El 10 de agosto quedará marcado en Cali no solo por el sacudón de la tierra que dejó a una ciudad quebrada y en duelo, sino por la velocidad con que las manos dedicadas a muchas artes, cambiaron de golpe sus oficios por la acción comunitaria.

Juan Pablo Aponte y Lina Mariet Mazuera Gutiérrez, socios propietarios de La Esquina Caliente, vieron como este sitio emblemático de la salsa caleña, ubicado en la Cra. 10 #21-09, punto clave del circuito patrimonial del barrio Obrero, se resquebrajaba por dentro -grietas en las paredes, se vino abajo toda la cristalería (licores)- y la tragedia apagó de golpe su exigente programación de guaguancó, son montuno y pachanga, por consiguiente sus ingresos y los de sus empleados.

Ambos sufrieron afectaciones directas en sus viviendas en El Cedro y El Templete. No obstante, antes de evaluar los daños del local, y hacer cuentas de sus propias pérdidas, su prioridad fue otra, sumar manos a la remoción de escombros y a la ayuda solidaria. “Agradecerle a la vida y a Dios porque nuestras familias y amigos cercanos no resultaron afectados. Nuestra reacción fue salir con palas y picas a ayudar con nuestros amigos arquitectos que hicieron las primeras valoraciones de los daños”, cuenta Juan Pablo.

La salsa de golpe se escucha en esta emblemática salsoteca del barrio Obrero. | Foto: El País
La Esquina Caliente Salsoteca, con su emblemática fachada. | Foto: El País
La Esquina Caliente Salsoteca, en el barrio Obrero, es un lugar imperdible para quienes quieren escuchar salsa dura. | Foto: El País

Al caer la noche del sismo, una red espontánea de amigos y artistas se articuló para verificar el estado de la comunidad. Acto seguido, armados con palas, picas y baldes provistos por la firma aliada de arquitectos Lineart, los socios se trasladaron a la novena con calle 44, pasando la noche removiendo escombros en tareas de rescate.

Se consolidó una impresionante alianza civil: La Esquina Caliente se convirtió en centro de acopio junto al Centro de Pensamiento Uramba, aunando esfuerzos con la Casa de los Títeres y su grupo El Pequeño Teatro de Muñecos, Lengua de Mariposa. el Hostal Epifanía y el Movimiento de Arrendatarios Los Comuneros (MalCom). Juntos despacharon camiones con alimentos y kits de aseo a zonas vulnerables de Cali, Yotoco, Buenaventura y Dagua. Y no cesan en su labor, ahora recolectan materiales para la reconstrucción.

Varias afectaciones sufrió La Esquina Caliente Salsoteca, ubicada en el barrio Obrero. Pero sus dueños priorizaron el ayudar a otros. | Foto: El País

Después de estar cerca de dos meses cerrada, la salsoteca reabrió hace unos 15 días, gracias a las valoraciones técnicas gratuitas de sus amigos arquitectos, porque aparte de Asobares que entregó, los primeros días después del sismo, mercados a los empleados, no han obtenido ninguna ayuda del gobierno y sienten el peso de las deudas, dadas las pérdidas. Y continúan dando la batalla.

Aunque la dinámica comercial avanza lento, sus puertas moradas y rojas —una ruptura deliberada con la estética predecible y nostálgica de las salsotecas de vieja escuela— vuelven a recibir a melómanos tradicionales y jóvenes atraídos por su mística de “fina bravura”.

Puertas adentro, el repertorio sigue siendo estricto y tradicional, distinguiéndose además por abrir un espacio vital a las mujeres DJs detrás de la consola, un matiz de renovación generacional y de género poco explorado en la escena local.

La Esquina Caliente Salsoteca sufrió varias afectaciones, tras el sismo del pasado 10 de agosto. | Foto: El País
La Esquina Caliente Salsoteca sufrió daños que ya han sido reparados. | Foto: El País
Sobrepasando su propia tragedia, los socios de La Esquina Caliente, se volcaron a ayudar en otros sectores de la ciudad que sufrieron las mayores afectaciones, tras el sismo. | Foto: El País

Hoy, entre botellas tradicionales de brandy y aguardiente a precios accesibles, los visitantes elogian su ambiente acogedor, en medio de un sector que ha recobrado el brillo de otras épocas.

El barrio Obrero, que en su renovación ha tomado un aire distinto, abraza a locales y visitantes en un ambiente cálido, que no pretende irrespetar la memoria, sino, al contrario, honrarla, devolviendo a cada caleño su esencia.

Así, La Esquina Caliente demuestra que su verdadero patrimonio no reside únicamente en los vinilos, verdaderas joyas para los salseros, sino en la inquebrantable alma solidaria, valerosa y resiliente de su gente, que al igual que muchos también necesita que su público regrese.