Podcast Literario Que Vivan los Libros

Lo primero que hay que decir es que este no es un libro para devotos de la Virgen María solamente, sino un libro de periodismo que combina crónicas, reportajes, entrevistas, fotografía, historia, patrimonio, diseño, cultura popular y artes gráficas.

Es un libro de historia de Colombia con el hilo conductor de la Virgen. Comenzó con un destacado periodista llamado Germán Izquierdo, hoy editor en jefe de la revista Cambio, que se enteró de que existe la Virgen de los Ciclistas. Intrigado por semejante revelación, se hizo la pregunta: ¿Si existe una virgen solo para los ciclistas, cuántas más habrá en todo el país y cuál es su “especialidad”?

El resto es historia. Una editorial independiente y que se ha especializado en temas de patrimonio, llamada Monigote, apostó por esta expedición que llevó a Germán por todo el territorio nacional, desde ciudades y municipios hasta cascadas, rocas, cimas de montañas, resguardos indígenas, selvas, ríos del Pacífico y hasta cárceles, sí, porque tuvo que entrevistar al criminal que se robó la Virgen de la O, y cuya historia de infortunios parece sacada de los folios del Realismo Mágico.

¿Cuál es la Virgen de los ciclistas, de los mineros, de los navegantes, de los indígenas yanaconas? El libro lo revela. | Foto: El País

Fueron siete años de trabajo, convertidos en un libro de lujo, pero sobre todo en un testimonio de la enorme riqueza cultural religiosa, de fe, de tradiciones y de resistencia en medio de la guerra, el conflicto y el desplazamiento forzado.

Un libro colombianísimo, en un país tan devoto que acaba de estrenar -hace pocos días- un nuevo puente festivo para honrar a María.

Más allá de la religión, ‘Nuestras Señoras’ es un viaje por Colombia a través de un hilo conductor, que es la Virgen. ¿Cómo surgió la idea?

El periodista Matt Rendell hizo un libro que se llama ‘Reyes de las Montañas’, sobre ciclismo colombiano. Es un libro precioso. Y en las últimas páginas Rendell habla con Chepe González, una de las grandes leyendas del ciclismo colombiano, campeón en Europa. Chepe le dice: vamos a vernos en Morca (Sogamoso, Boyacá). ¿Y por qué allí? Porque allí está la Virgen de los Ciclistas. Cuando leí eso, cerré el libro y dije: ¿Cuántas más habrá? Porque uno ha oído hablar de la Virgen del Carmen, que es la de los transportadores. O la Virgen de las Lajas, pero me puse a investigar y encontré un universo amplísimo e increíble.

¿Cuántas son?

Muchas, más de cien. Y empezamos a reconstruir esas historias. Sabíamos que teníamos que cubrir toda Colombia, que no se nos quedará un territorio grande sin explorar, que fueran importantes y tuvieran historias muy singulares, sí, sorprendentes.

¿Cuáles te causaron mayor impacto?

Por ejemplo, está la Virgen de El Molino, preciosa, porque está vestida con capas guajiras. Es la misma Virgen del Rosario, pero en la Guajira le hacen un baile que se llama la chicha maya, donde los cariachiles indígenas salen con plumas, caracolas e instrumentos musicales.

El último día de las festividades, el sacerdote celebra una misa en la que oficia con plumas y collares. Estuve en la celebración, que es increíble. La Virgen tiene algo que es muy único.

Permite el sincretismo, se fusiona muy bien con todo tipo de culturas…

Exacto, permite el sincretismo con cualquier territorio. Se fusiona con todo. Por ejemplo, las fiestas de Istmina, Chocó, en las que bajan barcazas preciosas de cada barrio y se le hace su barcaza al final con una chirimía increíble. O cuando vas a la Virgen de Santa Rosa de Osos, en Antioquia, que es muy famosa. Es un lugar muy conservador, las niñas usan guantes. En Boyacá también es distinto, o en Cauca, con la Virgen de Almaguer.

Cada pueblo muestra su idiosincrasia y su cariño a la Virgen desde sus valores y desde su estética.

Fueron siete años de trabajo, convertidos en un libro de lujo, pero sobre todo en un testimonio de la enorme riqueza cultural religiosa, de fe, de tradiciones y de resistencia en medio de la guerra, el conflicto y el desplazamiento forzado. | Foto: El País

¿Qué hay de los Llanos Orientales?

Ah, está la Virgen del Manare, que es preciosa. Es increíble, la patrona de los llaneros y antes de esas grandes faenas de ganado se le rezaba. Se le pedía que no se murieran las reses y al llanero no se le apareciera un espanto en el camino.

Encontraste una Virgen que dicen que sale de noche y se va a atender a los enfermos y su cuidadora la regaña porque llega al otro día con el vestido lleno de barro, de ramas… casos asombrosos.

