El restaurante de cocina árabe Litany cumple 10 años. Los celebrará con seis cenas -una cada mes- con chefs invitados que acercarán los sabores libaneses a los vallecaucanos.
La obsesión por meter la mano en el plato, en el propio y en el ajeno, es muy árabe. Se vale untarse los dedos, sumergir el pan en la salsa sin que medien cucharas ni paletas de plata. Se vale partir el pan en dos, en tres, en cien. Se vale pedir muchos platillos para compartir, en lugar de resignarse a comer de un solo plato y suspirar con la buena elección del vecino.
Los árabes convierten cualquier mesa en un encuentro familiar. Para ellos, compartir sus platos equivale a compartir el afecto y por eso lo hacen de forma generosa, sin escatimar.
Su cultura daposa no comprende del todo frases como no, gracias, estoy lleno, acabo de almorzar; por el contrario, dejarán caer sobre su plato porciones redobladas porque ellos, que nos han aportado palabras tan bellas como Azahar, Azul, Almena, Alacena y Arabesco, no inventaron la palabra Dieta.
No resulta exagerado decir que el mejor restaurante árabe de Cali es Litany (para algunos, el mejor de Colombia), que esta semana cumple 10 años y cuya chef, Malaki Ghattas, no pensaba en fogones cuando era niña.
En el Líbano estaba más interesada en saltar la rayuela y no creía necesario prestar atención a los secretos culinarios que su madre y su abuela intentaban transmitirle.
Cada mes habrá una cena con un chef invitado, en un mano a mano gastronómico.
Muy joven fue comprometida en matrimonio y tuvo que migrar a Colombia. Recién casada, inexperta, en un país extraño y sin hablar español, ni siquiera podía llamar a su madre para hallar aliento en sus palabras pues en aquellos tiempos la convulsionada situación social y política del Líbano dificultaba la comunicación entre los dos países.
Cuánto extrañaba el falafel, el hummus, la kebab, los kibbes y todos los sabores de su tierra...
Son muchos los que nos han apoyado en estos 10 años, sobre todo en etapas muy duras como la crisis de 2011 en el Barrio Granada cuando tantos estuvimos a punto de cerrar. Y aquí seguimos, gracias a ustedes.
Lloraba. En una olla arrojaba un puñado de especias -pimientas, canela, cardamomo, estrellas de anís-, cerraba los ojos y aspiraba estos aromas que la devolvían a su tierra natal. Fue allí cuando descubrió que la memoria tiene olor.
Justamente, a fuerza de memoria olfativa, reconstruyó y perfeccionó las recetas de su familia. Su restaurante, Litany, se convirtió en el hilo rojo que conecta a Cali y al Líbano.
Cali me ha hecho sentir como en casa, me ha acogido, aquí ya no soy extranjera, dice Malaki con un acento a medio camino entre el árabe y el caleño, igual que la seguidilla de cenas líbano-vallecaucanas con las que celebrará los 10 años de su restaurante.
Los chefs Vicky Acosta, Carlos Yanguas, Jainer Grisales, Maura de Caldas, Francisco Prado y María Claudia Zarama se unirán a Malaki en una gran mesa donde meter la mano en el plato ajeno no solo será permitido, sino bien visto.
Hoy viernes, servicio de 11:00 a.m a 3:00 p.m. y de 6:00 p.m. a 11:00 p.m. en Litany Informes: 3164499843, 660 2680. Calle 15A Norte 9N-35, Granada.