Cultura

La artista colombiana que llevó la selva al metro de Nueva York

Tatiana Arocha logró que una de sus obras, Selva Adentro, se instalara durante todo el 2026 en el metro de la capital del mundo. Desde Brooklyn, habla sobre identidad, migración, arte y su trabajo por transformar la mirada de Estados Unidos sobre Colombia.

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Tatiana Arocha, artista colombiana radicada en Estados Unidos.
Tatiana Arocha, artista colombiana radicada en Estados Unidos. | Foto: Foto Peter Ross

11 de ene de 2026, 04:26 p. m.

Actualizado el 11 de ene de 2026, 05:50 p. m.

Todos los días, en el metro de Nueva York viajan 3,5 millones de personas. Por lo regular es gente que va de afán; en la capital del mundo se camina rápido. Un estudio afirma que los neoyorquinos recorren 18 metros en apenas 12 segundos.

Sin embargo, en la estación Cypress Hills, en Brooklyn, sucede algo curioso: algunos se detienen de repente para contemplar una obra de arte que estará expuesta allí de forma permanente este 2026. Se llama ‘Selva Adentro’, y es de la artista Tatiana Arocha. Aunque nació en Estados Unidos, su familia, su acento, su cultura, todo, es colombiano. Sus primeros seis años de vida, de hecho, los pasó en Cali; su hermana es caleña.

Tatiana está al teléfono. La escucho revolver algo. Imagino que es el café de la mañana; aunque también pueden ser sus pinturas. No la interrumpo. La artista que logra detener la prisa de Nueva York narra su historia.

Selva Adentro hace parte de MTA Arts & Design, una de las colecciones de arte público más grandes del mundo.
"Selva Adentro" by Tatiana Arocha at Cypress Hills station, J Line, Brooklyn, NY | Foto: Foto: Etienne Frossard, cedida por Tatiana Arocha / El País

Tiene ciudadanía estadounidense, pero siempre se define como colombiana. ¿Cómo explica esa identidad doble?

Mis papás vivieron nueve años en Estados Unidos y por eso tengo la ciudadanía estadounidense; nací aquí, pero crecí en Colombia. Mi familia es colombiana, mis papás son bogotanos. Yo realmente lo que tengo es la herencia de la ciudadanía estadounidense, pero soy colombiana. Toda mi infancia sucedió en Colombia, mi familia está allá. Tengo una prima en Carolina del Norte, pero mi familia inmediata está en Colombia.

Vivimos en Cali hasta que yo tenía 6 años. Mi papá, Jaime Arocha, trabajaba para la antigua FES. Luego nos mudamos a Bogotá.

¿Cómo aparece el arte? ¿Fue una decisión temprana?

Hubo mucha influencia familiar. Tengo un primo que es artista visual, mi abuela pintaba porcelanas y yo pasaba mucho tiempo con ella. Mi papá es antropólogo (fue profesor en la Universidad del Valle) y siempre documentó su trabajo de campo con fotografía y video. Crecí expuesta al arte, a la observación, a la investigación. Hoy me defino como artista interdisciplinaria. Trabajo con muchos medios.

El trabajo de Tatiana Arocha combina investigación de campo, técnicas análogas y procesos digitales para construir un lenguaje visual inspirado en la biodiversidad y los territorios de Colombia.
Foto: Etienne Frossard, suministrada por Tatiana Arocha / El País
El trabajo de Tatiana Arocha combina investigación de campo, técnicas análogas y procesos digitales para construir un lenguaje visual inspirado en la biodiversidad y los territorios de Colombia. Foto: Óscar Monsalve, suministrada por Tatiana Arocha / El País | Foto: Foto Óscar Monsalve

Sin embargo llega hace media vida a Nueva York para trabajar como diseñadora gráfica. ¿Por qué esa carrera?

Porque quería una carrera creativa, que también me permitiera sostenerme. La idea romántica de vivir solo del arte es complicada. Aún lo es. La mayoría de artistas tienen múltiples empleos. Diseño gráfico me daba una práctica creativa, pero también una base económica. Por eso llegué a Nueva York como diseñadora gráfica y durante muchos años trabajé exclusivamente en eso, tuve mi propio estudio y manejé clientes como MTV. Al mismo tiempo abrí una galería virtual, alrededor del año 2000, donde invitaba a diseñadores gráficos que también eran artistas a exponer.

