El jueves 19 de octubre del 2006, a las 6:00 de la tarde, por lo menos mil personas llegaron a la orilla del río Cali, donde se encuentra el Gato de Hernando Tejada, para darle una bienvenida a las nuevas compañeras del felino más famoso de la ciudad.
Allí, alrededor suyo, estaban trece esculturas de gatas, de 1,5 metros de altura y 2 de largo, intervenidas por algunos de los artistas más importantes de Cali y Colombia.
Un mes después llegaron dos esculturas más, completando el grupo original de quince gatas, al que con los años se sumarían otras, alcanzando en total 34 obras que están dispuestas en cada entrada de la ciudad, así como en el Bulevar del Río, hoteles, centros de convenciones e instituciones públicas y privadas.
Aquella tarde nació un programa cívico de arte urbano pionero en el país, liderado por Julián Domínguez Rivera, abogado caleño y líder gremial, quien en ese momento era presidente de la Cámara de Comercio de Cali y desde allí promovió la creación de Las Novias del Gato, un conjunto escultórico en el espacio público conocido como Las Gatas del Río, que se convirtieron —junto al Gato de Tejadita— en un símbolo de la cultura caleña.
En 2026, cuando se cumplen 20 años de esta iniciativa, su principal impulsor considera que “estas gatas son la mejor alegoría al espíritu cívico, gocetas, deportivo, del disfrute del sol y el agua, presente en el alma caleña”.
Para Domínguez Rivera, una demostración de su impacto cultural es que hayan perdurado en el tiempo y cada año nazcan más: “Recordemos que cuando se quisieron quitar las gatas, la ciudadanía no lo permitió, porque ya se había apropiado de ese espacio espiritual”.
Cuenta que, durante un viaje a Nueva York en 2005, observó una vaca en la Quinta Avenida: se trataba de la famosa campaña Cow Parade, que consistía en intervenir artísticamente esculturas de estos bovinos y luego exhibirlas en espacios públicos del mundo.
Al regresar a Cali, tuvo la idea de crear algo similar para elevar la autoestima de los ciudadanos y fomentar la cultura cívica, debido a que en ese momento la imagen local estaba deteriorada por las problemáticas de violencia y narcotráfico. Yolanda Constaín Restrepo era la gerente cultural de la Cámara de Comercio y fue la encargada de desarrollar la iniciativa.
Después de muchas sesiones creativas, buscando el símbolo apropiado con el que los caleños pudieran identificarse, barajaron ideas con macetas y cañas de azúcar, pero no tenían el impacto buscado, llegaron a la obra de Hernando Tejada, a su monumental Gato del Río. “Decidimos poner a jugar a toda la ciudad con el Gato de Tejadita, a través de buscarle una novia”, cuenta Constaín.
Así, como un homenaje al espíritu alegre de Tejada, determinaron que el nuevo símbolo de Cali sería no un personaje, sino una manada de gatas que llenarían con su belleza y ronroneos los espacios públicos.
Con la aprobación de la familia de Hernando Tejada, y teniendo a su sobrino Alejandro Valencia Tejada como el escultor encargado de crear el modelo original de la gata para ser intervenida por los artistas invitados, en menos de un año estuvieron listas.
Para Alejandro Valencia, “El Gato es hoy el símbolo de Cali, un animal simpático que recibe a todos con una sonrisa, que fue complementado con Las Gatas del Río, lo que sirvió mucho porque se creó un parque alrededor de estas esculturas, fomentando el turismo en un momento que la ciudad no tenía verdadero arte urbano que mostrar”.
Por eso, “a mí me identifican como el señor de las gatas, aunque en un principio cuando hice estas esculturas no pensé que llegarían a tener tanta importancia”, comenta el artista.
Entre las muchas anécdotas sobre Las Gatas del Río, hay una de cuando Alejandro estaba terminando de modelar la primera gata y llamó a Yolanda para preguntarle cómo recomendaba dejarle la cola, hacia arriba o abajo, y ella respondió que levantada, “porque había leído que esta posición significa que los gatos están felices y se sienten seguros”.