Está en Nariño, es una Virgen preciosa a la que llaman La Parterita, que por la noche sale y atiende los partos de la comunidad. Su pueblito es un lugar muy bello, le dicen “el balcón de los Andrés” y, claro, ella sale a atender los partos y en los caminos se ensucia. Para la persona que cuida su ajuar de vestidos y la viste esto no es un milagro, sino algo rutinario.

El problema, para su cuidadora, es que le va a tocar ir a Ipiales a lavar el vestido porque la Virgen se metió en el barro. Entonces la regaña, le dice: ¿Dónde te metiste, Charito?

Otras hasta se ganan el sustento…

Es la Virgen de los indígenas yanaconas, de un resguardo muy cerca de la laguna la Magdalena, donde nace el río Magdalena. Los indígenas la consideran una Virgen comunera, dentro de su cosmología. Cuentan que ella se va a ganar su sustento, porque va a las veredas y regresa con gallinas, pollos y cosas de comer; con plata, entonces se autoabastece en su trabajo.

La figura de María también está en medio de la violencia de muchos pueblos, como una presencia de consuelo…

Es el caso, por ejemplo, de la Virgen de Manare, en Casanare, totalmente atravesada por la violencia bipartidista en Colombia. En los años 50 arrasaron con el pueblo, y durante la firma de la paz con las guerrillas de los Llanos, de Rojas Pinilla, la imagen se trasladó al municipio de Paz de Ariporo. Había mucha gente que había estado desplazada por la violencia, venían con una historia muy dura, y las matronas del pueblo piden mandar una comisión a Manare para ver si la imagen de la Virgen seguía allí. Fueron y, efectivamente, estaba allí. La trajeron al nuevo pueblo y la gente se concentró mucho alrededor de la Virgen y se creó una nueva identidad. De pronto el vientre de la Virgen comenzó a crecer, y dijeron “está embarazada”, hay que llamar al Vaticano, es un milagro, y cuando la sacaron en procesión, empezaron a salir avispas por todos lados. Resulta que le había crecido un avispero dentro del estómago.

Bueno, también es un hermoso simbolismo…. La Virgen en Colombia ha cumplido un propósito más allá de lo espiritual y es un propósito de nación, porque en torno a ella han encontrado resguardo los desplazados, han encontrado una cierta cohesión los que estaban dispersos...

Sí, totalmente. Ves la figura de la Virgen en lugares que han sido históricamente golpeados por la violencia, como es el caso de Caloto. Allí está la Niña María de Caloto, que es efectivamente una advocación de la Virgen cuando es niña, y la gente nos decía “la Niña siempre nos protege”. Y empieza uno a encontrar unos relatos muy repetidos, de que en medio del conflicto armado se veía a una Niña, o la guerrilla veía un Ejército mucho más grande que el real y por temor no entraba. Esto lo supimos durante la reportería, cuando hablábamos con personas que estuvieron en tomas guerrilleras y decían: “veíamos que había muchos soldados”.

Las fotografías del libro son de Juan Esteban Duque, desde la Guajira hasta el Vaupés. | Foto: El País

‘Nuestras señoras’ fue publicado por Monigote. Es una editorial independiente, pequeña. Y apuesta por un libro de gran formato, a muchas tintas, papel de lujo, fotografía, lomo. ¿Cómo fue la apuesta? Porque aquí también hay un acto de fe en los libros...

Sí. Mauricio Gaviria, un gran editor con el que trabajo hace mucho, mucho tiempo, se ha especializado en hacer historias de patrimonio colombiano, muchas muy atravesadas también por el cuidado del medio ambiente o la recuperación de historias orales, del patrimonio inmaterial que se puede perder.

En el caso de ‘Nuestras Señoras’, imagínate la cantidad de fuentes, de personas de 80 o 90 años.

Tantos testimonios que se pudieron haber perdido…

Es una editorial que le presta detalle a todo, a la tipografía, a la calidad del papel, al gramaje, tiene doble tinta en la tipografía, y es de resaltar el gran trabajo de Juan Esteban Duque, que es un diseñador increíble y un gran fotógrafo, uno de los creadores de Popular de Lujo, uno de los que más saben de gráfica popular en el país. El libro tenía que mostrar que fuimos hasta ese lugar. Teníamos que mostrar los rostros, las etnias.

¿Cómo le ha ido al libro en ventas?

Bien… tiene la dificultad del precio, no es caro, vale $ 129.000 en las librerías, pero realmente ha tenido muy buena recepción. Es muy bonito ver la reacción de las personas cuando encuentran a la Virgen de su pueblo, gente que se conmueve hasta las lágrimas cuando la ven en el libro y se sienten identificados.

¿Este libro, qué te ha traído a ti?