¿Cuándo decide dedicarse exclusivamente al arte?

La galería fue clave en esa transición al arte. Encontré en ella muchísima inspiración. Incluso, de ser virtual pasó a ser un espacio físico entre 2003 y 2008. Expusieron artistas de todo el mundo. Vi cómo tenían voz, cómo hablaban desde sus lugares. Muchos eran latinoamericanos, artistas negros, de distintas identidades.

Eso me llevó a preguntarme qué quería decir yo como artista, y apareció con mucha fuerza la imagen que existía sobre Colombia en Estados Unidos, lo que me inquietaba mucho.

La artista cuenta con una obra instalada en la Biblioteca Pública de Brooklyn, otro espacio emblemático de la ciudad, donde su trabajo dialoga con el público fuera de los circuitos tradicionales del arte.
Foto Etienne Frossard, suministrada por Tatiana Arocha / El País
La artista cuenta con una obra instalada en la Biblioteca Pública de Brooklyn, otro espacio emblemático de la ciudad, donde su trabajo dialoga con el público fuera de los circuitos tradicionales del arte. Foto Etienne Frossard, suministrada por Tatiana Arocha / El País | Foto: Etienne Frossard

¿Qué tipo de imagen era?

Una imagen absolutamente reducida a la cocaína. Por el trabajo que tenía en medios, eso era muy evidente. En ese momento, Estados Unidos tenía una visión profundamente sesgada de Colombia.

Entonces empecé a trabajar como artista sobre la biodiversidad del país, las selvas. Me impactaba mucho que la gente no conectara la guerra contra las drogas con el desplazamiento de comunidades de la selva, con la conservación y con el medio ambiente. Mi trabajo artístico empezó a crear puentes entre narrativas sesgadas sobre Colombia y a señalar la responsabilidad de los países del norte en esas problemáticas.

Fue la mirada que se tenía sobre Colombia en Estados Unidos lo que me impulsó al arte. Esa mirada me forzó a querer hablar y a plantear narrativas diferentes. El arte se volvió el espacio desde donde podía hacerlo.

¿Recuerda la primera obra?

La tengo muy presente. Yo hacía collages con imágenes de libros antiguos, sobre todo de pájaros. Eso venía mucho de mi abuela, de verla pintar platos con aves. En ese proceso, mi papá me regaló tomos de la colección del botánico José Celestino Mutis.

Las primeras piezas donde siento que empecé esa conversación fueron usando esas láminas para reinventar selvas. Allí cuestionaba la mirada colonizadora, la idea del “descubrimiento” y la explotación de lo descubierto.

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Tatiana Arocha art installation at the Newhouse Center for Contemporary Art | Foto: Etienne Frossard

¿Qué quería poner en discusión con esas obras?

Las formas de estudiar las plantas que separan la naturaleza de las personas que habitan y cuidan los territorios. Esa desconexión entre plantas, humanos y comunidades.

Una de esas obras llamó la atención de la vicepresidenta de Sundance Channel. Yo había puesto impresos en un sitio de jugos de mi barrio; ella los vio y me invitó a hacer una pieza animada sobre la Amazonía para una serie ambiental en el canal. Eso fue en 2008, y fue un proyecto que marcó un quiebre en mi forma de trabajar.

¿Por qué?

Porque no podía usar collage. Todas las imágenes debían ser propias y legales. Las láminas de Mutis tenían problemas de derechos. Ese límite me obligó a inventarme una técnica propia. Ahí empieza el método que trabajo hoy.

Trabajo de manera análoga y digital. Lo análogo es clave, porque ahí ocurre la investigación. Uso fotografía en campo: voy a la selva, fotografío raíces, troncos, hongos, hojas, animales, todo con muchísimo detalle.

También utilizo una técnica llamada frottage (consiste en frotar un lápiz, grafito, carboncillo u otro material seco sobre un papel colocado encima de una superficie con textura, de modo que esa textura quede registrada en el papel) y recolecto ramas, hojas, semillas; creo pinceles, uso tierra y pigmentos naturales. Desde 2018 estudio la coca a través de tintes. Hago monotipos, impresiones en cerámica. Construyo un abecedario visual, un diccionario del lenguaje de las plantas.

