Por Paola Guevara, especial para El País

Podcast Que Vivan los Libros

Lariza, tienes mirada de editora, por eso captaste que había un tema interesante en los casos de tantos líderes políticos colombianos que han perdido a su padre de forma violenta. ¿Cómo surgió la idea del libro?

Gracias, Paola, qué felicidad que me hagas una pregunta de editora. Realmente ser editor le permite a uno tener una mirada transversal sobre los temas e identificar patrones comunes en las noticias. Este libro lo vengo trabajando desde el 2019. Como editora política de Revista Semana, me tocó durante tantos años cubrir campañas, cubrir protagonistas políticos. Pude ver que, en muchos de los actores políticos que entrevistaba estaba el dolor como uno de los motores de su acción. Y recuerdo dos casos puntuales que me llamaron mucho la atención.

¿Cuáles?

El primero fue Juan Fernando Cristo, quien sacó adelante la Ley de Víctimas en 2011 y me dijo: Acabo de caer en cuenta de que yo soy víctima. Le respondí: Pero cómo así, si usted viene tramitando esta ley hace años. Y me dijo: Acabo de darme cuenta de que esta ley responde a un proceso personal mío, para tramitar el dolor de mi papá. Después vino el año 2016, que fue la confrontación en torno al Plebiscito, y uno de los líderes del Sí era el entonces senador Iván Cepeda, y el líder del No era Álvaro Uribe. Ambos tenían la particularidad de haber tenido padres asesinados. Tiempo después entrevisté a Juan Manuel Galán y me dijo: Nunca me he preguntado sobre el impacto psiquiátrico de la muerte de mi padre.

¿No se lo había preguntado? ¡Sorprendente!

Nunca, nunca. Y empezó esa reflexión sobre qué temas eventualmente podrían estar marcando su agenda como figura pública a partir de la muerte del padre. También hablé con Rodrigo Lara, quien me dijo: “Sí, las banderas de mi papá son las mías” y se empezó a configurar en mi cabeza esa inquietud sobre cómo las figuras públicas tramitan o convierten el dolor de la orfandad en agendas políticas. Y de pronto, el año pasado, hubo un momento en el cual teníamos una explosión de candidatos presidenciales.

Llegó a haber más de cien precandidatos presidenciales...

De ese grupo aparecieron seis candidatos huérfanos por conflicto armado. Entonces dije: bueno, esto no es un país civilizado.

Creo que sería un caso único en el mundo…

Único, por eso dije: voy a tratar de hacerles la pregunta sobre sus planteamientos políticos alrededor de la muerte del padre. Hicimos unas entrevistas actualizadas a 2025 y a este proceso electoral.

¿Sientes que el proceso de tu libro fue revelador para ellos?

Para todos. Fue muy impresionante, porque uno está acostumbrado a que ellos, como fuentes, son serios y severos. Tienen un rol de liderazgo en la vida pública, entonces uno espera que tengan mucha fortaleza y no se derrumben. Pero ese proceso fue muy duro emocionalmente, tanto para ellos como para mí. Llegó un momento en que dije: “Yo qué hago con esto”. Vi a varios de estos señores llorando frente a mí, porque todos vienen de una generación en la que ni se hablaba de psicoanálisis, ni de psiquiatría, ni de trabajo emocional. Todo se daba por hecho.

Caso muy particular el de Juan Manuel Galán, porque además era menor de edad. ¿Cómo fue el proceso con él para el libro?

Tremendo pensar que vivimos en el país que ese hecho construyó: que un niño entregara las banderas de su padre sin haber tramitado su duelo...

Y Juan Fernando Cristo es el otro ejemplo que me gusta citar. Un señor que, en el proceso de trámite de su dolor, resuelve sublimarlo en una obra que es la Ley de Víctimas. O el caso de Miguel Uribe padre. Empecé preguntándole: “Por qué decidió hacer política. ¿Eso no es muy feo, con su hijo recién asesinado?”. Y me dijo: O hago una campaña o me enloquezco.

‘En el nombre del padre’ recoge también el caso del exministro de justicia Yesid Reyes y de Miguel Uribe Londoño, quien perdió a su hijo en un atentado en 2025. | Foto: ZIZZA BARROSO / Especial para El País

¿Es una catarsis?

Es un tema personal que termina incidiendo en la agenda pública. En el caso de Aníbal Gaviria fue más fácil porque su hermano, cuando las Farc lo asesinan, había dejado una carta diciendo: “Si a mí me asesinan, quiero que mi hermano recoja las banderas de la no violencia y las banderas políticas”. Entonces el duelo venía con instrucciones.

