Nutresa, la organización paisa que aglutina varias empresas de alimentos lanzó una campaña “el sabor de creer”, para generar positivismo y optimismo en los colombianos. Modificando los nombres de sus productos (la chocolatina Jet se llamará ahora Fe) busca crear un clima de tolerancia, respeto y confianza, de manera que a través de la imagen y de las palabras, se modifiquen actitudes de desesperanza y pesimismo.
Craneada por María Elisa Botero (caleña), vicepresidenta de Mercadeo se busca monitorear emociones para encausar ese potencial humano en beneficio de una mejor calidad de vida. Como quien dice la institución le está apostando a la percepción, a la creación de imaginarios ‘saludables’ física y emocionalmente, de manera que sean las emociones las que direccionen el cambio. Dándole poder e importancia a lo que verdaderamente ‘dirige’ a un ser humano, las emociones, recalca la importancia de lo que se siente, de aquello en lo que se cree, de lo que se guarda en el interior, construyendo así la realidad en la que se vive. Porque, aunque exista una realidad “afuera”, se contamina de la percepción interior. Se proyecta afuera la película personal. La percepción es importantísima, es un intangible que se contagia y se ‘alimenta’ de lo que se siente y se cree. Con una actitud tan clara como la de Nutresa, se refuerza la idea del poder de lo que se piensa, construido por lo que se siente. ¿Qué tiene que ver esto con la campaña política?
Cada vez es más claro, entonces, que no son las ideas ni los planteamientos programáticos los que definen elecciones presidenciales. No es un debate de propuestas lo que resuelve la confrontación. De allí la ‘inutilidad’ de ese show. No se elige presentador o presentadora de tv, sino presidente, mente capaz de dirigir con criterio, buscando equilibrio para la comunidad. Son las emociones las ‘dueñas’ del debate. Como si la razón hubiera dado un paso al costado y hubiese entendido que existe un participante más poderoso. ¡La razón derrotada por las emociones!
Es aquí donde ‘juegan’ factores muy sutiles: hay que saber tocar el botón indicado para producir el efecto esperado. Tocar el botón del miedo es totalmente eficaz para obtener réditos. Y no solo en estas elecciones, en cualquiera… El filósofo alemán Dietrich Bonhoeffer dice que es más peligrosa la estupidez que la maldad. En la maldad tu tienes el control de lo que haces. En la estupidez entregas tu criterio a otro, ni siquiera piensas, a merced de tus emociones. Otro lo hace por ti. El miedo lo define. Manipulación en toda su dimensión.
Las emociones son las dueñas del balón. De allí que pedalear el miedo es una estrategia ‘extraordinaria’ para los que creen en salvadores. El caos favorece el miedo y ayuda a ‘elegir’ anhelando un redentor. El miedo produce obediencia, sumisión. Como dice la psicóloga social Isabel Borrero, “el estrés traumático disminuye el pensamiento crítico. El ciudadano deja de exigir soluciones estructurales y empieza a suplicar protección inmediata. Se produce una regresión emocional donde emerge la necesidad del ‘protector fuerte’ sin preguntar demasiado por el precio democrático de esa oferta”.
La percepción es una suposición que se contagia, de acuerdo a cómo la alimentes. No ha sucedido, sólo lo percibes (lo imaginas), es subjetiva. Pero hay la capacidad de elegir cómo se alimenta: al estilo de Nutresa con optimismo y confianza o al estilo de los que necesitan el caos para construirse salvadores: con miedo y desconfianza. No olvide que, en definitiva, es usted el que elige cómo quiere nutrir su percepción. ¡Y sus consecuencias!