Acaba de concluir su visita a Colombia el enviado especial de combate al antisemitismo del Departamento de Estado, el rabino embajador Yehuda Kaploun. El mero hecho de la existencia de dicho cargo desde hace dos décadas demuestra que el flagelo del odio a los judíos es un problema de la sociedad toda. El Gobierno de Estados Unidos ha establecido la lucha contra el antisemitismo global como una prioridad impostergable.

Desde el 7 de octubre de 2023, la masacre de Hamás en Israel, el antisemitismo, el odio más antiguo, se ha incrementado a niveles no vistos desde la segunda guerra mundial, más aún en países que se consideraban seguros para las comunidades judías. En diciembre pasado en la celebración de la fiesta judía de Janucá, en una playa en Sídney Australia, 15 feligreses fueron asesinados por un terrorista al grito de Alah-Akbar. Judíos han sido asesinados en Manchester, New York, y otros lugares. Instituciones judías en Canadá, Estados Unidos, Europa y el mismo Australia han sido objeto de ataques incendiarios, grafitis y rompimiento de vidrios. El espectáculo bochornoso en los llamados campamentos en campus universitarios en Estados Unidos inmediatamente después de octubre 7 en los que se acosó y asaltó estudiantes judíos, fue un festival de antisemitismo recargado.

En su visita a Colombia el embajador Kaploun se reunió con el Canciller de la República y el Ministro del Interior con quienes trató el tema del antisemitismo en Colombia exacerbado por estos días como quizás en pocas ocasiones en el pasado.

El linchamiento en redes y la incitación contra los rescatistas israelíes, hombre y mujeres, que dejaron a sus familias y trabajos para venir a Colombia a colaborar con sus pares colombianos en el rescate de seres vivos o cuerpos bajo los escombros y analizar las estructuras averiadas, vilipendiados por varios personajes públicos, congresistas y exfuncionarios de la anterior administración encabezados por el expresidente, es una infamia y demuestra la necesidad imperiosa de atacar el antisemitismo de raíz.

Afloran también las teorías conspiratorias que acusan a Israel de la derrota del pacto histórico en las elecciones, de los incendios forestales, de confabularse con Milei “contra el pueblo”, de venir a colonizar, de maltratar a sus pares y demás.

El comunicado publicado por la Cancillería tras la reunión que sostuvieron el Canciller y el enviado especial menciona que “no hay lugar para el antisemitismo en una sociedad democrática, plural y respetuosa de la dignidad humana” y agrega que “Colombia reitera su adhesión a la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto” la más importante herramienta existente hoy en día para combatir este flagelo. Esta definición ha sido adoptada por 47 Estados, todas democracias además de centenares de instituciones, clubes deportivos, universidades, etc. Colombia la adoptó en 2020 respondiendo a una campaña del entonces secretario general de la OEA, Luis Almagro.

La definición además de incluir lo evidente, que antisemitismo es odio a los judíos y acciones contra personas, instituciones o centro de culto, agrega el factor de Israel, el Estado Judío. Al respecto la definición considera antisemitismo, negar el derecho del pueblo judío a su autodeterminación nacional y aplicar un doble racero exigiéndole a Israel lo que no se les exige a otros Estados, algo de común ocurrencia en los entes multilaterales. A efecto de esto vale destacar que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, afirmó apenas hace dos días que “varios relatores de derechos humanos están fuera de control respecto a Israel”, un reconocimiento tardío de un problema. Es antisemitismo también la negación del Holocausto.

En buena hora el nuevo Gobierno Nacional ha asumido como uno de sus objetivos la lucha contra el antisemitismo en todas sus manifestaciones.