Quienes creemos que el sistema democrático es el mejor que los seres humanos han inventado no podemos bajar la guardia ni descuidarnos. La democracia está siendo hostigada. Desde todos los flancos y con toda clase de instrumentos se la asedia.
La cuna de la democracia moderna, Estados Unidos, ha visto crecer movimientos de derecha excluyente según los cuales el jefe del Ejecutivo es quien representa a la mayoría que ganó en las urnas y no tiene por qué estar constantemente sometido a los controles que provienen de las otras ramas del poder.
La altisonancia de las declaraciones del presidente Trump es prueba fehaciente de lo que afirmamos. No gasta demasiado tiempo el señor Trump en desarrollar el conjunto armónico de poderes que su Constitución le impone. Él y la gente que lo secunda diseñan políticas y las cumplen a rajatabla sin pedir autorizaciones ni rendir cuentas.
Incluso cuando las decisiones de Trump producen resultados que el mundo a mediano plazo agradecerá (como la captura de Nicolás Maduro), no hay por qué dejar de criticar la unilateralidad de los medios que el presidente del ‘MAGA’ utiliza. Se sabe que en las democracias las consideraciones de forma son tan importantes como las de fondo.
Europa presenta varios ejemplos de ataques a los fundamentos de la democracia. El más notorio es el que sucede en España. El líder socialista Pedro Sánchez se aferra al poder con la ayuda de pequeños grupos parlamentarios cuyos intereses no coinciden con los de la mayoría nacional.
Rusia es una dictadura declarada, al igual que China. El gran país asiático cuenta a su favor con una ambigüedad política y cultural resumida por el líder Deng Xiaoping: “No importa el color del gato, con tal de que cace ratones”.
El fundamento de la democracia es la división de poderes. Es una lástima que en nuestro país se esté incubando una política de hipertrofia del Ejecutivo. Hace poco un ministro descalificó al presidente del Congreso diciendo que era “una vaca muerta” atravesada e impidiendo el raudo camino de las reformas planteadas por el Gobierno.
El atropello cometido contra las instituciones en plena vacancia judicial, al decretar medidas de hondo contenido económico sin sujeción a las estrictas pautas constitucionales, es preocupante. Ningún ciudadano colombiano puede permitirse el desconocimiento de la Constitución y las leyes cuando ellas son de una claridad meridiana.
Sin embargo, en otras latitudes se observan procesos electorales ceñidos de manera admirable a la normatividad constitucional. El izquierdista chileno Gabriel Boric dirigió un gobierno de pálidos resultados, pero con un final de comprobado acierto democrático, al presidir unas elecciones en las que triunfó el candidato opositor.
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Un amigo vivió en Suiza varios años y, cuando regresó me dijo que uno podía aburrirse en Suiza, pues en ese país los trenes salían y llegaban a la hora exacta, ni minutos de más ni minutos de menos. Por ello llama poderosamente la atención la gran tragedia que acaba de suceder en una estación alpina de esquí.
No se imagina nadie que en ese civilizado país se permitiera a los jóvenes que rumbearan en un espacio cerrado, haciendo uso de bengalas. Otra vez la pólvora tan conocida en nuestro país como la gran causante de las quemaduras y amputaciones de fin de año.