La polémica que se generó esta semana en España a causa de las declaraciones de Carlos Antonio Vélez sobre el futbolista del Barcelona, Lamine Yamal, deja grandes lecciones a quienes se dedican o se han dedicado al oficio del periodismo deportivo.

En la transmisión de Win Sports de la final de la Supercopa de España entre el Barsa y el Real Madrid, Carlos Antonio, uno de los ‘pesos pesados’ del comentario futbolístico en Colombia, insinuó que el joven Lamine Yamal usaba un vendaje en su mano porque se estaba aplicando la hormona del crecimiento. “Le tienen que forrar la mano poniendo ahí la medicina que se necesita poner: la hormona del crecimiento. En Fifa hay una investigación al respecto”, fueron sus palabras textuales.

Esa frase lógicamente generó un revuelo internacional tremendo y se viralizó por las redes sociales, haciendo que las palabras del comentarista fueran materia de discusión en medios españoles y en los hinchas catalanes, que incluso pidieron al Barcelona tomar acciones legales contra Vélez.

Por Carlos Antonio, muchas personas (me incluyo) solo sentimos admiración. Me atrevo a decir que si yo me hice periodista deportivo fue por él, porque cada mañana, mientras mi papá me llevaba al colegio, escuchaba sus programas con gran emoción. De él siempre me ha gustado su impecable análisis del juego y su agudeza para decir muchas veces lo correcto, no lo que la gente quiere oír. Sin embargo, en esta situación puntual de Lamine, sus palabras, que él mismo calificó luego como “desafortunadas”, nos hacen reflexionar sobre la ligereza con la que se habla hoy en día sobre las personas y los equipos en el medio del fútbol.

En una profesión en la que, se supone, debemos investigar lo que vamos a decir, nos ha tocado escuchar unas barrabasadas increíbles a nivel local e internacional: que Brasil le robó el Mundial a Colombia en el 2014, que al Deportivo Cali lo querían descender para venderlo más barato (nada más alejado de la realidad), que la Liga del 2024 se la iban a regalar a Falcao y a Millonarios, que el Mundial 2022 se lo regalaron a Messi, entre otras.

Lo grave de esto es que cada una de esas bestialidades, como es dicha por alguien que tiene renombre y seguidores en redes sociales, se vuelve una verdad para muchas personas que pasan el día buscando información deportiva. Y esto, lógicamente, atenta contra el ser humano del que se está hablando.

Más allá de si Lamine utiliza esa hormona o no (no lo sé, y la verdad tampoco me interesa), que esto le haya sucedido a una persona con tanta experiencia en el periodismo nos hace ver que todos estamos expuestos a las equivocaciones, que no podemos hablar sobre alguien si la información no es confirmada y, sobre todo, que nos pagan para hablar verdades, no chismes de pasillo.