Para celebrar los 20 años estas queridas esculturas caleñas, un grupo de gestores encabezado por Julián Domínguez Rivera y la Cámara de Comercio de Cali tienen proyectado publicar un libro conmemorativo con la historia de las Gatas del Río y su legado cívico, que sigue vivo Cali.
“Estas expresiones que exaltan lo que somos son fundamentales para sanar heridas de un quebrantamiento social y moral al que nos pretende llevar el narcotráfico y la politiquería, con su secuela de corrupción y antivalores. Reflejarnos en iniciativas que nos permitan convivir y expresar lo mejor de nosotros, es el camino a la reconciliación desde la diferencia”, concluye Domínguez Rivera.
Impacto cultural y comercial
La forma en que los caleños adoptaron las Gatas del Río como símbolo de su identidad también tiene un impacto comercial, generando empleo y promoviendo la mejor imagen de Cali en toda Colombia y el mundo.
Al respecto, basta recordar que el año pasado cuando Shakira visitó la ciudad para sus dos multitudinarios conciertos, al ser recibida por sus fans en el aeropuerto lo primero que le obsequiaron fue una réplica a escala de la Gata Mac, una de las más icónicas de estas esculturas.
Detrás de estas réplicas a escala de las Gatas del Río y otros productos de merchandising como pañoletas, llaveros, agendas, vajillas, tazas decoradas, abanicos, porta vasos, entre otros accesorios, está el emprendimiento La Saga, una tienda galería de productos artesanales sobre Cali y Colombia, ubicada en el Hotel Intercontinental, y dirigida por la gestora y empresaria Ana Lucía Garrido.
“En 2009 propuse a la Cámara de Comercio de Cali desarrollar una línea de productos con la imagen de las Gatas, como una forma de promover la identidad local y reconociendo los derechos de autor a los artistas, tanto a Alejandro Valencia que realizó las esculturas como a los que las intervinieron”, cuenta Ana Lucía.
“Gracias a esto hemos logrado generar empleo con talleres de artesanos en cerámica y madera, así como talleres textiles, porque a mí me interesa apoyar el trabajo artesanal y mantener la alta calidad en las piezas, no hacerlo de forma industrial”, explica.
De esta forma, “las réplicas de las Gatas han sido compradas por miles de turistas colombianos y del extranjero que se quieren llevar una parte de Cali para sus lugares de origen, y también se convirtieron en el obsequio ideal de empresarios y líderes a sus colegas a nivel internacional, bien sea cuando viajan o nos visitan”.
Ana Lucía Garrido también llevó las Gatas del Río al arte circense, desde el año 2024 creó el show musical, de danza y acrobacias, con las gatas humanizadas. “En asociación con Circo Herencias creamos una obra donde las gatas cobran vida y se humanizan, son un elenco de 30 personas, entre las que se destacan las bailarinas que interpretan a las gatas, ellas llevan disfraces gatunos diseñados igual que las esculturas que vemos en los espacios públicos y actúan y cantan en una historia muy caleña”, detalla Garrido.
“Esta humanización de las gatas nos permite evidenciar toda la diversidad caleña, esa mezcla cultural que hace únicos a los caleños y que se expresa en términos de baile, música y otras artes. A través de estas iniciativas el posicionamiento de la identidad caleña llega más lejos”, afirma la gestora y empresaria.
Las primeras 15 Gatas del Río
En la actualidad ya son 34 esculturas de gatas, cada una intervenida por un artista diferente, pero el conjunto original estuvo compuesto por las siguientes:
- Gachuza, de Ángela Villegas.
- Gata Entrañable, de Ever Astudillo.
- Gata Mac, de Mario Gordillo.
- Gata Sucia, de Rosemberg Sandoval.
- Gata Ceremonial, de Pedro Alcántara Herrán.
- Anabella, la Gata Superestrella, de Diego Pombo.
- Fogata, de Roberto Molano.
- Vellocino de Oro, de José Horacio Martínez.
- Gata en Cintas, de Cecilia Coronel.
- Gata Bandida, de Nadín Ospina.
- Yara, la Diosa de las Aguas, de Maria Thereza Negreiros.
- Gata Ilustrada, de Lucy Tejada.
- No hay Gato, de Wilson Díaz.
- Gata Coqueta, Maripaz Jaramillo.
- Gata Presa, Omar Rayo.