En medio de cifras récord, filas de camiones y barcos fondeados, el gerente de la Sociedad Portuaria de Buenaventura, Liborio Cuéllar, habla sin rodeos: el principal puerto sobre el Pacífico colombiano atraviesa una “crisis por éxito”. En el marco de los conversatorios Conversaciones por el Valle, organizados por El País, el directivo expuso números que muestran un crecimiento histórico, pero también admitió los cuellos de botella estructurales que deben resolverse con urgencia.
En esta entrevista, Cuéllar explica por qué Buenaventura fue el puerto que más creció en Colombia en 2025, cuánto dinero aporta anualmente a la ciudad, qué está pasando con la congestión terrestre y marítima, y por qué insiste en que el dragado debe financiarse incluso con un modelo de peaje similar al de Guayaquil.
En el foro de El País usted habló de cifras que sorprendieron a muchos. ¿Cuál es hoy la realidad del puerto de Buenaventura?
Yo creo que la conversación sobre Buenaventura muchas veces se queda en la congestión y en los problemas que tenemos. Pero hay que ponerle dimensión al momento que vivimos. El año 2025 ha sido un año de crecimiento astronómico para Buenaventura.
Hoy salieron los datos de la Superintendencia de Transporte y el puerto que más creció en Colombia, de lejos, con más del 12 %, fue Buenaventura. Los del Atlántico decrecieron.
Solo en contenedores crecimos casi 20 %. En automóviles, en carga en general, en todo. Es decir, fue un año de muchísimo más movimiento. Y eso tiene una consecuencia: estamos viviendo lo que yo llamo una crisis por éxito.
Hay mucha más carga, es un crecimiento que no es una burbuja, es sostenido por más de 20 meses, y ya estamos llegando a niveles por encima de los que teníamos antes de la pandemia. Entonces la pregunta ahora es cómo administramos esta nueva normalidad con los problemas de infraestructura tan grandes que tenemos.
¿Ese crecimiento se siente en la ciudad? ¿Qué hace falta para que ese progreso del puerto se refleje en las comunidades?
Ese es un tema de fondo. La Sociedad Portuaria de Buenaventura es, de lejos, el empleador más grande de la ciudad. Tenemos más de 2.000 empleados directos y más de 5.000 indirectos. Y son empleos dignos. Eso es clave.
Ahora, ¿qué nos falta? Yo creo que necesitamos más mujeres trabajando en el Puerto. Históricamente ha sido un empleo muy masculino. En el área administrativa tenemos más del 50 % de mujeres. En operaciones portuarias, puertas y bodegas, más del 40 %. Pero ya manejando máquinas, descargue de buques, yo diría que estamos en el 0 %. Ahí tenemos una tarea enorme como comunidad.
Y lo digo porque Buenaventura es una ciudad de mujeres. Esta ciudad funciona por las mujeres. Por las mamás, las abuelas, las tías. Ellas son las que hacen que esto funcione. Tenemos que abrir más espacios para ellas en todos los niveles de la operación.
Más allá del empleo, ¿cuánto aporta realmente la Sociedad Portuaria a la ciudad?
Nosotros anualmente le pagamos a Buenaventura, en diferentes conceptos, cifras muy importantes. Solo en ICA son $10.000 millones al año. En utilidades, porque el municipio es socio, más de $20.000 millones anuales. En impuesto de renta a la Nación, más de $30.000 millones. En contraprestaciones, más de $40.000 millones solo a Buenaventura.
En total, estamos aportando por encima de $100.000 millones al año. Ahora, uno podría decir que eso es poco frente a lo que necesita la ciudad. Pero para dimensionarlo: arreglar solo una parte del acueducto cuesta $88.000 millones. Yo casi digo, déjenme pagar eso y arreglamos el acueducto.
La industria aporta. Lo que se necesita es una gestión administrativa mucho mejor para que esos recursos se traduzcan en bienestar visible.
Usted fue enfático en que Buenaventura puede ser la ciudad más importante de Colombia. ¿Por qué?
Por su ubicación geográfica, por su clima, por su estrategia, por su cercanía al centro del país, por el Pacífico. Tiene todo el potencial. Nosotros nunca podemos descansar en la idea de que mañana va a ser mejor sin hacer nada.
Tenemos que trabajar sin cansancio para que así sea, por nuestros hijos y nuestros nietos.
