Tras las elecciones presidenciales, han sido muchas las reflexiones relacionadas con los retos y las oportunidades que tendrá el nuevo gobierno de Colombia, liderado por el presidente electo Abelardo de la Espriella y su vicepresidente José Manuel Restrepo. En lo relacionado con los retos, tras tener en cuenta lo obvio, es decir, en materia fiscal, salud, seguridad y energético, la mayoría coincide en que uno de los retos más grandes para el nuevo gobierno es gobernar para todos los colombianos.
No es un secreto para nadie que muchas personas (casi el 50 % de los colombianos), no se sienten representadas por las propuestas del presidente electo e incluso puedo decir que muchos tienen miedo, sienten que serán perseguidos e invisibilizados durante por los próximos 4 años. Muchos reconocen que durante el gobierno Petro no se avanzó tanto, sin embargo, sienten que aun sin cambios profundos el gobierno saliente al menos los vio y se sintieron (por fin) representados por un Gobierno Nacional.
Lo anterior no es menor si tenemos en cuenta que muchos criticamos al presidente Petro y su gobierno por dividir y no gobernar para todos. Por esto, el presidente De la Espriella no puede equivocarse en este aspecto, lo que implica ir mucho más allá de lo discursivo. Rápidamente, el nuevo gobierno deberá dar señales, como lo ha dicho el presidente electo, de un gobierno para todos, que dé soluciones a los que votaron por él, pero también a los que no.
Y lo anterior debe empezar evidentemente por generar medidas de choque en temas tan complejos como el de la salud; por eso una de esas acciones rápidas que deben ser implementadas es la de inyectar recursos al sistema. Los pacientes necesitan sus medicamentos y deben ser atendidos en condiciones dignas y en los tiempos mínimos.
En seguridad se deben mandar mensajes claros de recuperación del control territorial, pero también de atención integral, no solo en materia de prevención de la violencia, sino de alternativas lícitas para la población en zonas rurales, manteniendo un juicioso respeto por los derechos humanos y el DIH. También la seguridad urbana requiere mucha atención, y no se puede dejar a un lado el respeto a la protesta pacífica, que puede ser uno de los puntos de tensión con el gobierno entrante. Siempre entendiendo todos que la protesta no puede convertirse en afectaciones a bienes públicos y privados.
Además de la seguridad, que es una preocupación creciente, sacar a las personas de la pobreza y los temas sociales deben ser una prioridad y para esto existen dos caminos que debemos recorrer. El primero, que debería ser un acuerdo nacional, es mejorar la educación desde la primera infancia para nuestros niños y niñas. Ojalá este Gobierno haga lo que le corresponde en esta materia. Sin embargo, debemos ser conscientes de que hoy tenemos toda una generación sin buenas bases educativas y emocionales a la que hay que apoyar para salir de entornos de vulnerabilidad y generarle oportunidades reales y sostenibles. Acá los subsidios juegan un rol importante.
El segundo camino por recorrer precisamente tiene que ver con los subsidios, una herramienta que varios gobiernos han implementado, incluso el saliente. En esta materia, el presidente electo mencionó en campaña que no los quitaría, lo que tranquilizó a muchos. Sin embargo, ojalá los subsidios, sobre todo para los jóvenes y madres cabeza de hogar, migren hacia un sistema de entrega de recursos condicionados que permita desarrollar en quien los recibe la capacidad o el impulso de lograr un sustento autónomo y no una dependencia del subsidio.
Todo lo anterior, sin perder de vista que necesitamos inversión y crecimiento económico y muchos empresarios nuevos. Porque el futuro de Colombia está en que podamos generar y distribuir riqueza para todos
En lo que tiene que ver con el Valle del Cauca las prioridades están claras: el Tren de Cercanías, Buenaventura y el dragado de profundización del canal de acceso al puerto, la Ptar Cañaveralejo, la Mulaló – Loboguerrero, el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón y el agua para Buenaventura. El Valle del Cauca quiere ser parte fundamental de esa patria milagro que se plantea, aprovechando su posición estratégica, pero sobre todo la pujanza del empresariado que siempre ha estado presto para sacar la cara por este departamento. También tenemos unos liderazgos sociales muy potentes que hacen lo que nadie por esta tierra. El Valle del Cauca hoy está listo para que sin divisiones y con un propósito común trabajemos por este territorio que es de todos.
Posdata. Ojalá aprendamos a que en democracia estar en desacuerdo no es un problema y que justamente las reglas del juego y las instituciones están hechas para dar las discusiones sin tener que llegar a hechos de violencia.