Tras la noticia del lanzamiento del nuevo álbum del grupo británico se conoció, también, lo que nadie quería escuchar: que este será el final definitivo de Pink Floyd. ¿Qué fue lo que hizo de esta banda una de las mejores de todos los tiempos? Hablan los expertos.

David Gilmour despejó de un tajo todas las dudas acerca del futuro inmediato de Pink Floyd cuando, en una entrevista ofrecida a la BBC el 9 de octubre dijo, en su característico tono reposado, que ‘The Endless River’, su décimo quinto álbum de estudio, sería el último de la banda: “Esta es la última cosa que saldrá de nosotros. Estoy bastante seguro de que no vendrá nada más después de esto”. Veinte años sin ninguna novedad musical de Pink Floyd es una eternidad para cualquier melómano. Sobre todo para uno acostumbrado a dejarse sorprender por la música de uno de los mejores grupos de rock de todos los tiempos, que con cada lanzamiento sacudía el mercado discográfico y seguía mitificando su nombre. El anterior álbum fue ‘The Division Bell’, excéntricamente producido en 1994 en el Astoria, una casa flotante en el río Támesis que fue adaptada por Gilmour como estudio de grabación. Sí, 20 años es demasiado para un fanático de Pink Floyd.Como también lo es un Pink Floyd sin Roger Waters, el mítico bajista, compositor y líder conceptual de la banda, quien tapó el hueco dejado por Syd Barrett en 1968 y quien llevó a su grupo hacia la gloria en los años 70. Con él, la agrupación británica pasó de ser una banda psicodélica de culto cuyo álbum debut ‘The Piper at the Gates of Dawn’ (1967) marcó una época, a crear una nueva tendencia y conquistar la escena progresiva y el mundo entero gracias a ‘The Dark Side of the Moon’ (1973), ‘Wish You Were Here’ (1975) y ‘The Wall’ (1979).Pero Waters ya no está. Lo dejó muy claro en Facebook el 30 de septiembre de este año: “Algunas personas le han preguntado a Laurie, mi esposa, sobre un nuevo álbum que voy a lanzar en noviembre. No tengo ningún álbum próximo a lanzarse, están confundidos. David Gilmour y Nick Mason sí tienen un álbum en camino. Se llama ‘The Endless River’. David y Nick constituyen el grupo Pink Floyd. Yo, por otro lado, no hago parte de Pink Floyd. Dejé la banda en 1985, hace 29 años. No tengo nada que ver con los álbumes de estudio ‘Momentary Lapse of Reason’ y ‘The Division Bell’, ni con las giras de 1987 y 1994, y tampoco con ‘The Endless River’”.Su declaración pública resultó más amigable que la demanda que él mismo entabló contra sus ex compañeros en 1986, decisión con la que buscaba impedir que siguieran usando el nombre de Pink Floyd. Finalmente llegaron a un arreglo en el Astoria, y hasta se reencontraron dos veces más en tarima: la primera fue en 2005 en el ‘Live 8’, una serie de conciertos simultáneos en diferentes partes del mundo para crear conciencia sobre la pobreza, y la segunda fue en Londres, en 2011, durante una gira de Waters como solista. Allí, ante 14.000 espectadores, Gilmour se unió con su guitarra y voz a Waters, que cantaba ‘Comfortably Numb’. La histeria fue total.Juan Carlos Garay, periodista musical, quien sabe muy bien cómo es la experiencia de ver en vivo a Pink Floyd porque lo hizo en 1994 en Washington, destaca su show en vivo: “Pink Floyd tiene un nivel de calidad y complejidad melódica y armónica, además de la profundidad de sus letras. Es algo trascendental. Y lograron crear espectáculos completos con discos conceptuales y conciertos en los que eran muy cuidadosos en todos los aspectos, incluyendo los escénicos, para que la experiencia fuera completa. Incluso experimentaron con aromas. En 1967 ya estaban preocupados por proyectar imágenes, así que fueron unos adelantados de la época”.Pero no solo de conciertos vive el fan. La obra discográfica de Pink Floyd es muy sólida. El dramaturgo Sandro Romero Rey no se guarda palabras para describir la fuerza de su legado: “Pink Floyd es una de las instituciones musicales imprescindibles en la música del siglo XX. Si cada genio en la historia de los sonidos tiene una identidad musical, es indudable que la banda de Waters, Wright, Gilmour y Mason constituye una esencia inconfundible la cual, hace rato, ocupa un lugar de privilegio en el cielo del rock and roll. Su sonido es una mezcla de elegancia, misterio, agresividad, poesía y virtuosismo, como pocas veces se ha dado a lo largo y ancho de la música de todos los tiempos”.El periodista Eduardo Arias destaca su versatilidad: “Es un grupo que ha ofrecido un material muy diverso. Psicodélico en sus primeros sencillos y su primer álbum, vanguardista en extremo en ‘A Saucerful of Secrets’ (1968) y ‘Ummagumma’ (1969); sinfónico en ‘Atom Heart Mother’ (1970), ‘Animals’ (1977) y el lado B del elepé ‘Meddle’ (1971); desparpajado y hasta frívolo en la cara A de ese mismo álbum; capaz de ponerse al servicio del cine (‘Zabriskie Point’, ‘More’, ‘Obscured by Clouds’); amargado y fatalista en ‘The Wall’ y ‘The Final Cut’ (1983); y otra vez experimentador sonoro en la era pos Waters”.Por esa misma razón es que Jaime Andrés Monsalve, jefe musical de Señal Radio Colombia, piensa que Pink Floyd es una de las bandas más importantes de la historia: “Su obra tiene que ver con los riesgos, siempre ha tenido un ideario y una música muy clara a la que, a pesar de sus problemas internos, jamás le dio la espalda. Con su propuesta logró convencer a las disqueras que ese tipo de música tenía cabida en lo comercial, siendo que no era una música para todo el mundo. Es arte que llegó a las masas, art rock puro”. Jorge Fresquet, vocalista de la banda de rock caleña Krönös, también destaca el lado artístico de la luna: “Pink Floyd es una banda muy especial para la gente que le gusta el rock de todas las épocas. Su música es volada y viajera. Por su forma musical, por lo que ellos estaban viviendo en ese momento, que fue una época muy psicodélica, su música está hecha para soñar, para crear imágenes. Es una banda para animar la creatividad”. Eso, la creatividad, es lo que siempre ha caracterizado a Pink Floyd. Con Barrett y sin Barret; con Wright y sin Wright; con Waters y sin Waters. Bien lo dijo Arias: “Pink Floyd es el triunfo de un proyecto musical que a ratos parece realizado por arquitectos capaces de crear espacios y ambientes acogedores y sobrecogedores a partir de ideas muy simples que logran la dimensión de una catedral”. Y por eso Romero Rey celebra su regreso: “Bienvenidos todos sus futuros álbumes, hijos de los restos de su propia contundencia”. Así sea.