Con una Tasa Representativa del Mercado (TRM) de $ 3406 para el 23 de junio, el dólar en Colombia cayó a niveles que no se observaban desde febrero de 2020.
La victoria de Abelardo de la Espriella como presidente electo ayudó a acelerar ese movimiento que ya venía desde hace algunas semanas. Pero, ¿qué pasará en el segundo semestre del 2026?
Algunos analistas consultados por El País coinciden en que el comportamiento de la moneda dependerá mucho menos de la elección y mucho más de la ejecución del nuevo Gobierno.
Según Carlos Sepúlveda, profesor y director de Score de la Universidad del Rosario, la reacción de los inversionistas comenzó incluso antes de que se conociera el resultado definitivo, desde la primera vuelta, y estuvo asociada al cambio político y a las perspectivas fiscales.
“Cuando el mercado leyó el resultado como una señal favorable, el dólar cayó más de 3 % en una sola jornada y la bolsa colombiana tuvo el mayor avance del mundo ese día, medido en dólares. Esa es la lógica básica: cuando los inversionistas creen que viene disciplina fiscal y respeto a la independencia del Banco Central, entra capital al país, y eso —simplemente por oferta y demanda— aprecia el peso”, explica el académico.
Por eso, la discusión ya no gira alrededor de la campaña, sino de las primeras señales del Gobierno entrante.
“La coyuntura electoral ya jugó su parte, pero el tipo de cambio sigue atado a fuerzas más grandes que cualquier resultado en las urnas”, resume Sepúlveda.
“Con Abelardo de la Espriella ya como presidente electo, la pregunta es si esa confianza se mantiene o se diluye. Eso no depende de promesas de campaña, sino de señales concretas en las primeras semanas: quién asuma el Ministerio de Hacienda, qué tono se use frente al Banco de la República y si el plan de ajuste fiscal anunciado se convierte en una hoja de ruta técnica y creíble”, añade.
¿Qué viene para el dólar?
Aunque buena parte de la caída reciente del dólar estuvo asociada a la expectativa de un cambio político en el país, los analistas advierten que ese factor ya comenzó a agotarse.
Andrés Giraldo, profesor asociado del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana, explica que durante las últimas semanas el mercado fue incorporando anticipadamente un escenario político que percibía como más favorable para las cuentas públicas.
“Los movimientos del dólar, sobre todo en el último mes, han estado bastante influenciados por la coyuntura electoral; lo que estaba percibiendo el mercado era un cambio de Gobierno”, señala.
Según el economista, detrás de la apreciación del peso estaba la expectativa de una administración con menor presión fiscal y una visión más favorable hacia el sector petrolero.
“Como el contrincante más fuerte de Cepeda era un candidato que estaba anunciando medidas fiscales para contraer el Estado, bajar el gasto público, etcétera, eso podía percibirse como una menor presión sobre tasas de interés, sobre tasa de cambio y demás”, indica.
Sin embargo, Giraldo considera que el mercado ya incorporó gran parte de esas expectativas en los precios actuales.
Para él, el comportamiento de la moneda durante los próximos meses dependerá de la credibilidad que logre construir la nueva Administración.
“Todo va a depender del plan fiscal que empiece a delinear el nuevo Gobierno. Ese va a ser el punto clave”, sostiene.
Superada la incertidumbre electoral, el comportamiento del dólar en el segundo semestre dependerá de una combinación de factores locales e internacionales.
Juan David Ballén, director de Economía y Mercado de Aval Asset Management, afirma que uno de los elementos clave será la evolución del escenario geopolítico global.
En su opinión, una eventual disminución de las tensiones en Medio Oriente “reduciría la demanda por activos refugio, moderaría las expectativas de inflación y disminuiría la probabilidad de que la Reserva Federal tenga que mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo, un escenario menos favorable para el dólar”.
En el frente local, Ballén coincide en que el mercado estará concentrado en la capacidad del nuevo Gobierno para enfrentar los desafíos fiscales y energéticos del país.
“Será determinante el plan de acción que adopte el Gobierno entrante”, dice y agrega que “de lograrse avances creíbles en estos frentes, la prima de riesgo país y el castigo con el que se negocian los activos colombianos podrían reducirse significativamente”.