Me ha hecho más consciente del respeto por la fe de los demás. Sin importar si uno es católico o no, es apreciar el valor patrimonial que tiene la Virgen para Colombia. No podemos perder el reconocimiento por la fe del otro, el respeto por la fe del otro.

Frente a estas historias, algunas de ellas asombrosas, como la Virgen partera que se va de noche, ¿cómo se para un periodista objetivo, de los datos, de los hechos, como tú?

Esa es una pregunta muy interesante y respondo que uno tiene que creer en el relato. Y tiene que creer en la persona que está entrevistando. Yo, en medio de mi reportería, no estoy tratando de desvirtuar lo que la persona dice. Si me cuentan que a la Virgen de Cartago le cayó un polvo, y que ese polvo lo recogían con algodón y la gente hacía té y se curaba de sus males, yo preguntaba “explíqueme cómo lo hacían”. Yo no estaba confrontando, sino que estaba tratando de entender el relato. Es despojarse de todas las taras y decir: “me voy a sentar con esta persona a que me cuente su historia, sin juzgarla”.

¿Tuvieron un milagro en la edición del libro, en los viajes?

Tal vez la más rara es la de un centro poblado llamado Otengá, en Betéitiva, Boyacá. Yo estaba empeñado en que fuéramos a tomar más fotos allí, porque no había suficientes. El editor y el fotógrafo iban conmigo y me decían: “no, es que estamos muy lejos, después vamos”. No sé cómo logré convencerlos y, cuando llegamos a Otengá y parqueamos, había una señora poniendo globitos blancos y azules en la plaza. Y en letras de globos decía “Bienvenida”. Me acerqué a ella y le pregunté: “qué se celebra hoy”, y me dijo: “la Fiesta de la Virgen”. Y le dije: “no, la fiesta de la Virgen es en enero”, y me dijo: “es la otra fiesta, la del regreso, pues se robaron la Virgen y regresó”. Fue una fiesta increíble, la gozamos totalmente y estuvimos allá con la papayera encima de un camión.

Si no hubieras insistido habrías perdido la mejor historia de este libro. De qué se trata...

Bueno, yo encontré que a la Virgen de Otengá, de Boyacá, se la habían robado como en 2009. La noticia salía en El Tiempo: Se robaron la Virgen de la O, que así le llaman. Anoté los nombres de los ladrones y con fuentes periodísticas del Inpec pregunté si el señor seguía preso, porque habían pasado catorce años del robo. A los cuatro días me dijeron “sí, está preso en la cárcel de Cómbita, y está dispuesto a hablar”. Me contó toda la historia de cómo se habían entrado por la noche, se habían emborrachado tomando el vino de consagrar…

Esa crónica está ahí en el libro. Es una joya periodística, humorística también, por todo lo que le pasó al ladrón después. Se robó esa Virgen y todo le salió al revés desde entonces (risas).

Y también ese ladrón hizo que exista una nueva festividad, que es la Bienvenida a la Virgen de la O. Es una festividad muy bonita, donde reproducen todos los pasos de vuelta de ella desde que fue robada hasta su retorno.

¿Fuiste a todos los departamentos del país detrás de estas historias?

No, no a todos, pero más o menos al 90 %. Hay lugares que ni sabía que existían. Y otros que me quedaron pendientes, como el Vaupés, bastante difícil porque tienes que tomar un avión y después un hidroavión para llegar al lugar donde está la Virgen. No nos dio para llegar hasta allá, pero sí a muchas fiestas de la Virgen en Chocó, Nariño, Guajira…

Hay unas advocaciones de la Virgen muy populares, pero otras que quedan detrás de la quinta montaña, atrás de la tercera cascada, en la roca más allá del más allá. Cuéntanos eso...

Sí, hicimos unos viajes muy lejanos, como al lugar exacto donde se apareció la Virgen de la Sierra, en el Cocuy. Eso es lejísimos. Hay que hacer una buena caminada y se llega a un lugar precioso, que parece el cielo. Es una cascada que se va volviendo laguna y después se vuelve como un río. Es espectacular el lugar. Y ahí está: es el lugar de la aparición. Se les apareció a los indígenas cerca al nevado. Aprendí muchísimo de historia de Colombia. Aprendí muchísimo de geografía de Colombia, de patrimonio, de todo.

Muy popular está la Virgen de Chiquinquirá. ¿Cómo te fue allá?

Chiquinquirá me gustó mucho, porque conservan esas procesiones enormes, bellísimas, con mil historias.

Nos hizo el milagrito de un festivo más…

Un festivo más, gracias.

EN FRASES

“Las personas sienten a la Virgen muy cercana, como una madre, le confían todos los secretos y la pueden vestir según sus costumbres, como la Virgen del Carmen, a quien le hacen vestidos de todo tipo”.

“Yo siempre le decía a mi editor: ‘esta es la última’, pero la gente me hablaba de otra más y otra más, que tenía que conocer”.