Luego de la masacre de cinco personas, registrada el pasado domingo en el municipio de La Unión, Valle del Cauca, la principal hipótesis apunta a que el hecho se habría presentado por ajuste de cuentas entre dos estructuras delictivas conocidas como ‘Los Fantásticos’ y ‘los Monos’, situación que se presenta a menudo por el control territorial de bandas criminales.

De acuerdo con el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, en lo corrido del año se han registrado 58 masacres, de las cuales seis se han presentado en el Valle. Expertos aseguran que los ajustes de cuentas serían uno de los factores principales de estos crímenes, pues los corredores del narcotráfico y el control territorial se han convertido en punto de interés para las estructuras criminales.

“El ajuste de cuentas en las masacres es una de las principales hipótesis que se plantean por las autoridades, pero no es la única. Lo que es cierto es que hay una fractura entre muchos grupos delincuenciales en la Costa Pacífica nariñense, caucana y parte del Valle del Cauca. Entonces, al existir más bandas criminales hay una descentralización de la violencia por el control de territorios y rutas del narcotráfico”, explicó Néstor Rosanía, investigador y director del Centro de Estudios de Seguridad y Paz.

Además, aseguró que las masacres son violencia ejemplarizante mediante la cual los grupos criminales buscan enviar un mensaje tanto a los grupos aliados como a los enemigos.

Con este testimonio coincide Alberto Sánchez, experto en temas de seguridad ciudadana, quien además sostuvo que el Valle del Cauca tiene una ubicación geoestratégica que incide en las dinámicas de violencia, tanto en grupos armados organizados como en bandas delincuenciales, lo que convierte al departamento en un grupo de convergencia de diferentes tipos de violencia como lo son el sicariato, reclutamiento o disputas por el control territorial.

La masacre del pasado domingo en La Unión ocurrió a plena luz del día, aproximadamente a las 8:00 a.m. en el barrio Ciudadela Grajales. A esa hora un grupo de personas se encontraban departiendo a las afueras de una vivienda. Según detalló la Policía, en ese instante llegaron “dos sicarios que se movilizaban en una motocicleta y empezaron a disparar selectivamente contra varios de los asistentes a esta actividad”.

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Las autoridades del Valle ofrecieron hasta $50 millones de recompensa con el fin de dar con el paradero de los autores materiales e intelectuales de la masacre.

Este hecho fue rechazado por el alcalde de La Unión, William Palomino Zúñiga, quien además enfatizó que la situación de seguridad es compleja en el municipio, pues en los últimos 30 días se han presentado 10 homicidios en la ciudad. Además, contó que el pie de fuerza de la Policía es muy reducido, pues solo cuentan con 24 unidades policiales que deben proteger a 40.000 habitantes.

De acuerdo con Rosanía, el Valle del Cauca históricamente es un área estratégica para muchos grupos delincuenciales por sus rutas y salidas hacia el Pacifico. Además, Cali es punto de desarrollo del lavado de dinero y de escondites para los delincuentes.

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“Durante los últimos tres años Colombia ha tenido 90 masacres por año, cifra que es preocupante y que afirma que estamos en un país con una guerra civil. Para el gobierno de Iván Duque este número es algo normal, y sale a reportar que le fue muy bien en materia de seguridad. Lo que muestra que es un fracaso y una incapacidad en la estrategia de seguridad del Gobierno”, sostuvo Néstor Rosanía.

Por su parte, Sánchez, explicó que el Valle del Cauca aunque es un corredor de drogas, es un departamento con un complejo tema de seguridad, pues aún no son claras las dinámicas microlocales que se viven en sectores reducidos como los barrios. Sin embargo, hay ciclos de violencia en el departamento por el reacomodamiento de grupos criminales, cambios de dinámicas y efectos secundarios de intervenciones policiales que llevan a las estructuras a disputarse la operación en otros territorios.

Frente a esta situación, los expertos sostienen que el aumento en materia de seguridad no debe basarse en más policías patrullando por un sector. Por el contrario, se debe realizar un incremento en temas de inteligencia en donde se puedan identificar las estructuras, no solo para capturar o dar de baja a los cabecillas, pues se ha evidenciado que esto no soluciona los problemas de violencia.

“Cali y el Valle necesitan una intervención macro de la Dijín de la Policía Nacional, sin esto va a ser muy difícil que el crimen organizado y las dinámicas de violencia cesen. No solo es un tema de masacres, también es un tema de control territorial, reclutamiento e instrumentalización de menores de edad, distribución de drogas y extorsión”, finalizó Alberto Sánchez.