El valor de la vida debe estar siempre por encima del costo del diseño o de la construcción. Esta afirmación, aunque parezca evidente, adquiere una dimensión distinta cuando se ha visto cómo los edificios se mueven y se ha percibido, al mismo tiempo, la vulnerabilidad de tantas familias. Quienes diseñamos y construimos asumimos una responsabilidad enorme: no solo damos forma a los espacios, sino que también contribuimos a la seguridad, el bienestar y la dignidad de quienes los habitan. Cada línea que concibo puede convertirse en un lugar de encuentro, descanso, trabajo, estudio o cuidado. Con el tiempo, he aprendido a valorar la importancia de proponer ideas nuevas, incluso cuando parecen arriesgadas o difíciles de aceptar.

Innovar significa mover límites, cuestionar lo establecido y abrir caminos que antes quizá no existían. Esa búsqueda se ha convertido en una parte esencial de mi identidad y de mi manera de ejercer la profesión. Sin embargo, la creatividad no debe entenderse como lo contrario de la responsabilidad profesional: ambas pueden y deben avanzar juntas, de la mano de la ingeniería y dentro de parámetros normativos claros.

• Fomentar la creatividad sin comprometer la seguridad.

• Integrar los avances de la ingeniería desde las primeras etapas del proyecto.

• Cumplir rigurosamente las normas aplicables a materiales, diseño y construcción.

En Colombia, estos requisitos se rigen principalmente por el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo Resistente (NSR-10) y las Normas Técnicas Colombianas (NTC), que establecen condiciones mínimas de calidad, resistencia y seguridad para todo tipo de proyectos.

Entre las tecnologías que están adquiriendo mayor relevancia se encuentran los aisladores sísmicos, especialmente recomendados para hospitales, colegios y otras edificaciones de uso público.

La incorporación de sistemas avanzados de aislamiento sísmico en el diseño y la construcción puede ayudar a:

• Reducir la transmisión del movimiento sísmico a la estructura.

• Proteger a las personas, los equipos y las instalaciones esenciales.

• Mantener la funcionalidad de los edificios después de un terremoto.

• Promover un entorno construido más sostenible y resiliente frente a los desastres naturales.

La construcción de ciudades resilientes también exige revisar y mantener las edificaciones existentes. No basta con aplicar las normas en los proyectos nuevos; es necesario evaluar periódicamente las estructuras, identificar posibles vulnerabilidades y realizar las intervenciones necesarias antes de que ocurra una emergencia. Este esfuerzo requiere el trabajo coordinado de arquitectos, ingenieros, constructores, autoridades y comunidades. Además, la educación ciudadana sobre evacuación, prevención y uso seguro de los espacios puede reducir los riesgos.

La resiliencia no depende únicamente de la tecnología, sino también de una cultura de cuidado, preparación y responsabilidad compartida. En definitiva, la arquitectura del futuro no se recordará únicamente por la belleza de sus formas, sino por las vidas que logró proteger y la esperanza que ayudó a sostener. Diseñar con responsabilidad es reconocer que detrás de cada plano hay familias, sueños y comunidades que confían en nuestro trabajo. Cuando la creatividad, la ingeniería y la conciencia social se unen, cada proyecto puede convertirse en una promesa: construir ciudades más seguras, humanas y resilientes para las generaciones futuras.

Nagui Sabet es arquitecto egresado con título de doctor de la Università degli Studi di Roma (Italia, 1976) y con formación avanzada en Harvard University (1983).