Víctor Alfonso González, un obrero de construcción estrenó su primera película en el parque de su pueblo, Villapaz, ahora las exhibe en Francia. ¿Es cierto que no hay nada imposible?

Víctor toma un sorbo de  café mientras se dispone a contar otro de los acontecimientos importantes que le han sucedido en los últimos seis años.  

- Ya tengo una cámara. Y es un honor tenerla.  Es la cámara de Eduardo Carvajal, ‘La Rata’. (Fotógrafo de una buena parte de las películas que se han hecho en Colombia).  Es una Nikon D300s.

 - ¿Él te la regaló?

 - Bueno, no. Lina Rodríguez, quien fue la directora de arte de ‘El mal de los 7 días’, una de mis más recientes películas, es amiga de Eduardo. Ella le contó mi historia, le contó que empecé haciendo películas con un celular y que   trabajo con actores naturales de mi pueblo, Villapaz.  Él fue hasta allá para conocer lo que hacía. Y nos prestó su cámara. Sé que si la vuelvo a necesitar, la tendré disponible.

- ¿Y qué pasó después?

- Luego, cuando Carlos Moreno estaba haciendo  ‘Que viva la música’, realizó un rodaje cerca de Villapaz, en Jamundí. Eduardo, que hacía parte de la película, me invitó. Fue muy bonito. Conocí a Carlos Moreno, al productor, Rodrigo Guerrero, a los actores. Era la primera vez que yo veía cómo se grababa una película a nivel profesional. Y yo le decía a Eduardo: si hubiera visto esto antes, tanto enredo, nunca habría hecho una película.

Cuando se carcajea, los blanquísimos dientes de Víctor resaltan con su piel negra. Como si brillaran.

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“Víctor Alfonso González es uno de los realizadores más prolíficos de Colombia. No sé quién más pueda decir que ha realizado 31 películas. Es un director cuya intención siempre ha sido contar  su propia realidad y eso ha marcado su carrera. Le ha permitido hacer largometrajes, documentales,  cortos, con la cámara de un celular primero,  y después con otras técnicas y equipos. Su motivación por el cine es persistente. Además, creó su propio método de producción sin saber qué es un método de producción. Creo que el trabajo que hace es muy importante tanto para la comunidad de Villapaz como para la comunidad audiovisual en  Colombia”.

Víctor Palacios – Coordinador del colectivo Mejoda.

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En la cafetería nadie sospecha que Víctor es un director de cine cuya historia se ha publicado en revistas,  periódicos y noticieros nacionales. Nadie sabe tampoco que ‘Hecho en Villapaz’, un documental sobre su vida, se ha visto en Toulouse, en Barcelona, en Bilbao, en París, buena parte de Europa. Nadie se le acerca para pedirle un autógrafo. En Francia, en cambio, lo detenían en la calle para tomarle fotos.  

Ahora le pregunto por algo que me intriga. Hace unos años, cuando lo conocí en el parque de Jamundí, el municipio que está a 20 minutos de su pueblo, lo veía como el director más particular del mundo y quizá de la historia del cine. Víctor jamás había estudiado en una universidad. Ni siquiera en un instituto. Sus estudios habían finalizado en el colegio Luis Carlos Valencia de Villapaz, donde se graduó como bachiller.

Para ganarse la vida, trabajaba  como obrero de construcción (todavía lo hace). Su tiempo libre lo dedicaba a hacer películas, aun cuando  no tenía televisor en casa  y jamás había entrado a una sala de cine. 

Sin embargo, en  un morral colegial que portaba aquella vez, cargaba varias de las películas que había realizado hasta ese momento: ‘Amor sin perdón’, ‘La última gallina en el solar, ‘La senda equivocada’. Todas sobre Villapaz y sus tradiciones. También recreaba  los cuentos que contaban los ancianos en las noches. Algunos de los filmes los  había traducido al inglés utilizando  Google y el maquillaje era artesanal. Si, por ejemplo, requería una mano tenebrosa, la embadurnaba de barro.

- ¿Cuándo conociste una sala de cine?

- Fue hace dos años para ver ‘Anina’, una película uruguaya en la que participaron Jhonny Hendrix, el director de ‘Chocó’, y la productora Maritza Rincón. Fue un descubrimiento, algo totalmente diferente a las proyecciones que yo hacía en el parque de Villapaz. Fue entender  que no me era imposible llegar a las salas, como algunos piensan.

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En un lugar perdido del Valle del Cauca se encuentra Villapaz. En ese corregimiento y contra toda previsión, un joven albañil se apasiona por el cine. De la manera más recursiva e insospechada realiza melodramas, películas de horror, y hasta documentales que dan cuenta de la vida de su comunidad con todos sus matices; alegrías y tragedias, convirtiendo  a su pueblo en un enorme set de grabación y a sus habitantes, en los protagonistas de sus increíbles historias.

