Llegamos a una de las elecciones más importantes y manipuladas en la historia reciente. El destino político de Colombia se perfila este domingo en la justa electoral del Congreso y las consultas, pues delinea con trazos gruesos la de presidente, donde se juega el todo. Se lleva a cabo en un ambiente enrarecido y turbio por la inherencia indebida y abusiva del Gobierno, acompañada de un cuestionamiento maquiavélico del proceso electoral.

La decisión es una: profundizar la vía al socialismo que a trancazos impone el Gobierno o rencauzar al país por una senda de libertad y progreso seriamente comprometidas. Difícil de entender que muchos crean conveniente continuar el desastre pero es la realidad independiente de si esa voluntad está viciada. Colombia no es la misma de hace unos años y regresar al pasado, con lo bueno y lo malo, no es opción. Se espera mucho más.

Decía que es una elección importante. Es más exacto afirmar que es crítica. Lo que viene es complejo y más si gana el continuismo. La defensa de la democracia necesitará de un acorazado blindado, firme y aguerrido. Una fuerza incorruptible que no venda sus ideas, que secunde a un buen gobierno o contenga a uno malo. Y ante todo, que restablezca la libertad, el orden, la confianza y la decencia. Si se pierde el Congreso se pierde Colombia.

Si fuese una elección limpia, vaya y venga. La democracia no siempre arroja el resultado óptimo. Pero estos comicios se llevan a cabo en un lodazal de anomalías para incidir en el voto. Ríos de dinero en puestos y contratos inundan el territorio, demagogia salarial, ofertas de cheques-bonos redimibles en sectores populares y, la intimidación de organizaciones criminales afines a la causa de la izquierda radical, son parte del arsenal desplegado.

No podía faltar el cuestionamiento del proceso electoral para confundir y distraer, para nublar la capacidad de discernimiento de muchos ciudadanos, con un condimento envenenado: el llamado a las huestes a impugnar con o sin razón los resultados. Con un fin: que el hecho político sea la impugnación masiva y no la votación y los ganadores de las consultas. Y si le va bien al régimen, dirán que no hubo fraude gracias a sus alarmas encendidas.

No es fácil predecir qué ocurrirá. La política está llena de sorpresas, agrias y dulces. Dos fuerzas dominarán el Congreso junto a una diáspora de partidos variopintos, con y sin precio. Similar en las consultas, en algunas es evidente quién ganará. El quid estará en el número de curules de los partidos antípodas, en el volumen de votación de cada una de las consultas y el respaldo a cada precandidato. Será un indicador de lo que viene. Incluidas las alianzas.

La psicología y la sociología del voto tiene visos de ciencia oculta. Contrario a lo que se cree, no se limita a un forcejeo consciente o inconsciente entre la razón y la emoción. Unos siguen instrucciones y otros votan visceral. Cada uno hace el análisis, a su manera. El voto en últimas es esencialmente instintivo; nadie lo hace para perjudicarse aunque termine ocurriendo. Pero hay suicidas deliberados, como lo reflejan algunas encuestas.

Anochecerá y veremos. Voto en Cali, donde nací, en el corregimiento de mis afectos. Lo haré temprano, evito la aglomeración y se siente bien. Me identificaré con la cédula, firmaré y pondré mi huella frente a mi nombre en el formulario E-11, verificaré que me den las tarjetas de Senado y Cámara, pediré el de la Gran Consulta, verificaré que el jurado firme mis tarjetas electorales, llevaré mi propio bolígrafo, me dirigiré a la urna, y votaré. Lo haré pensando en Colombia y en mis dos hijos, confiando en que se imponga la sensatez.