Los therians son personas que dicen sentir una conexión profunda e involuntaria con un animal. Reconocen su identidad humana, pero también una parte animal.
Sienten miembros fantasmas (cola, orejas). Lo que usan, para ellos, no es un disfraz, sino un estilo de vida reflejo de su identidad.
Mientras que los otherkins se identifican parcial o totalmente como no humanos, sintiendo que su identidad (espiritual, psicológica o emocional) corresponde a criaturas mitológicas como ángeles, dragones, elfos o hadas.
Los otherkins forman una comunidad de individuos que no se consideran humanos. Ellos creen que su identidad es parcial o enteramente no humana, es decir, sienten que su mente y/o cuerpo son de seres mitológicos, de entes incorpóreos o de otros animales. Como por ejemplo, ángeles, vampiros, dragones, leones, zorros, elfos, extraterrestres, entre otras identidades.
Lo miembros de la comunidad otherkin se relacionan entre ellos y con el resto del mundo de manera distinta, acorde a la identidad con la que se identifican.
Tienen ritos de iniciación específicos. Sufren de ciertos abusos y discriminaciones que pueden derivar en ciertos trastornos psicológicos. Hablaremos de ello en el presente artículo.
Otra comunidad son los furries, que se divierten jugando a ser animales antropomórficos que caminan erguidos o hablan, como en los dibujos animados. Asimismo crean avatares o ‘fursonas’ y usan disfraces o fursuits. Muy populares en los festivales de cosplay. Es más un divertimento.
Pero además.... el Hobby Dogging
Este consiste en que las personas que lo practican sacan a pasear, jugar y hasta “educar” a un perro que no existe.
Considerada una moda, esta práctica nació en Alemania y ya empezó a expandirse en redes sociales, donde son muchos los videos de personas caminando con correas vacías, lanzando palos imaginarios y simulando rutinas caninas sin mascota alguna.
Quienes lo practican saben perfectamente que el perro no es real. No se trata de una creencia, sino de una puesta en escena consciente, una especie de performance urbana que mezcla humor, crítica social y la motivación de romper el algoritmo. Las redes lo hicieron viral.
Visto desde la psicología
María Cabrales, psicóloga infantil, anota: “Desde la psicología clínica, el afirmar tener la esencia o alma de un animal es un mecanismo de evitación. El adolescente no quiere ser un animal, lo que quiere es dejar de ser el humano que sufre, que no encaja o que tiene miedo. Internet es su refugio. Tiktok les vende una idea peligrosa: ‘Si el mundo humano te duele, es porque no perteneces a él’. Y el adolescente compra la máscara. Es más fácil ser un lobo en un video que un joven lidiando con su baja autoestima en el colegio. Muchos eligen ser animales para evadir la ansiedad y las presiones sociales, para ocultar inseguridades físicas o de personalidad y porque buscan refugiarse en una comunidad que valida su desconexión de la realidad”.
Por su parte, el psicólogo Abel Sarabia afirma que “los therians tienen serias dificultades de habilidades sociales y se relacionan de esta forma infantil y menos madura... Si su hijo o un familiar se identifica como therian, no hay que regañarlo ni reaccionar de manera hostil o violenta, porque no logrará nada”.
“Tampoco se trata de normalizar o darles croquetas de premio (o rejo), sino de entender lo que hay detrás. Se le debe preguntar desde cuándo comenzaste a sentirte así, qué te lleva a esto, cómo te sientes expresándote de esta manera. Porque generalmente es una válvula de escape”, añade.
“La comunidad therian es un síntoma de una sociedad que, en su afán de evolucionar, se ha desconectado de la mirada humana. Vivimos una involución silenciosa: parques vacíos, pero servidores de Discord llenos. Padres presentes físicamente, pero ausentes detrás de una pantalla. Un mundo real lleno de humo, crisis y ansiedad que hace que ser animal parezca más simple que ser humano”, dice el pediatra José Lapenta.
“El cerebro adolescente busca pertenencia, no encuentra una manada en una mesa familiar donde se le escuche y se le mire a los ojos, la buscará en un algoritmo que valida cualquier disociación con tal de retener su atención”, agrega Lapenta,
“Criar requiere una presencia radical, límites que den estructura al lóbulo prefrontal de nuestros hijos y un amor que les demuestre que, a pesar de lo roto que está el mundo exterior, su humanidad es su mayor tesoro. Es hora de soltar el teléfono y recuperar nuestra especie”, concluye.
Desde la neurociencia
Los llamados therian no corresponden a una enfermedad neurológica ni psiquiátrica reconocida por la medicina; se trata de un fenómeno identitario y cultural en el que algunas personas expresan una identificación simbólica o espiritual con animales, manteniendo intacto el juicio de realidad y siendo plenamente conscientes de que son humanas.
Desde la neurociencia, la identidad no es fija, sino una construcción dinámica del cerebro que integra redes de autorreferencia, emoción y esquema corporal, las cuales pueden reorganizarse por factores psicológicos, sociales y culturales sin implicar patología.
Esto es muy diferente de las enfermedades reales de alteración de la identidad, como la licantropía clínica, ciertos cuadros psicóticos, trastornos disociativos graves o algunas formas de esquizofrenia, donde sí existe una distorsión patológica del yo, pérdida del juicio de realidad, creencias delirantes o conductas congruentes con una identidad no humana.
En resumen, los therian representan una expresión cultural de la identidad, mientras que las verdaderas enfermedades de identificación son trastornos mentales bien definidos que requieren diagnóstico y tratamiento médico.
Llamado a la empatía
Para la psicóloga Gloria H., el tema therian ha mostrado la intolerancia y el miedo a lo distinto que padece nuestra sociedad: ”Tú no decides ser homosexual, ni tener un síndrome de Asperger, pero si lo tienes la cultura te castiga por ser tan atrevido de ser diferente. Lo que no encaje en la normalidad es raro, anormal y peligroso. Si aceptáramos que no somos iguales, que cada uno puede ser diferente, sentir y actuar distinto, viviríamos mejor”.