Diamante Eléctrico está por cumplir 15 años de trayectoria y, con nueve discos a sus espaldas, la banda bogotana decidió que era el momento de mirar hacia adelante a través de un espejo retrovisor poco convencional.

Inspirados por la crudeza de los emblemáticos MTV Unplugged de los años 90, pero con un latido profundamente latinoamericano, el grupo asumió el reto de despojarse de la estridencia y las guitarras distorsionadas, para vestirse de gala, con justa razón.

El resultado, un nuevo álbum grabado en vivo en el emblemático Teatro Colón de Bogotá, un recinto histórico que no solo sirvió como escenario, sino que actuó como un miembro más de la banda, dictando el volumen, la delicadeza y el rumbo de cada canción.

En esta conversación íntima y sincera con Juan Galeano (voz principal, bajo y contrabajo) y Daniel Álvarez (guitarra), los músicos detallan los retos acústicos de “portarse bien” ante la arquitectura clásica, los instrumentos inesperados que definieron su nuevo sonido y su reciente paso por las pantallas de Netflix.

Cuéntenme cómo nace este álbum, por qué este formato tan particular y qué quiere significar...

Este disco viene de una necesidad. Nosotros no somos una banda que mo mira mucho para atrás, pero queríamos hacer un formato diferente ya después de casi 15 años que cumplimos el próximo año y con nueve discos grabados. Hemos pasado por varias itinerancias y formatos, pero nunca habíamos hecho uno inspirado en algo mucho más acústico, más sencillo y más crudo; esa es la palabra realmente. Nos surgió la inquietud de buscar un álbum con esas características, inspirado en los unplugged de MTV de los 90 y los 2000, pero claramente con un espíritu latinoamericano diferente.

El Teatro Colón es una parte importantísima y protagonista de este disco. Queríamos mezclar algo de reversiones, arreglos nuevos y buscar una faceta mucho más latinoamericana para la banda. Creo que lo logramos. Mezclamos eso con covers; de hecho, grabamos por primera vez un cover de “Casi un hechizo”, que hizo muy popular Jerry Rivera en los 90, y también sumamos un par de canciones nuevas.

Logramos una alquimia muy bonita al mezclar todo eso en un solo álbum con el espíritu del en vivo. Lo más hermoso ha sido salir a tocarlo; ha sido una de las experiencias más satisfactorias que hemos tenido como Diamante.

Daniel Álvarez, guitarrista de Diamante Eléctrico.

Hablando del Teatro Colón, ustedes siempre dijeron que el lugar ameritaba que se adaptaran a él. ¿Cuáles fueron los retos técnicos y acústicos para tocar en un recinto con tanta historia?

Es un recinto que se hizo originalmente para que todo resonara de forma natural, sin amplificación. Hace 130 años la lógica interpretativa y acústica era completamente diferente. Entonces, llegamos nosotros en tiempos modernos con parlantería a empujarle sonido a un teatro viejo, hecho de mucho yeso y con una concepción antigua.

Ahí la clave fue la delicadeza. Había que interpretar los elementos justos al volumen correcto. Eso nos impuso un reto muy grande a la hora de crear las reversiones porque el teatro te informa cómo tienes que interpretar. Dani (guitarrista), que está acostumbrado a tocar duro, y el baterista, que somos los dos estandartes de la música bullosa, nos tuvimos que echar para atrás una cantidad; de lo contrario, el teatro no iba a brillar y nosotros tampoco.

Como el trato de este disco era grabarlo en vivo, todo lo registrado debía ser posible de reinterpretar sin ayudas digitales ni máquinas. Que el espacio físico te obligue a portarte de una manera determinada es algo muy justo y muy bonito que ya casi no pasa hoy en día.

¿Esperaban la respuesta del público? Agotaron tres fechas en Bogotá y han girado por otras ciudades. ¿Qué significa ese nivel de fidelidad?