No podemos permitir que dentro de 50 años sigamos diciendo que no tenemos escuelas, carreteras o salud suficiente. El potencial está ahí.
Uno de los temas más polémicos planteados por usted en el Foro de El PAís fue el dragado y la idea de un peaje, como en Guayaquil. Explíquelo de manera sencilla.
En Guayaquil el que termina pagando el peaje es la naviera, que a su vez lo transfiere al usuario final. Hay miedo de que eso nos saque del mercado, de que perdamos competitividad. Por eso hay que estudiarlo bien.
La idea es que quien construya el canal o ejecute el dragado bajo un esquema APP pueda cobrar un peaje que no nos saque del mercado. Ese peaje se paga por tonelada bruta. Yo hice unos cálculos hace un tiempo y podría ser alrededor de 20 dólares por contenedor. Con esos recursos se financia una parte del dragado.
El beneficio es que podamos recibir barcos más grandes y ganar eficiencia. Hay que mirarlo con detalle, entender bien el caso de Guayaquil, pero no podemos dejar de discutirlo.
Hablemos de la congestión. Usted la llama una crisis de éxito. ¿Qué está pasando exactamente?
Hay dos congestiones: terrestre y marítima.
En la terrestre, el problema es que Buenaventura es el puerto que más importa contenedores a Colombia. De cada cuatro contenedores que entran, tres salen vacíos. La logística de retorno de esos vacíos genera congestión en la ciudad. A eso se suma el exceso de carga.
Desde diciembre y enero se empezó a sentir más fuerte. Las filas eran muy largas, la entrada y salida de la ciudad se congestionaba. Pero ya hay mejoras.
Se abrió operación 24-7, se creó un comando unificado, el Ministerio de Transporte ha estado muy presente, y hay un proyecto privado en el que estamos poniendo 10 agentes de tráfico. Todos estamos trabajando 24-7.
Para que se hagan una idea: de diciembre a enero entraron 23 % más camiones diarios a la Sociedad Portuaria. Y de enero a febrero, 12 % más que eso. Es un flujo vehicular muy superior al histórico.
Hoy el tiempo de espera interno está en menos de una hora. Pero estructuralmente necesitamos la doble calzada. Mientras tanto, nos toca hacer mil cosas bien todos los días con las herramientas que tenemos.
¿Y qué pasa en el mar? Se han registrado hasta 18 barcos fondeados.
Sí, principalmente de granel. Hay dos razones. Primero, el cierre del Muelle 13 el año pasado impactó. Ese millón y medio de toneladas de granel tiene que encontrar dónde atracar, y no hay suficientes líneas. Es como tener parqueadero para 10 barcos y tener 20 afuera.
Segundo, la lluvia. Entre noviembre y enero tuvimos un 40 % de afectación, cuando lo normal es 22 %. Eso significa que en un día de 24 horas podíamos trabajar solo 10 horas. Es muy poco.
En febrero ya se nota mejora en la lluvia y en la operación. Los días promedio de fondeo, que estaban entre 15 y 20 días, están bajando a 5 días.
¿Cuándo cree que se normalizará la situación?
En lo vial lo veo controlado, pero nunca podemos cantar victoria. Hay que trabajar todos los días para mantener el flujo.
En lo marítimo, estimamos que a principios de mes ya tendremos menos barcos fondeados en días de espera, y al finalizar marzo mucho menos. Si todo sigue igual y logramos ejecutar el plan de choque, proyectamos que a finales de marzo estaríamos en niveles normales de uno o dos días de fondeo.
No hay soluciones mágicas. No es que mañana vayamos a construir otro puerto o habilitar un muelle de la nada. Aquí la clave es que todos hagamos mil cosas bien, todos los días.
Para cerrar, ¿qué mensaje le deja al suroccidente colombiano?
Primero, agradecerle a El País por venir a Buenaventura. Tienen una audiencia difícil de alcanzar y que estén aquí escuchando es muy poderoso para la ciudad.
Y segundo, que entendamos que Buenaventura está creciendo. Que sí tenemos problemas, pero que estamos trabajando 24-7 para resolverlos.
Que este crecimiento no es una burbuja. Y que el reto ahora es administrar bien este éxito para que se traduzca en oportunidades reales para la gente.
Porque Buenaventura tiene todo para ser la ciudad más importante de Colombia. Y no vamos a descansar hasta lograrlo.