¿Puede mantenerse la fortaleza del peso?
La apreciación que acumuló el peso durante el primer semestre del año tiene componentes sólidos, pero también una parte asociada al ciclo electoral.
Para Sepúlveda, “el peso llegó a mitad de año con una apreciación cercana al 9,5 %, y buena parte de eso tiene bases sólidas: petróleo relativamente fuerte, un dólar débil a nivel global y un diferencial de tasas que sigue atrayendo capital. Eso no se revierte de un día para otro”.
Sin embargo, advierte que también hubo inversionistas que entraron al mercado colombiano apostando por un determinado desenlace electoral. “Ese tipo de flujo, una vez se despeja la incertidumbre, tiende a salir”, dice.
A esos factores se suma el atractivo que todavía representa el elevado nivel de las tasas de interés en Colombia para los inversionistas extranjeros, lo que, según Ballén, “continuaría incentivando el ingreso de capitales de portafolio”.
Una eventual reactivación de la exploración y explotación de hidrocarburos, junto con una reducción en la carga tributaria empresarial, “contribuiría a recuperar la confianza de los inversionistas y favorecería el retorno de la inversión extranjera directa”, anota el director de Economía y Mercado de Aval Asset.
Sepúlveda también considera relevante que “mientras el Banco de la República mantenga tasas altas frente a las de Estados Unidos, sigue siendo atractivo para inversionistas traer capital a Colombia, lo que ayuda a sostener al peso”.
¿En qué nivel podría terminar el dólar en 2026?
Las proyecciones que manejan los analistas ofrecen un rango que, más que una predicción puntual, refleja los escenarios posibles según cómo evolucionen los factores ya descritos.
Ballén plantea un escenario optimista para el peso colombiano si se materializan avances creíbles en el frente fiscal y energético: “De materializarse este escenario, el dólar podría mantenerse débil durante el segundo semestre y cotizar en un rango entre $ 3500 y $ 3800”, afirma.
En la lectura de Sepúlveda, aunque no espera un regreso a los niveles superiores a $ 4400 que llegó a registrar la divisa poco más de un año atrás, tampoco cree que los niveles actuales deban asumirse como permanentes.
“El escenario base sigue siendo un dólar entre $ 3700 y $ 4200; converger hacia el techo o el piso depende de si el Gobierno entrante manda señales claras de su compromiso de estabilizar las cuentas fiscales”, concluye.
Iván Torroledo, cofundador y CFO de Littio, una billetera digital que permite a los usuarios gestionar su dinero en múltiples monedas internacionales, resume el desafío: “El peso llegó a la elección desde una posición de fortaleza poco común, porque el mercado se anticipó y descontó el resultado antes de que ocurriera. Eso cambia la pregunta: ya no se trata de quién gana, sino de qué tan creíble sea la hoja de ruta fiscal del nuevo Gobierno. La fortaleza del peso es real, pero descansa sobre una expectativa, y las expectativas se sostienen o se corrigen según los hechos. Para el hogar colombiano, lo importante no es adivinar el techo del peso, sino entender que la tasa de cambio seguirá siendo sensible a cada señal de los próximos meses”.
Ganadores y perdedores de un dólar barato
La caída del dólar tiene efectos distintos según el sector de la economía.
De acuerdo con Andrés Giraldo, profesor asociado del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, los principales perjudicados son los exportadores, ya que reciben menos pesos por los mismos dólares que obtienen de sus ventas en el exterior.
En contraste, los importadores se benefician porque necesitan menos pesos para comprar bienes, insumos o mercancías en otros países.
También salen favorecidas las personas y las empresas que tienen deudas denominadas en dólares, pues requieren menos pesos para cumplir con sus obligaciones financieras.
Los efectos alcanzan incluso a las finanzas públicas.
Giraldo explica que una moneda estadounidense más barata reduce la cantidad de pesos que recibe el Estado por ingresos provenientes de sectores como el petrolero.
Dado que gran parte de los ingresos de Ecopetrol se generan en dólares, una tasa de cambio más baja implica menos dinero en pesos cuando esos ingresos se convierten a moneda local, lo que también puede afectar los dividendos, impuestos y demás transferencias que la compañía realiza al Gobierno.