Es muy lindo ver que este proyecto es atemporal. La idea surgió el año pasado, pero nos dimos cuenta de que es un formato que podemos llevar a diferentes instancias de nuestra carrera y pensamos seguir explotándolo.

A la gente le ha gustado mucho ver a Diamante en una faceta más íntima. Nosotros somos una banda de rock de guitarras estridentes, así que bajarle los decibeles ha sido un reto valioso para nosotros y un regalo para el público que lleva años cantando estas canciones. Esto nos abre ventanas para el futuro. Además, la respuesta fuera de Bogotá ha sido increíble; estuvimos tocando en Cali, en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura, que tiene una acústica hermosa, y nos encantó cómo sonó la banda ahí.

¿Cómo fue ese proceso de selección y reinterpretación del repertorio para adaptarlo a esta nueva identidad sonora?

Hubo que balancear dos cosas. Primero, lo que te decía del teatro: pensar qué canción le iba a lucir al espacio, lo que significaba vestir la música de gala y elegancia desde los arreglos. Lo segundo fue pensar en qué quiere oír la gente. Nosotros somos muy poco caprichosos con nuestro show en vivo; sabemos que el público es quien nos permite pararnos en una tarima todas las noches, así que el show se hace con nosotros, pero para ellos.

Juan es un maestro seleccionando el repertorio, le confío eso a ojo cerrado. Logró una curva de emocionalidad magistral; sube y baja cuando debe. Es el show más sólido que hemos hecho en nuestra carrera y, curiosamente, el más frágil. Eso te habla del poder natural de las canciones y de lo inteligentes que fuimos al producir y grabar.

Diamante Eléctrico | Foto: Diamante Eléctrico

En este álbum, ¿qué es lo más crudo y qué es lo más cursi?

Lo más crudo es lo que tuvimos que hacer como intérpretes para tocar cosas tan aparentemente sencillas. En la música, lo sencillo es lo más complejo. Uno ve a un guitarrista haciendo mil notas y dice: “¡Uy, qué difícil!”. No, lo difícil es hacer una sola nota durante todo el coro.

Lo más crudo fue el lugar al que tuvimos que ir en nuestra madurez musical, interpretativa y personal para sacar esto adelante. Lo más cursi es que, al final del día, el repertorio es un show bonito, en un lugar bonito, con una experiencia muy delicada para la gente. Eso es nuevo para nosotros.

Diamante siempre se ha tratado de intensidad, y meternos a un teatro a decirle a la gente: “Vamos a viajar en una curva a la que no están acostumbrados con nosotros” era una apuesta. Lo más poderoso es que funcionó mejor de lo que podíamos haber soñado porque la gente está pegada del poder de una canción que ya conoce, reconoce, adora y canta a pulmón. En medio de eso estuvo todo el goce.

El “crudo y cursi” ha sido como mirar hacia atrás. A veces en la tarima digo: “Mier**, escribimos esta canción una tarde en Chapinero o en Ciudad de México y aquí estamos, con la gente cantándola o en Las Vegas recibiendo un Grammy”. Son chispazos. Es una mezcla de la celebración con lo obstinado que tienes que ser para seguir andando.

¿Hubo algún instrumento, efecto o elemento inesperado que terminara por definir la personalidad de este formato acústico?

No fue por accidente, pero el contrabajo fue fundamental. Yo estudié contrabajo en el conservatorio, es un instrumento que me ha acompañado toda la vida, pero con Diamante era muy difícil incluirlo por cuestiones logísticas; girar con un bulto tan grande es complejo.

Sin embargo, el contrabajo se convirtió en el hilo conductor y le dio una sonoridad única al proyecto. El piano también tomó un protagonismo inédito: está en todas y cada una de las canciones del disco. Como abarca tanto espectro sonoro dentro de la mezcla, antes nos costaba meterlo, pero logramos que tuviera su propio espacio. Sentarte en el escenario del Teatro Colón, el Metropolitano de Medellín o el Enrique Buenaventura de Cali frente a un piano de cola te da una fuerza y potencia increíble que no tienes en el formato tradicional de banda de rock.