Sinopsis del documental ‘Hecho en Villapaz’, de María Isabel Ospina.

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Sentados en el parque de Jamundí, hace seis años, Víctor lo explicaba todo.   

- Lo del cine  empezó porque yo escribo desde niño. Escribo fábulas, cuentos. Y quería convertir esos escritos en  vídeo, motivado por mi hermano, Julio César. Él me insistía en que hiciera una película contando la historia de un libro y aprovechando el computador que había comprado mi hermana. Yo le dije que mejor hiciéramos películas con mis cuentos sobre Villapaz. Y así quedó todo y él se fue del corregimiento, porque es policía. Cuando llegó, tiempo después, yo  ya tenía lista la primera película, ‘Amor sin perdón’. La filmé  con la cámara de un celular Nokia. Mis familiares eran los actores. Después invitamos a otras personas de la comunidad y eso causó un gran impacto. Descubrí que la gente quiere verse en la pantalla. Y que lo mío es el cine. Me gano la vida como albañil, pero mi sueño es estudiar para dedicarme al cine, que es una bella forma de mostrar los pensamientos que a uno le surgen. 

Para Víctor, la imagen funciona como un espejo que, aunque nunca es cien por ciento fiel, en él podemos reconocernos y encontrarnos para hablar de lo que somos. O de lo que dejamos de ser. 

- Mi trabajo explora las relaciones entre el ser humano y su entorno; entre su existencia y su pensamiento.

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El  valor de lo que ha hecho Víctor radica en el cómo la hace, con quién lo hace y el contexto en el que lo hace, más allá de la técnica. Siento que eso tiene un valor impresionante. En la forma en cómo ha logrado hacer su trabajo radica el encanto de su obra.

Maritza Rincón, productora audiovisual. 

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En la cafetería se oye un estruendo. Un mesero  dejó caer una bandeja. Víctor observa de soslayo mientras revuelve  su café.  

- ¿Qué pasó después de que tu historia se publicara por primera vez en el periódico? 

- Después de la crónica que apareció en GACETA se abrieron  puertas. La gente le dio un valor que no le daba antes a mi trabajo. Fue como mostrar que el cine que yo hacía era importante. Gracias  a eso,  María Isabel Ospina, que es documentalista y vive en Francia, por ejemplo,  se interesó en contar mi historia. Me conoció a través de Camilo Aguilera, investigador de Univalle, y realizó  ‘Hecho en Villapaz’. Gracias a ese documental fui a Francia. De Villapaz a  Biarritz y París. Como un sueño. La chaqueta que tengo puesta el día que me tomé la foto que aparece en mi perfil de  Facebook, con la Torre Eiffel de fondo, me la prestó Jhonny Hendrix. Yo no tenía chaquetas para viajar.

Víctor se carcajea. La historia de su viaje quedó registrada en un documental contado a manera de diario por Maritza Rincón. En una de las escenas aparece el  mar. Era la primera vez que Víctor lo veía. Sintió nostalgia. Le hubiera gustado estar ahí junto a su padre. Don Armando González fue el actor estelar de la mayoría de sus películas. Murió en 2012. Víctor hizo un documental sobre él:  ‘El adiós de un grande’. 

En Francia también celebró su cumpleaños 31. Fue el 3 de octubre. Además presentó uno de sus videos experimentales, ‘Fantasías’,  y contó su historia en los festivales donde se estrenó ‘Hecho en Villapaz’. Los franceses  le pedían fotos y le daban consejos: “no dejes de hacer lo que haces”. Maritza era su traductora.

- ¿Te gustaría vivir en un país cinéfilo como Francia?

- No. Yo no me voy  de Villapaz. Quiero hacer  cine  donde vivo, contar y conservar la cultura afro que se ha ido perdiendo por las religiones y por la violencia. Cuando los paramilitares llegaron al pueblo, en el año 2000, cambiaron muchas costumbres. Una de ellas era robarse una gallina, que no se veía como algo malo, sino como algo que se debía hacer una sola vez en la vida. Pero los paramilitares amenazaban con matar a los que robaban gallinas, cambiaron la cultura del pueblo.  Decían ser justicieros, pero eran injustos. Esa es parte de la historia de ‘Gracia Divina’, otra de mis películas. 

