de etíopes. La opinión pública, esa 'cosa' indefinida, manipulable y caprichosa, lo favorecía. Los problemas y los errores siempre recaían en los dignatarios. A ellos iba dirigida la ira del pueblo, mientras los más cercanos se encargaban de mantenerle oculta la realidad.

Como siempre, la mediocridad, la mezquindad, la vileza y la absoluta lealtad para satisfacer la inmodestia del gobernante eran condiciones para lograr su confianza y para ser promovidos como los favoritos. Esas eran las credenciales necesarias para ingresar al poder.

La corrupción que rodeaba al monarca y la pobreza en la que vivían los etíopes se justificaban por medio de argumentos irracionales. La lógica no.

parecía importarle a nadie. Si surgía alguna crítica, el gobierno se la adjudicaba a las innobles alianzas de los enemigos.

En tiempos recientes las elecciones en varios países han estado enfrentadas a la triste disyuntiva de votar por uno para que no salga el otro. Situación agravada por expertos en infundir miedo a través de mentiras que a fuerza de repetirse se vuelven verdades y en convertir el odio en el mayor capital electoral.

Congruente con lo anterior, es imperativo elegir personas no solo capaces sino moderadas y decentes. Los verdaderos líderes tienen la capacidad de escuchar y se rodean de personas, también decentes, que no le temen a la posibilidad de perder los favores de su jefe. Por definición, esto excluye a los ególatras promotores de la polarización y al populismo, que pueden llevar el país a la ruina.

Nota: Al respecto de la importantísima jornada electoral de hoy en Colombia, tres recomendaciones:

1.Vote en conciencia.

2. Lleve escrito, para evitar confusiones de último momento, el número de su candidato para Senado y Cámara.

3. Pida el tarjetón de la coalición de su preferencia porque no se lo van a entregar.