Casi dos décadas después de convertirse en un fenómeno cultural, El diablo viste a la moda vuelve a las salas de cine este 30 de abril con una secuela que promete actualizar el retrato del poder editorial y la industria de la moda en un contexto radicalmente distinto al de 2006.
La primera entrega, que recaudó más de 326 millones de dólares en taquilla global con un presupuesto cercano a los 35 millones, le valió a Meryl Streep una nominación al Óscar como mejor actriz y se convirtió en un referente inmediato sobre liderazgo femenino, ambición y las tensiones éticas en el trabajo.
Ahora, la historia regresa cuando la moda enfrenta transformaciones digitales, cambios generacionales y nuevas exigencias sociales que redefinen por completo el universo que la película original ayudó a popularizar.
El regreso de un elenco icónico con nuevos rostros
Uno de los mayores atractivos de la secuela es el retorno del elenco principal que marcó la primera película. Meryl Streep retoma su papel como la implacable Miranda Priestly, mientras Anne Hathaway vuelve como Andy Sachs y Emily Blunt como Emily Charlton.
La química entre estas tres actrices fue uno de los pilares del éxito original, y su regreso genera altas expectativas entre los seguidores de la cinta.
A ellas se suman nuevas figuras del cine y la televisión en un intento por conectar con audiencias más jóvenes. Kenneth Branagh interpreta al esposo de Miranda Priestly, mientras Patrick Brammall asume el papel del nuevo interés amoroso de Andy.
También se incorporan Simone Ashley, BJ Novak, Lucy Liu, Pauline Chalamet, Justin Theroux, Rachel Bloom y Helen J. Shen, conformando un elenco que busca equilibrar nostalgia y renovación.
Cabe decir que, el paso del tiempo tampoco es un detalle menor en esta producción. Han transcurrido casi dos décadas desde el estreno original, y eso se refleja tanto en la narrativa como en el contexto.
La industria editorial ha migrado en gran parte a lo digital, las redes sociales dictan tendencias y el concepto de autoridad en la moda ha cambiado. Por ello, la película se enfrenta al reto de dialogar con ese nuevo escenario sin perder la esencia que la convirtió en un clásico del cine contemporáneo.
Ahora bien, el presupuesto de la secuela sería considerablemente mayor que el de la primera película, en línea con las ambiciones del proyecto.
No obstante, uno de los elementos más comentados es la posible aparición de figuras reales de la moda como Donatella Versace y Marc Jacobs, lo que refuerza la conexión entre ficción e industria.
Además, se especula con la participación de figuras mediáticas como la periodista Kara Swisher y la exeditora de Vanity Fair, Tina Brown. Estos posibles cameos subrayan la relevancia de la película más allá del entretenimiento, posicionándola como un espejo del poder real en los medios y la moda.
A diferencia de la primera entrega, esta secuela llega acompañada de polémica. En redes sociales y algunos círculos críticos han surgido cuestionamientos sobre la representación racial dentro del universo de la película.
Y, finalmente, uno de los datos más curiosos detrás de la historia tiene que ver con la inspiración del personaje de Emily Charlton. Aunque en la ficción es interpretado por Emily Blunt, en la vida real su equivalente sería Leslie Fremar, una reconocida estilista de celebridades.
Fremar, quien ha trabajado con figuras de alto perfil en Hollywood, habló recientemente en el pódcast The Run-Through de Vogue, donde afirmó sin rodeos: “Sé que lo soy. Soy Emily”.
Su declaración refuerza la conexión entre la película y el mundo real que la inspiró, recordando que detrás de la ficción cinematográfica existe un universo profesional igual de exigente y competitivo.
*Este artículo fue creado con ayuda de una inteligencia artificial que utiliza machine learning para producir texto similar al humano, y curado por un periodista especializado de El País.