Por Krish Benvenuti, comunicador y guia de bienestar total y longevidad consciente.

Vivimos rodeados de naturaleza, pero pocas veces nos detenemos a escucharla. No me refiero únicamente al sonido del viento entre los árboles o al canto de los pájaros, sino a esa conversación silenciosa que las plantas sostienen con quien está dispuesto a observarlas con atención.

Me encontraba en Santa Marta grabando un programa de cocina para la televisión mexicana cuando surgió la oportunidad de asistir a la presentación de El Mensaje de las Plantas, el más reciente libro (editado por Penguin Random House) de Andrea Medina, creadora —junto con su madre, Aleja— de Yerbatería, un proyecto nacido en Medellín que ha inspirado a miles de personas a reencontrarse con el mundo vegetal desde una mirada más consciente.

Durante la conversación conocimos el origen de esa pasión. Andrea contó que todo comenzó hace quince años, cuando un viaje a Tailandia despertó en ella un profundo amor por las plantas. Desde entonces comprendió que la naturaleza no es un simple recurso para nuestro beneficio, sino una maestra con la que es posible establecer una relación cotidiana, consciente y respetuosa.

El Mensaje de las Plantas invita a reconocer que cuidar de la Tierra es, en última instancia, cuidar de nuestra propia salud y pertenencia terrenal. | Foto: Krish Benvenuti

Hoy divide parte de su tiempo entre San Rafael (Medellín) y una reserva ubicada en la Sierra Nevada de Santa Marta que lleva el nombre de la Bajagua (Senna alata), una planta por la que siente un profundo cariño y admiración. Allí continúa cultivando esa conexión con el mundo vegetal y fortaleciendo una forma de vida en la que la naturaleza ocupa un lugar central.

Hubo una frase que quedó resonando en mí: “Todos somos terrícolas”. Una afirmación sencilla, pero profundamente reveladora. Nos recuerda que, antes de pertenecer a un país, una profesión o una cultura, pertenecemos a la Tierra. Y, como ella misma expresó, redescubrir esa conexión es un acto de soberanía: recuperar un conocimiento que siempre ha estado ahí, aunque la vida moderna muchas veces nos haya hecho olvidarlo.

Andrea Medina es la autora de El Mensaje de las Plantas. | Foto: Krish Benvenuti

Durante la conversación le pregunté si alguna práctica espiritual o un estilo de vida particular habían fortalecido esa capacidad de escuchar los mensajes de las plantas. Su respuesta fue tan simple como inspiradora: esa sensibilidad nace de la intuición y se cultiva viviendo el día a día con sacralidad, magia, mística y mucha pasión.

Su respuesta me hizo reflexionar. Durante los últimos veinticinco años he dedicado mi misión de vida a estudiar, enseñar y promover el bienestar total y la longevidad consciente. En ese camino, el yoga, la meditación y el Ayurveda —la medicina tradicional de la India— me han enseñado que la sensibilidad no es un privilegio reservado para unos pocos. Es una capacidad que todos podemos desarrollar cuando aprendemos a vivir con mayor presencia.

Quizá por eso el bienestar no consiste únicamente en alimentarnos mejor, hacer ejercicio o controlar el estrés. El bienestar total comienza cuando recuperamos nuestra capacidad de asombro; cuando dejamos de mirar la naturaleza como un recurso para explotarla y volvemos a reconocer que somos parte de ella. Escuchar una planta puede parecer una idea poética. Sin embargo, también puede entenderse como una invitación a escuchar nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestras relaciones y los ritmos de la vida. En una época dominada por la prisa, la hiperconectividad y el ruido permanente, detenernos a observar una hoja, cuidar un jardín o preparar una infusión con plena conciencia puede convertirse en un acto de profunda salud. Las plantas quizá no hablen con palabras, pero nos enseñan paciencia, adaptación, cooperación y respeto por los ciclos naturales. Virtudes que hoy resultan tan necesarias como el aire que respiramos.

Salí de la Librería Café de Pombo con la sensación de que el mayor mensaje de las plantas no está solamente escrito en un libro. Está presente cada día, esperando a quien decida volver a mirar la naturaleza con el corazón abierto.

Porque, al final, cuidar de la Tierra también es una forma de cuidar de nosotros mismos. Y ese, quizás, sea el mensaje más profundo de las plantas y uno de los caminos más auténticos hacia el bienestar total y la longevidad consciente.​