¿Y en el caso de María José Pizarro?

Alcanzó a compartir con su papá tan solo 28 días, después de que él salió de la clandestinidad. Y le matan a su papá cuando apenas estaba empezando a construir la imagen de su padre. Entonces, para hacer el duelo, resuelve que primero tiene que construir la memoria de quién era su papá, y se obsesiona con hacer un museo itinerante en torno a la figura de Carlos Pizarro. Pero son decisiones que tienen un impacto público. Rodrigo Lara dice, por ejemplo, “cuando fui congresista, me centré en temas que tenían que ver con la prestación de servicios de justicia, porque era una manera de sublimar a mi padre y encontrarme con él”.

Un libro como ‘El señor de los anillos’ nos enseña que la política es el gran amplificador del poder. Quien ostenta el poder también proyecta en la sociedad su trauma, sus virtudes, sus carencias, sus debilidades. ¿Es sano que tantas personas, que tienen una herida tan profunda, intenten resolver su duelo, o elaborar su duelo, o encontrarle salida a través de la plataforma social donde todos vivimos?

Creo que es un poco lo que está sucediendo. Cómo la política se vuelve representación de posiciones, no solo frente a la agenda pública sino frente a la vida privada. Es decir, uno puede asumir la política desde la identificación con las víctimas, o desde la referencia de los procesos aspiracionales, o desde los deseos de venganza. Creo que ese tema sí es clave, el que tú anotas. Los procesos personales terminan generando un eco.

María José Pizarro, en el libro, dice que parte de tu proceso fue unirse con redes de apoyo femeninas. La mujer como tejido que sana. ¿Cómo es eso?

El relato de María José es el único en el que aparecen las figuras maternas siendo un soporte poderoso. Y en el de Aníbal Gaviria aparecía en algún momento la figura de su mamá como una mujer muy católica, que le ayuda a tramitar el duelo desde la perspectiva religiosa. Pero en el caso de María José, dice: Me queda mi mamá guardando la memoria de quién era mi padre. Me quedan mis dos abuelas. Y tiene dos hijas mujeres. Ella termina conociendo a su padre a través de las voces de figuras femeninas.

En algunos casos se nota la obsesión por recuperar el caso judicial, el archivo judicial.

Sí, es muy impresionante eso. Juan Manuel Galán, Rodrigo Lara, Juan Fernando Cristo e Iván Cepeda son los que lideran las investigaciones sobre sus sobre sus padres asesinados. Cepeda es el único que recibe el perdón del Estado; pero Cristo dice una frase lapidaria: ni siquiera con todo el poder del mundo, habiendo sido amigo de presidentes negociadores de paz, habiendo estado en el poder, ni siquiera así logré la verdad. Y está Yesid Reyes, que fue ministro de Justicia, que representó la institucionalidad de la justicia, y tampoco obtuvo su verdad.

Aún hoy tenemos niños con su padre asesinado por razones políticas, como el hijo de Miguel Uribe Turbay, quien perdió de forma violenta a su abuela y a su padre, y que a lo mejor va a ser entrevistado en un libro como el tuyo en 30 o 40 años...

Ese caso es un duelo triple. Es una tragedia infinita. Hay una foto en el libro de Miguel Uribe Turbay con su padre y su hijo. Es una foto inédita de ellos tres. Uno solamente ve dolor ahí.

Tu libro lleva el prólogo de un psiquiatra, porque esto no es solo político sino que pasa por temas psiquiátricos. Él habla sobre las fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión, aceptación. ¿Qué tiene para decirnos en Colombia?

Yo creo que la principal enseñanza de esta visión psiquiátrica de la política es que hay dos caminos frente a los cuales uno siempre tiene la posibilidad de escoger: uno es el camino de la venganza, de la negación, de ocultar el dolor y reprimirlo. Y otro es el camino de sublimar: transformar el dolor en algo más elevado. Es decir: qué hago con este dolor y en qué lo transformo. Los políticos dirán si lo transforman en una ley, los artistas dirán si lo transforman en una obra. Muy importante, en un país donde el 10 % de la población ha sido víctima directa del conflicto armado.

La frase

“Vi a varios de estos señores llorando frente a mí, porque todos vienen de una generación en la que ni se hablaba de psicoanálisis, ni de psiquiatría, ni de trabajo emocional. Todo se daba por hecho”.