Ana y Nicolás logran sentir el ritmo de la salsa que llena sus cuerpos de adrenalina, bailan y hacen acrobacias sin siquiera tocar el piso. Sus pies literalmente flotan y en lugar de vestidos tradicionales de bailarines profesionales, llevan trajes especiales que les permiten danzar a 13.500 pies de altura.

Tienen solo 40 segundos, en caída libre y de cabeza, para lograr dicha hazaña salsera, pues es lo que les permite el paracaídismo ‘freestyle’ sin correr riesgos.

La práctica ha sido diferente a este show en el aire, han tenido sus clases de baile en tierra y nunca antes lo han hecho entre nubes.

Ana y Nicolás son paracaidistas expertos y han alcanzado récords mundiales pero jamás habían bailado en el aire.

Fue, asesorados por una pareja de bailarines, Yésica y Danny, campeones mundiales de salsa, que los deportistas decidieron participar en esta locura de llevar al cielo lo que, hasta ahora, solamente había tenido lugar en tierra firme, todo por hacerle honor a Cali en sus 60 años de Feria.

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Por su parte los paracaidistas, que además son novios, a sus técnicas de caída libre tuvieron que sumar letras como la de ‘Cali Pachanguero’, del maestro Jairo Varela.

Fue el fundador del Grupo Niche, quien bautizó a Cali como la Sucursal del Cielo, cuando en 1984 puso a sonar un coro bien conocido que dice: “Barranquilla, Puerta de Oro; París, La Ciudad Luz; Nueva York, Capital del Mundo, del cielo Cali, la sucursal”. Dicho tema, que suena en infinidad de fiestas de fin de año, en los años 80 fue Canción de la Feria y casi un himno para la Capital Mundial de la Salsa.

Este hecho, sumado al dicho de que “el cielo es el límite”, llevó a que Old Parr quisiera celebrar los 60 años de la fiesta máxima de los caleños con un espectáculo nunca antes visto, el primer show de salsa en el cielo, que tuvo lugar precisamente en Cali el pasado miércoles.

“Siempre se ha dicho que esta ciudad es la Sucursal del Cielo, así que dijimos por qué no inaugurar el primer salsódromo en las alturas. Y así, tener un evento que le rinda homenaje a lo que es Cali y a ese calificativo que tiene”, explica Leonardo Bahena, gerente de la marca Old Parr.

De ahí surge la idea que reúne a un equipo con grandes profesionales entre los que se encuentran los dos paracaidistas profesionales en Free Style, Ana Aponte y Nicolás Rubio, y a dos bailarines campeones mundiales de salsa, los caleños Yésica García y Danny Rojas, para lograr lo que parecía imposible.

“La experiencia fue mágica porque nos tenían dos instructores de salsa increíbles que nos enseñaron movimientos y la técnica base de la salsa para nosotros llevar todo ese conocimiento al cielo, siempre soñé saltar bailando”, cuenta Ana, la paracaidista.

Realizar esta rutina fue todo un reto para ella, pero en especial para Nicolás Rubio. “No bailaba nada de salsa, entonces yo también fui un reto grande para los maestros. Tuvieron que empezar desde cero conmigo. Me dieron las bases del baile, pero yo todavía me siento como un tronco”.

Con la punta del pie

El Paso Básico, Punta y Talón, La Clave y Punta Garza fueron algunos de los movimientos que Yésica y Danny, bailarines caleños, explicaron a los paracaidistas para poder crear conjuntamente con ellos las coreografías.

De ahí que el inicio requirió de un aprendizaje mutuo en el que ambas parejas se informaron sobre las técnicas y movimientos, lo que le permitió a los bailarines empezar también el proceso de aprendizaje acerca del paracaidismo y su técnica. Además analizaron los videos, en los que observaron la técnica de este deporte para encontrar las similitudes.

“Ellos nos mostraron que, aunque suene increíble, algunos de los movimientos no diferían demasiado de los usuales en el paracaidismo, al encontrar esas similitudes, iniciamos el proceso de enseñanza del baile”, explica Yésica, la bailarina.

En total fueron 14 saltos que estos expertos llevaron a cabo. “Estuvimos entrenando muchísimo en el Tolima, en nuestra escuela de paracaidismo, allí se hicieron los saltos que en un inicio fueron para mirar en qué sitio se ubicaría el camarógrafo que registraría la rutina.

Luego de tener las clases de baile Yésica y Danny evaluaban nuestro avance en cada toma en la que paso a paso íbamos intentando lo que nos enseñaban”, interviene Nicolás.

Tanto los bailarines como los paracaidistas dicen que el éxito de su show se debe a esa complicidad que solo permite un género como el de la salsa.

Pero además estas parejas tienen entre sí otro punto en común, el amor que los une y que les permite esa sincronía y complicidad.

Mientras que Yésica y Daniel son esposos hace dos años y durante sus seis años de carrera artística fueron novios, Ana y Daniel llevan siete años de noviazgo.

“Es la misma conexión que ellos tienen. Es que debe haber una unión para que llevamos siete años juntos y siete volando, entonces ya nos entendemos casi sin hablar”, añade Ana.

El show final

Cerca de las 4:15 p.m., con el cielo totalmente despejado y a 39 grados centígrados, Yésica García y Danny Rojas esperan en tierra la llegada de sus compañeros.

Se observan en el cielo unas figuras pequeñas —las de Ana y Nicolás— pero llenas de color, van tomando forma a medida que transcurren los segundos y los bailarines del cielo vienen acercándose en caída libre.

Finalmente, tras su llegada, esta pareja se une con los bailarines que los esperan en tierra, y se funden en un gran abrazo, con la satisfacción que les da el haber cumplido un sueño: regalarle a Cali el primer salsódromo en el cielo.

Entre risas, y en medio de un brindis de celebración, comparten la adrenalina de dos profesiones, que en realidad son dos artes, bailar y volar.

No en vano para Yésica y Danny el pisar un escenario y presentar una rutina al público los hace sentir como si volaran. “Nosotros nos sentimos en el aire, vemos a Ana y Nico y entendemos esa adrenalina que ellos sienten al saltar de la cabina del avión, es como si hubiéramos estado ahí.

Y aunque no estamos en el cielo, la agilidad en nuestros pasos nos hace sentir como si nuestros pies flotaran”, dice Danny.

Como él mismo dice, hay espectadores que cuando los ven bailar en competencias, aseguran que ven sus pies por encima del suelo, como si flotaran mientras danzan. Y esta vez lo hicieron. Volaron a través de otros.

A celebrar lo que no se celebra

“El inicio fue con la Feria de Cali y sus 60 años, pero Old Parr seguirá en busca de esos momentos que no se celebran para hacerlo,
por ejemplo el San Valentín es un día que las personas celebran en febrero y nosotros haremos en esta fecha el día de la ‘Friend Zone’”, explica Leonardo Bahena, gerente de la marca Old Parr. Quien además añade que la salsa en el cielo no será la única sorpresa que tendrán, pues el 28 de diciembre, en la hacienda del bosque, se hará el más grande OldParrandón que se haya disfrutado. Uno de los invitados será la orquesta Guayacán.