A esto le agrego dos cosas más: el elemento más improbable del álbum fue mi rap en “Casi un hechizo”. Cuando lo estábamos haciendo en el estudio le dije a Gale y a Mauro (el coproductor) que quería probar algo. Por dentro pensaba que era lo más absurdo que había intentado; me daba miedo hacer una ridiculez y que me regañaran artísticamente, pero pasó de forma natural y la canción lo pidió.

Y lo segundo que entendí en vivo es por qué las canciones están estructuralmente más vacías. Por ejemplo, en “Suéltame Bogotá” yo no toco hasta el coro. Al ver al público cantar entendí que el instrumento que realmente completa este álbum es la gente. Dejamos los espacios vacíos de forma consciente para que el público los habitara, algo que uno casi nunca hace. Allí todo hizo click.

Si pudieran dedicarle una canción de este disco al Diamante Eléctrico que empezó en los bares de Bogotá hace más de 10 años, ¿cuál sería?

“Qué bonito es lo bonito”. Encapsula muy bien el espíritu del disco y el mensaje final de lo que somos como individuos y como banda: no importa lo difícil que se pongan las cosas, lo gris que esté el día o los problemas, todo va a estar bien. Sé que suena un poco hippie, pero la canción en sí es densa en su mensaje; habla de salud mental, de muerte, de suicidio, de cosas complicadas por las que hemos pasado como personas. Se la dedicaríamos a nuestro “yo” del pasado para decirle: “Hey, mantén tus ideales y principios”. A nosotros nos funcionó. Es un gran mensaje para el Diamante de hace 15 años.

¿A qué artista que los influyó en sus inicios le dirían: “Gracias por enseñarnos a ser cursis sin miedo”?

Ya lo hicimos en persona con los Rolling Stones; lo único que les dijimos al saludarlos fue: “Gracias por la música”. Pero a nivel latinoamericano, le debemos un aprendizaje gigante a Café Tacvba, con quienes hemos tenido la oportunidad de viajar y compartir. La cursilería nos ha costado mucho explorarla, y no solo entendida como canciones de amor, sino como temas al estilo de “La Atrevida”.

Si viajáramos al pasado y le mostráramos esa canción al Juan y al Daniel de 2012, dirían: “Qué putería, pero no sé si estoy listo para tocar eso”. Café Tacvba nos enseñó que no hay límites artísticos. Puedes tocar la canción más intensa y en el próximo disco lanzar algo completamente electrónico y rarísimo de siete minutos con guitarra y voz.

Ellos labraron ese camino en Latinoamérica para decirnos que puedes habitar todos los rincones estéticos sin dejar de ser tú mismo. Eso es muy poderoso para nosotros, porque desafiar constantemente las esquinas a las que podemos ir es exactamente lo que hacemos.

¿Cuál fue esa letra que escribieron y dijeron: “Esto es demasiado honesto, nos desnudamos demasiado”, pero decidieron dejarla?

Hay una canción en el disco que viene de Mira lo que me hiciste hacer y se llama “Los chicos sí lloran”. Habla de la vulnerabilidad que nos enseñaron a ocultar siendo millennials: “No llore, no demuestre, usted es hombre, cambie la cara y siempre para adelante”. Ese mensaje nos caló mucho. Cuando la escribimos, quisimos encapsular varios momentos; fue la época de la pandemia mezclada con el estallido social en Colombia. Habla de lo político que es llorar. Cualquier postura o cosa que hagamos es política, especialmente en momentos turbulentos.

Qué chimba pararse y decir: “Los chicos sí lloran, los hombres podemos hacerlo”. Aunque los hombres hagan las leyes, las mujeres son las que dan la vida y hacen la vida. Esa canción siempre tendrá un mensaje muy honesto y real de cómo veíamos el mundo y cómo lo seguimos viendo, porque sigue siendo atemporal para nosotros.

