Por: Krish Benvenuti, comunicador y guia bienestar y longevidad consciente (Especial para El Pais)

Si en la primera parte de esta conversación con BK Asha Didi hablamos de la incertidumbre, el miedo, el silencio y la meditación, en esta segunda conversación entramos en un territorio mucho más cotidiano: el ego. Porque vivimos en una sociedad que premia constantemente la imagen, el éxito, los títulos, las posesiones y el reconocimiento. Pero también existen caminos espirituales que parecen plantear la necesidad de eliminar o vencer el ego. Entonces surge una pregunta fundamental: ¿qué es realmente el ego?

Vivimos en una sociedad que parece premiar constantemente el éxito. Mostramos lo que tenemos, quiénes somos, dónde estamos y cuánto éxito hemos alcanzado. Pero, al mismo tiempo, algunos caminos espirituales parecen demonizar el ego. ¿Tenemos que eliminarlo o aprender a comprenderlo y transformarlo?

El ego es una cualidad negativa. En cambio, el autorrespeto es positivo. Una persona puede decir: “Tengo logros, tengo una buena educación, tengo una buena posición, tengo estatus, tengo una buena familia”. Todas esas cosas pueden ser logros que ha conseguido en este mundo. Pero debemos preguntarnos: ¿qué me llevo de todo eso? Cuando dejamos el cuerpo, no nos llevamos nuestra casa, nuestro automóvil, nuestros títulos ni nuestros premios.

Es inevitable pensar en la famosa imagen de Alejandro Magno pidiendo que sus manos quedaran fuera del ataúd para mostrar al mundo que se iba con las manos vacías.

Exactamente. Todo queda atrás. Por eso debemos comprender la diferencia entre autorrespeto y ego. Con autorrespeto puedo reconocer mis logros y sentirme feliz por ellos, pero sé que mis logros no me definen. Puedo utilizarlos para servir a los demás.

Krish Benvenuti entrevistó al líder espiritual BK Asha Didi. | Foto: El País

Entonces, ¿cómo distinguimos el autorrespeto del ego?

La diferencia está en cómo nos sentimos. Una persona con ego puede sentirse muy herida cuando no recibe reconocinto. Por ejemplo, imagina que tienes dos doctorados y alguien te presenta mencionando solamente uno. Inmediatamente puedes pensar: “¿Y por qué no menciona el segundo? ¿Acaso no sabe quién soy?”. Eso es ego. Cuando existe autorrespeto, no importa. Tú sabes lo que has conseguido y no necesitas que los demás lo reconozcan permanentemente.

Es decir, el ego necesita ser alimentado.

Sí. Una persona con ego puede desestabilizarse por una pequeña cosa. Y también puede ser difícil relacionarse con ella, porque los demás sienten que tienen que invertir constantemente tiempo y energía para mantenerla satisfecha. Por eso una persona puede tener muchas cualidades, ser inteligente, estar muy bien educada, hablar muy bien y tener grandes capacidades, pero si tiene mucho ego, esas mismas cualidades pueden terminar perdiendo su valor.

Usted dijo durante nuestra conversación una frase que me parece especialmente poderosa: “La mayor pérdida de una persona es cuando sus cualidades no son utilizadas debido a su ego”.

Sí. Esa es una de las mayores pérdidas. Puedes ser una persona muy preparada, incluso la número uno en algo, pero si tienes demasiado ego, tu capacidad de servir se reduce. Por eso, en ocasiones, es preferible trabajar con una persona que quizá tenga menos logros, pero que sea humilde y cooperativa.

¿La humildad sería entonces una forma de inteligencia espiritual?

La humildad permite que nuestras cualidades sean utilizadas correctamente. No significa pensar que no tenemos capacidades. Significa reconocerlas sin convertirlas en una identidad rígida.

Y eso nos lleva a una cuestión que considero fundamental: ¿cómo se relaciona todo esto con la vida cotidiana? Porque existe el riesgo de pensar que la espiritualidad pertenece a un mundo separado de nuestra vida profesional, familiar o social.

La espiritualidad no debe estar separada de la vida. Lo que desarrollamos interiormente debe integrarse en nuestra vida práctica. Hoy, incluso las empresas buscan personas honestas, confiables, trabajadoras y responsables. La espiritualidad no consiste simplemente en hablar de valores: consiste en llevar esos valores a la práctica.

Entonces, ¿una persona espiritualmente desarrollada debería ser también una mejor compañera, una mejor profesional, una mejor ciudadana?

Sí. Porque la espiritualidad transforma nuestra personalidad. No se trata solamente de meditar o estudiar. Se trata de aplicar aquello que aprendemos.

En nuestra conversación también hablamos de un tema particularmente interesante: el papel de las mujeres. Brahma Kumaris tiene una presencia y un liderazgo femenino muy marcados. ¿Qué puede aportar esa mirada femenina al mundo espiritual y a una sociedad que todavía enfrenta tantas desigualdades?

Hace unos 90 años, nuestro fundador comprendió que las mujeres tenían cualidades muy necesarias para transformar a las personas: cualidades maternales, paciencia, tolerancia, amor, comprensión y capacidad para cuidar. Por eso confió a las mujeres la administración y el cuidado de la organización. Durante mucho tiempo, en India, algunas personas pensaban que el liderazgo espiritual era un espacio reservado a los hombres. Pero poco a poco las mujeres fueron abriendo camino. Los tiempos han cambiado.

Y después de tantos años de camino espiritual, ¿qué sigue siendo un desafío para Asha Didi? ¿Hay todavía algo que le produzca miedo, duda o incertidumbre?

La espiritualidad no significa que de repente todo cambie. Es un proceso de transformación y de integración. Yo tuve contacto con estas enseñanzas desde los ocho años. Por eso no hubo un momento concreto que cambiara completamente mi vida. Para mí, la espiritualidad ha sido algo que ha ido puliendo el alma y nuestras cualidades.

Entonces quizá no necesitamos esperar un gran acontecimiento para transformarnos.

Exactamente. No necesitamos esperar a que algo salga mal para acercarnos a la espiritualidad. La transformación ocurre cuando llevamos aquello que aprendemos dentro de nosotros a nuestra vida diaria.

Krish Benvenuti y BK Asha Didi, en su más reciente encuentro. | Foto: El País

Si una persona que nunca ha meditado, que vive estresada y atrapada en sus pensamientos, le preguntara qué puede hacer durante cinco minutos cada mañana para comenzar a transformar su mundo interior, ¿qué le diría?

Que empiece por crear silencio. Observar sus pensamientos, conectar consigo misma y recordar que no es solamente aquello que ocurre en el exterior. La práctica espiritual comienza cuando aprendemos a mirar hacia dentro.

Y quizá ese sea también el punto de encuentro entre nuestras dos conversaciones. Frente a un terremoto externo, una sociedad polarizada o incluso un ego que necesita constantemente reconocimiento, siempre queda una pregunta: ¿qué está ocurriendo dentro de mí?

Sí. Porque lo que ocurre dentro de nosotros termina reflejándose en nuestra manera de vivir. La transformación personal también puede contribuir a transformar nuestro entorno. Y tal vez ahí comienza una verdadera espiritualidad: no en alejarnos del mundo, sino en aprender a vivir en él desde un lugar interior diferente.