El actor Timothée Chalamet ha generado un debate dentro de la industria de las artes escénicas tras la viralización de un clip de una charla pública organizada por Variety. En el video, el intérprete ironiza sobre la necesidad de convencer al público de asistir a espectáculos como el ballet o la ópera, señalando que, desde su perspectiva, estos géneros insisten en mantenerse vigentes incluso cuando “a nadie le importa”.

La reacción a sus comentarios trascendió las redes sociales y motivó respuestas institucionales, así como una inusual estrategia de promoción. La Ópera de Seattle lanzó un descuento del 14 % en entradas, utilizando el código promocional “Timothee”, en referencia a una frase del actor en la que bromeaba sobre haber “perdido 14 centavos en audiencia”.

El video se originó en una conversación entre Chalamet y el actor Matthew McConaughey en la Universidad de Texas. La grabación comenzó a circular ampliamente en redes sociales pocos días antes del cierre de las votaciones de los premios Oscar, lo que amplificó su alcance entre comunidades artísticas internacionales.

Reacciones

Instituciones culturales reaccionaron desde sus propias plataformas. El Royal Ballet and Opera y la Ópera de Viena respondieron públicamente a las declaraciones. Desde Viena, la institución comentó con ironía: “Sin duda recordaremos a Carmen dentro de 200 años, aunque no estoy seguro de Marty Supreme”, aludiendo a la permanencia histórica de las obras clásicas frente a producciones contemporáneas.

Timothée Chalamet, es uno de los actores más reconocidos de Hollywood. | Foto: El País

La polémica también sumó voces destacadas del sector. La mezzosoprano canadiense Deepa Johnny calificó la postura de Chalamet como “decepcionante”, al tiempo que defendió la necesidad de mayor unidad entre artistas de distintas disciplinas. El coreógrafo francés Martin Chaix, por su parte, resaltó la vigencia del ballet y la ópera en un ecosistema mediático transformado por la inteligencia artificial. “La presencia humana directa del ballet y la ópera se vuelve más esencial, no menos”, afirmó.

De otro lado, el English National Ballet aportó cifras para contextualizar la situación del sector. Según la organización, más de 200.000 personas asistieron presencialmente a sus funciones, mientras que sus contenidos en redes sociales superaron los 65 millones de impresiones. La compañía destacó además su estrategia de expansión mediante programas de aprendizaje creativo y participación comunitaria orientados a públicos diversos.

Mientras tanto, la Ópera de Seattle decidió incorporar la controversia a una campaña concreta para su producción de Carmen. Durante un fin de semana, ofreció el descuento del 14 % en asientos seleccionados utilizando el código “Timothee”, sumándose así a una tendencia cada vez más frecuente: capitalizar fenómenos virales para impulsar la venta de entradas y ampliar su visibilidad digital.

Las críticas también llegaron desde el ámbito artístico. La cantante de ópera estadounidense Isabel Leonard cuestionó la falta de apertura del actor hacia otras expresiones artísticas. Desde el cine, Jamie Lee Curtis reaccionó en redes sociales preguntando: “¿Por qué algún artista ataca a otro artista?”.

A estas voces se sumaron el artista visual Franz Szony y el coreógrafo Kam Saunders, quienes señalaron que el comentario reflejaba desconocimiento y una falta de respeto hacia otras disciplinas.

El debate, impulsado por la viralización del video, ha puesto sobre la mesa discusiones económicas, de marketing y de legitimidad cultural. Entre respuestas institucionales, datos de asistencia y campañas promocionales con tono humorístico, el episodio ha terminado por reforzar un mensaje común dentro del sector: la vigencia del ballet y la ópera en el panorama cultural contemporáneo.

Timothée Chalamet | Foto: El País

El comentario

El actor abordó el tema durante la entrevista en la universidad texana, donde explicó que no se imagina trabajando en el ballet o la ópera porque, a diferencia de fenómenos cinematográficos recientes como Barbie u Oppenheimer, estas disciplinas requieren esfuerzos adicionales de promoción para atraer público.

“No quiero trabajar en ballet, ni en ópera, ni en cosas donde es como: ‘Oye, mantén esto vivo, aunque ya a nadie le importe’”, afirmó Chalamet durante la conversación moderada por Variety. Añadió igualmente: “todo mi respeto para la gente del ballet y la ópera allá fuera”, intentando matizar sus declaraciones tras la polémica.