Ocurrió justo lo que queríamos evitar: ahora Colombia tendrá que elegir entre la derecha y la izquierda. Pero a ese punto llegamos debido a la ceguera de los líderes del centro y a su incapacidad para hacer alianzas y llegar a acuerdos entre ellos, lo que implicaba que depusieran sus egos ante los intereses supremos del país, como son la consolidación de la paz y el combate efectivo a la corrupción.

Así las cosas, el 17 de junio, elegiremos entre el exalcalde y exsenador Gustavo Petro, antiguo militante del M-19, quien gobernó Bogotá de manera tal que los ricos quedaron odiándolo y los pobres amándolo, e Iván Duque, el candidato que dijo Uribe, expresidente y jefe de la oposición conocido por su deseo insaciable de poder, su cercanía a paramilitares y, lo que es peor, sus enredos criminales (ver columnas de Cecilia Orozco y Daniel Coronell aquí ).

Ahora miremos quiénes rodean al uno y al otro: a Petro, hasta ahora, lo apoyan su fórmula vicepresidencial, Ángela María Robledo, una inteligente y equilibrada sicóloga y excongresista que pertenecía al Partido Verde; la exministra y exfórmula vicepresidencial de Humberto de La Calle, Clara López Obregón; el senador Antonio Navarro y la mayoría de dirigentes del Partido Verde; el senador Iván Cepeda y casi la totalidad del Polo Democrático, a excepción del senador Jorge Robledo, quien parece mucho más antisantista que antiuribista; científicos como Herman Moreno, el pupilo del neuro-científico Rodolfo Llinás; el pintor Carlos Jacanamijoy; la escritora Laura Restrepo; los actores Julio Cesar Luna y Laura García; quinientos intelectuales y artistas más; y, muy probablemente, la senadora y fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo, Claudia López.

Y a Iván Duque lo apoyan su formula vicepresidencial, la inteligente y muy conservadora exministra de Defensa de Uribe, Martha Lucía Ramírez; la caverna, representada por el exprocurador Alejandro Ordóñez; su jefe de debate, el exsenador Luis Alfredo Ramos, sobre cuya condena por colaboración con grupos paramilitares está a punto de pronunciarse la Corte Suprema de Justicia; los parlamentarios receptores de la mermelada y los involucrados en hechos de corrupción pertenecientes a Cambio Radical, a los partidos de la U, Conservador y Partido Liberal; los camaleónicos César Gaviria, expresidente, y Viviane Morales, exfiscal; toda la bancada uribista entre la cual se cuentan un antiguo guerrillero y una parlamentaria que mandó para el infierno al recién muerto García Márquez; y los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, quienes no le perdonan a Santos que él sí pudo hacer la paz y ellos no.

Pero, además, Duque tiene propagandistas como Popeye, quien confesó que asesinó a cerca de trescientas personas con su propia mano. Y Petro tiene enemigos tenebrosos como las Águilas Negras, que ya repartieron panfletos amenazando de muerte a los petristas.

Analizados los candidatos y sus amigos, no me cabe duda: entre Iván Duque, el populista de derecha, que gobernará merodeado por paracos y empujado por el odio y el deseo de venganza de su jefe Uribe, y no tendrá restricciones porque su mayoría en el Congreso le permitirá acabar con las Cortes y hacer trizas la paz; y Gustavo Petro, el populista de izquierda, quien es muy conflictivo, pero gobernaría con un ejército distante y un Congreso en contra que le impediría adelantar iniciativas que nos llevaran a la extrema izquierda, voto por Gustavo Petro quien, además, estoy segura, consolidaría la paz.

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