Sabemos que los artistas no hacen arte por un premio, pero ganarlo siempre suma. ¿Qué ha significado en su carrera tener el Latin Grammy?

Es muy útil. Nosotros vemos todo en términos de crecimiento y para explicarlo se me viene una analogía de videojuegos: nosotros somos como un par de muñequitos en una pantalla y el Grammy es como una espada que nos encontramos enterrada en una piedra. Nos sirve para equiparnos y seguir avanzando.

El objeto en sí mismo no cuenta una historia a menos que tenga un significado y que tú lo puedas enaltecer. Sirve para abrir puertas o para mantenerlas abiertas a veces, pero el resto de la conversación la tienes tú. Una vez abierta una oportunidad, somos Juan y yo con nuestras canciones quienes tenemos que ir a presentarla, representarla y mantenerla viva. La banda en vivo y toda esa gente maravillosa que nos acompaña es lo que sostiene las oportunidades. Es simplemente una herramienta en esta carrera y, obviamente, cuando te sientas al final del día a mirar el horizonte con un poquitico de paz, se siente muy bien.

James Rodríguez en la serie documental de Netflix | Foto: Foto de Netflix suministrada a SEMANA
James Rodríguez tendrá su propia serie documental que mostrará la vida y trayectoria de una de las grandes estrellas del fútbol colombiano. | Foto: Tomada de YouTube Netflix

Cambiando de tema, ¿qué significó para ustedes participar aportando música original en la serie documental de James Rodríguez en Netflix, dirigida por Simón Brand?

Buscábamos algo que funcionara dentro de la colombianidad sin caer en lo obvio, pero manteniendo un sello local muy fuerte. Es muy bacano escuchar en ese proyecto a Los Alcolirykoz, al Frente Cumbiero, a Monsieur Periné o a Diamante. Son proyectos muy colombianos que tal vez no sean los más conocidos del mundo afuera, pero le dan una personalidad única al documental.

Como hicimos la música original, nos fuimos por una línea mucho más cinematográfica, que es algo que siempre nos ha gustado hacer. Es la primera vez que nos presentamos como banda haciendo esto como Diamante Eléctrico, aunque individualmente tenemos bastante experiencia de años. Estamos muy agradecidos con Simón por la oportunidad, es algo que queremos seguir haciendo a futuro: ponerle el sello de la banda a proyectos visuales.

De nuestro repertorio quedaron canciones como “Déjala rodar” y “Mal hablado”. Dentro del documental se genera una curva muy bonita. Cuando entra la música original, puede que la gente no identifique inmediatamente que es Diamante porque, aunque tiene nuestra personalidad, suena diferente y muy latinoamericana. Pero cuando entran las canciones conocidas de Diamante y de los otros grupos, el público nota la fuerza. Que suene Alcolirykoz, la banda “039” o cualquier otra propuesta independiente es un triunfo para la música alternativa colombiana; le aporta una personalidad tremenda al proyecto.

¿Y pudieron ver el resultado final en la pantalla?

Ver el resultado final en Netflix fue una sensación muy chévere. En el proceso técnico hay que ir a la minucia, y a veces en proyectos pasados nos pasó que musicalizadores o mezcladores masacraron un poco nuestro trabajo. Esta vez nos sentimos bastante orgullosos; cuidaron y respetaron el espacio de la música tal como la habíamos concebido, tanto la incidental original como las canciones del repertorio en los momentos exactos. Fue muy emocionante verlo.

Ver este documental como resultado final en Netflix y escuchar sus ¿Y saben qué dijo James Rodríguez al respecto?

No, la verdad es que no sabemos qué habrá opinado de la música. Sabemos que le encantó el documental, pero según tengo entendido él tiene unos gustos musicales muy diferentes a los nuestros. A pesar de eso, creo que de la mano de Simón Brand como cabeza del proyecto logramos muy bien el concepto de lo que se estaba buscando y la música aportó al resultado general. Logramos algo muy único.