Luego todo eso se digitaliza y el resultado final es un dibujo digital que se transfiere a distintos materiales.

Selva Adentro, la pieza con la que Arocha logró que los pasajeros del metro de Brooklyn se detengan en medio de la prisa cotidiana.
"Selva Adentro" by Tatiana Arocha at Cypress Hills station, J Line, Brooklyn, NY | Foto: Foto: Etienne Frossard, suministrada por Tatiana Arocha / El País

Ahí hay una herencia clara de la antropología, la herencia de su padre, en el método…

Total. Nunca estudié antropología, pero hay una influencia muy fuerte del trabajo de campo, de la investigación social, del método de mi papá. Eso atraviesa toda mi obra.

Llegar al metro de Nueva York representa un hito para un artista. ¿Cómo fue ese proceso?

El metro de Nueva York fue uno de los primeros espacios a los que apliqué cuando hice la transición de diseñadora gráfica a dedicarme exclusivamente a mi práctica como artista. El metro tiene convocatorias anuales. MTA Arts & Design es una de las colecciones de arte público más grandes del mundo, con 40 años de historia. Aplican artistas muy reconocidos, pero también es una plataforma para artistas emergentes. Durante cinco años presenté propuestas para distintas estaciones. La quinta fue la que quedó.

La quinta fue la vencida: ¿qué significa ver su obra en el metro, en la vida cotidiana de la gente?

Es supremamente emocionante. La gente me envía fotos de personas deteniéndose, mirando la obra, que se llama Selva Adentro y está en Cypress Avenue, en Brooklyn, una estación elevada. Es muy bonito cuando la obra entra en el día a día de las personas.

Obra de Tatiana Arocha
Obra de Tatiana Arocha. Foto: JC Cancedda. | Foto: Foto: JC Cancedda, suministrada por Tatiana Arocha / El País

¿Por qué el arte público es importante para la sociedad?

Porque abre conversaciones, embellece la cotidianidad y es profundamente social. Me interesa que el arte salga del espacio cerrado y dialogue con la vida diaria. Selva Adentro, por cierto, es mi tercera obra de arte público expuesta en Nueva York.

¿Cómo nace Selva Adentro?

De mi primera visita al Amazonas, cuando fui con mi hijo Joaquín, gracias a una beca. Había estado en el Chocó, pero no conocía el Amazonas. Allí quería aprender sobre la planta de coca. Mis obras no son representaciones literales, son mapas de memoria construidos con texturas. A veces descubro animales que no recuerdo haber puesto. Es una manera de conectar lo urbano con territorios que se perciben lejanos y recordar que las ciudades también son naturaleza.

¿Por qué el interés de entender la planta de coca?

Porque para cambiar las narrativas que tiene Estados Unidos sobre Colombia hay que conocer la planta de coca. No se puede transformar una mirada si la planta sigue siendo criminalizada por desconocimiento.

¿Cómo cambiar las narrativas cuando a la planta de coca se le relaciona solo con su derivado, con lo narcótico, y se desconoce todo lo demás? Se requiere el acceso al conocimiento de qué es en realidad la coca para transformar las narrativas. Para mí, el arte es el lugar desde donde abro estas conversaciones. Acabo de sacar el libro ‘Descocainizar’ la coca, con Marcela Vallejo, publicado por la Universidad del Cauca, que acompaña mi exposición ‘Entre la coca y el oro’.

Tatiana Arocha
Tatiana Arocha. Foto: Peter Ross | Foto: Foto: Peter Ross, suministrada por Tatiana Arocha / El País

Es un momento difícil en las relaciones con EE. UU., el lenguaje de Trump es hostil hacia el país, hacia los migrantes. ¿Cómo afecta eso a una artista colombiana radicada en Nueva York?

Tengo el privilegio de haber nacido en Estados Unidos y eso me da una relativa seguridad legal que muchas personas migrantes no tienen. Pero mi herencia cultural me sigue ubicando como migrante, como colombiana. En ese sentido, siento una gran responsabilidad como artista de estar presente frente a las agresiones que viven las personas latinoamericanas y de abrir, desde el arte, espacios donde la gente pueda sentirse a salvo.

Como una selva colombiana en medio de la estación Cypress Hills del Metro de Nueva York...

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