‘Gracia Divina’ se presentó en el Festival Internacional de Cine de Cali. También compitió en  el VI  Festival Nacional de Cine y  Video Comunitario del Distrito de Aguablanca, Fesda. Ganó el premio de la categoría Ficción. William Vega, director y guionista de la película ‘La Sirga’ y quien hacía parte del jurado, dijo: “Gracia Divina no solo demuestra un aprendizaje de la técnica audiovisual, sino del lenguaje como herramienta  para expresar un punto de vista particular sobre el entorno, sobre lo que nos afecta. Su autor es un referente inspirador no solo a nivel comunitario, sino en la cinematografía  que emerge y se reinventa lejos de los compromisos comerciales e institucionales”. ***La primera vez que  vi a Víctor fue durante la proyección en Jamundí de una de sus películas, ‘La mano peluda’. El salón donde la presentó estaba lleno y pensé, al ver la reacción del público (la gente se reía con la aparición de cada nuevo personaje-vecino en la pantalla, comentaban la película al mismo tiempo que la veían), que ahí había algo interesante por contar. Su trabajo me parece importante para su comunidad porque la narra desde adentro, denuncia, construye memoria y crea lazo social. En su trabajo hay una búsqueda constante de la mejor manera para expresar en imágenes y sonido las historias que le interesa narrar; es creativo, generoso con sus actores y apasionado con lo que hace. Eso le da energía  a su obra.María Isabel Ospina, documentalista.  ***En Francia, Víctor se detenía en el metro, o donde podía, para aplicarse crema en la piel. Decía que el frío lo ponía rucio. Ahora, en el carro, mientras nos dirigimos a almorzar, noto que cierra sutilmente las rejillas del aire acondicionado. En Villapaz, la temperatura promedio es de 30 grados. Víctor es en definitiva un hombre de tierra caliente, pero en este momento hablamos de temas más importantes que el clima. Se siente, de alguna manera, solo.- Uno nunca va a lograr el cien por ciento  de lo que se propone. - ¿En qué sentido?- En este momento estoy en el proceso de hacer dos documentales. Uno de ellos es ‘La inocente’. La historia de una niña que no regresa a su casa después de que la amenazara la mamá. La niña, inocente,  se vuelve asesina. La historia está basada en hechos reales y es un reflejo de las consecuencias que  puede generar el maltrato intrafamiliar. El otro  documental  busca  visibilizar, ante el gobierno, lo que está pasando en Villapaz. La fuente de subsistencia  es la agricultura. Y muchos campesinos viven cerca al río Cauca. Cada diez años en promedio, en las crecidas, el río se lleva 15 metros de tierra de los agricultores. Y con la tierra se van los cultivos. Entonces es la historia de cómo el río es tan importante para la vida del pueblo y cómo ese antídoto contra la pobreza se convierte  en un veneno.  Pero no tengo los recursos para realizarlo.  Pese a las entrevistas, los premios, el viaje a Francia,  Víctor no vive del cine. Aún trabaja como albañil o como fotógrafo de fiestas.  Sin embargo, tantos periodistas, tantas entrevistas, hicieron que en Villapaz algunos pensaran que Víctor ganaba plata con las películas en las que actuaban. Imaginaron que estaba viviendo a costillas de ellos, los actores. - Nunca ha sido así. Lo que he hecho ha sido motivado por el amor y la  pasión que siento por el cine y la comunidad, nada más. Para explicárselo a la gente, Víctor hizo una película animada. La llamó ‘Congo’. Pero se sentía desanimado. Encima acababa de morir su padre y una idea le rondaba la cabeza: a pesar de que cada vez hacía mejores películas,  no tenía salida. Que hacía y hacía películas  pero  no pasaba nada.- Como un círculo vicioso. ***“Yo siento que Víctor está tratando de dar un gran paso como realizador, llegar a un nivel más profesional, pero no es tan fácil. En ese  nivel compite con personas que tienen otras posibilidades. Él tiene ese gran dilema y piensa que la manera de hacer mejores cosas es cambiando su forma de hacer cine, pero yo siento que por ahí no es el camino. El camino es mantenerse en la línea de lo que viene haciendo”.Maritza Rincón. ***Como sus dientes, pareciera que los ojos de Víctor se iluminaran  en este momento.  Cuenta que, al siguiente día de esta   cita,  una de sus películas llegará por primera vez a una sala de Cine Colombia. Será durante el VII Festival Nacional de Cine y Video Comunitario del Distrito de Aguablanca, Fesda. - La película se llama ‘El mal de los 7 días’. La  realicé con el apoyo de otras personas de la Universidad del Valle como Camilo Aguilera, David Escobar, Lina Sánchez y Lina Rodríguez. Se trata una ficción alrededor de una tradición de Villapaz: El Bunde. Cuando muere un niño menor de 7 años, hay una gran fiesta. Se cree que va al cielo.Víctor deja los cubiertos sobre el plato. Debe irse a entregar un trabajo. Hacer casas, dice, es también una manera de hacer arte. ***“Víctor tiene algo que puede generar problemas, pero a la larga es una gran ventaja:  hace lo que quiere. Es, en definitiva, un artista”.Camilo Aguilera.