El comienzo del año suele representar un desafío para el flujo de caja de las pequeñas y medianas empresas, pymes, en el país. El cumplimiento de obligaciones tributarias y laborales, sumado a los gastos operativos habituales, incrementa la presión financiera en los primeros meses.
En este contexto, contar con herramientas que faciliten el orden del gasto y mejoren la visibilidad de las finanzas se convierte en un factor decisivo para la sostenibilidad del negocio. Por eso, las tarjetas empresariales se posicionan como un respaldo estratégico para proteger la liquidez de las pymes.
En Colombia, las pymes representan el 99,5 % del total de empresas formales y aportan cerca del 40 % del PIB nacional, de acuerdo con estimaciones de análisis económicos. No obstante, apenas el 33,5 % supera los cinco años de operación, una cifra que refleja la necesidad de fortalecer la gestión financiera y el control de recursos desde las primeras etapas.
Más allá de ser un medio de pago, una tarjeta empresarial bien gestionada se puede convertir en una solución clave para la administración de las pymes. Entre sus principales beneficios se destacan:
- Orden y claridad financiera, al permitir separar las finanzas personales de las corporativas y centralizar los gastos del día a día.
- Mayor control y trazabilidad del gasto, especialmente relevante para empresas en crecimiento donde la falta de seguimiento suele traducirse en desorden financiero y decisiones tomadas con información incompleta.
- Gestión más eficiente del capital operativo, al concentrar pagos recurrentes como suscripciones, transporte, viáticos, servicios digitales o compras operativas.
- Mejor planeación financiera, al facilitar la identificación de patrones de gasto, la optimización de presupuestos y la detección de fugas de dinero.
- Protección de la liquidez, al reducir la necesidad de recurrir a recursos personales para cubrir obligaciones del negocio.Además, estas herramientas facilitan la planeación financiera al permitir identificar patrones de gasto, optimizar presupuestos y detectar fugas de dinero que, aunque pequeñas en el día a día, pueden impactar significativamente los cierres mensuales.
Asimismo, contribuyen a proteger la liquidez, reduciendo la necesidad de recurrir a recursos personales para cubrir compromisos del negocio.
“Uno de los principales retos que enfrentan las pymes es la mezcla entre gastos personales y empresariales, lo que dificulta el manejo del flujo de caja y genera falta de claridad financiera. Las tarjetas empresariales permiten establecer límites, asignar responsables y mejorar la trazabilidad del gasto desde lo operativo”, afirmó René Saul, CEO y cofundador de Kapital, firma que se encarga de orientar a las pymes del país.
Para el directivo, el control del gasto es tan relevante como la generación de ingresos. “Cuando una empresa comprende que administrar bien sus recursos es clave para crecer, empieza a construir bases financieras más firmes. Las tarjetas empresariales no solo ordenan las finanzas, también impulsan una gestión más disciplinada y decisiones mejor fundamentadas”, agregó.
“En un entorno económico cambiante, donde la eficiencia y la planificación marcan la diferencia entre avanzar o estancarse, adoptar herramientas financieras alineadas con las necesidades reales de las empresas resulta fundamental. La educación financiera, acompañada de soluciones adecuadas, se consolida como un pilar para la sostenibilidad empresarial”, concluyó.