Por: Enrique Rodríguez Caporalli – Universidad Icesi
Marcela Falla Gutiérrez – Universidad de San Buenaventura Cali
María Claudia Villegas – Pontificia Universidad Javeriana Cali
Mario Gandini – Universidad Autónoma de Occidente
Pablo Sanabria Pulido – Universidad Icesi
Pedro Martínez Toro – Universidad del Valle
El año pasado la iniciativa Cali 500+ entregó un ejercicio de visión de ciudad para Cali con horizonte al 2050. El documento fue construido, según el equipo de la administración a cargo, con la participación de 390 instituciones, cientos de personas y líderes de múltiples sectores, además, incorporó acompañamiento técnico del BID, el Instituto Humboldt y profesores de las universidades de la ciudad acreditadas con alta calidad en la ciudad. Como resultado, la Visión quedará inscrita en la formulación del POT, en proceso de revisión y ajuste en estos momentos.
No es poco. Lo que preocupa es lo sigue y lo que se necesita que pase. En el documento en el que se formula la Visión se advierte que Cali tiene un patrón: acumular propuestas de futuro valiosas que no logran implementarse y mucho menos sostenerse. Ante ello, el documento de Cali 500+ propone herramientas específicas para romper con ese patrón. Esas herramientas siguen sin activarse. Las experiencias exitosas de Barranquilla y Medellín traen lecciones para usar estas visiones como caminos de largo plazo para superar crisis de ciudad. La pregunta es si Cali será capaz de usar esa visión ya construida.
El documento de la Visión Cali 500+ es claro en su diagnóstico. El bajo nivel de ejecución del POT 2014, cercano al 30%, no fue solo de algunos problemas de diseño sino, sobre todo, de continuidad y compromiso institucional, de escasa articulación intersectorial y de ausencia de mecanismos que obliguen a rendir cuentas a los gobiernos de la ciudad frente a propuestas de largo plazo.
La Visión 2050 reconoce esa debilidad estructural y propone tres respuestas. Una gobernanza colaborativa que mantenga vivo el ecosistema de actores construido durante el proceso, una vinculación efectiva a los instrumentos de planificación existentes y, una institucionalidad técnica, un Laboratorio de Futuro, que garantice continuidad más allá de los cambios de gobierno. Ninguna de las tres ha podido siquiera iniciar.
Esto importa, justo en este momento, porque Cali está tomando simultáneamente, como ya advertimos en una columna previa, decisiones que definirán el futuro de la ciudad en al menos la próxima década, como son la revisión del POT, la conformación del Área Metropolitana del Suroccidente y la reglamentación del Distrito Especial.
La Visión Cali 500+ tiene algo concreto que aportar a cada uno de esos procesos. Como dicho documento lo señala, esta no busca definir proyectos específicos sino ofrecer un rumbo, ser el criterio común que permita evaluar si las decisiones del presente gobierno, y de los futuros, se mueven hacia esa visión o se desvían de ella.
Para el POT eso significa, por ejemplo, verificar si la clasificación y calificación del del suelo, sus áreas de actividad y tratamientos urbanísticos, sus propuestas de equipamientos y la incorporación de los distintos determinantes (artículo 10, ley 388 de 1997), son consistentes con un modelo de ciudad construido sobre el eje estructurante de la sostenibilidad, a través de la biodiversidad y la interculturalidad. Para el área metropolitana, significa asegurar que la gobernanza supramunicipal comparta ese horizonte sobre la base de la declaratoria de hechos metropolitanos y sus instrumentos de planificación -PIDM y PEMOT- que la tengan en cuenta.
Para el Distrito, significa que la nueva estructura administrativa mejore su capacidad de responder a los problemas de la ciudad e incorpore como herramienta de gestión la lógica de largo plazo que Cali 500+ ha construido.
Que no se pongan en marcha, de manera sistemática, los mecanismos necesarios para que la Visión Cali 500+ garantice su continuidad no es una falla menor. Es la diferencia entre tener una visión y usarla, como la han hecho de forma sobresaliente ciudades como Medellín o Barranquilla. Y el momento para usarla en Cali es este, cuando hay que resolver ingentes problemas de ciudad, y no cuando los instrumentos ya estén aprobados y las decisiones tomadas.
El documento de la Visión también identifica con precisión otro problema de fondo, hasta ahora, en Cali, las visiones de futuro no se concretan principalmente por su desconexión con la planificación formal. En Cali, esa fragmentación se manifiesta en una multiplicidad de planes e iniciativas que no siempre conversan entre sí. La Visión 2050 fue diseñada para ofrecer, al menos, un hilo conductor de esa conversación. Pero un hilo conductor sin nadie que lo sostenga no conduce nada.
La misión técnica a Curitiba, realizada por el equipo de la Visión CALI500+, en el marco de la cooperación con el BID, reconoció un aprendizaje que el documento recoge, la continuidad de una visión estratégica requiere una entidad técnica con legitimidad social, articuladora, capaz de funcionar independientemente de los ciclos electorales. El IPPUC en Curitiba es un ejemplo de qué puede ocurrir cuando esa entidad existe y opera con autonomía real. El Laboratorio de Futuro que la Visión propone como su equivalente para Cali está planteado en el documento como el modelo institucional que la ciudad debería desarrollar de aquí a 2036. Pero los laboratorios no se crean solos, se construyen con tesón, en el tiempo, con voluntad y decisión.
La señal que llega desde afuera de la administración es que el producto de la Visión de CALI500+ y sus propuestas de construcción de una gobernanza colaborativa; la vinculación efectiva a los instrumentos de planificación en proceso de formulación y adopción; y una institucionalidad técnica ‘Laboratorio de Futuro’ no terminan por concretarse y han reducido su protagonismo en el debate público sobre planeación de la ciudad, justamente cuando los instrumentos que la Visión debería orientar están en plena formulación.
Desde la academia caleña hemos reiterado en distintos escenarios que la coordinación de los tres instrumentos de planificación en curso, POT, AMSO, Cali Distrito y la Visión de Cali 500+, requiere una instancia técnica permanente con capacidad de mantener una mirada de conjunto. La Mesa Académica de Expertos, constituida mediante Resolución de la Administración Distrital, fue pensada para lograr esa articulación teniendo como referente la Visión. Sin Visión la articulación queda librada a voluntades cambiantes y con seguridad perderá peso técnico. Es un problema de gobernanza que tiene solución, pero que requiere una decisión deliberada sobre la continuidad del ejercicio de visión y de la institucionalidad que la garantice.
Esta columna es un nuevo llamado sobre una oportunidad que se está desperdiciando. Los procesos de planeación en curso tienen fechas, y las ventanas de incidencia no son indefinidas. La Visión 2050 fue construida para ser usada ahora, en este momento en que las decisiones estructurales todavía están abiertas. Ponerla a trabajar no exige crear nada nuevo: exige activar lo que ya existe, con la voluntad política de hacerlo.