El periodista Rafael Poveda salió al paso de las denuncias anónimas que lo señalan por presunto acoso sexual y laboral y, en un video difundido en sus redes sociales, ofreció una versión detallada de los hechos que, según él, muestran cómo se puede construir una narrativa destinada a destruir la reputación de una persona.
Poveda calificó la difusión de las acusaciones como una “campaña de difamación” y aseguró que su objetivo fue demostrar la facilidad con la que relatos no contrastados pueden convertirse en condena pública.
En su intervención, el comunicador explicó una cronología precisa: el martes 18 de agosto, a las 6:00 p. m., recibió un cuestionario de la revista Raya con descripciones generales de cuatro supuestos episodios ocurridos hace 13, 17 y 20 años.
Al día siguiente, a las 08:54 a. m., respondió por escrito que no podía ejercer una defensa responsable sin conocer con exactitud qué hechos se le atribuían, cuándo y en qué contexto. Poveda insistió en que nunca pidió la identidad de las denunciantes, sino “elementos suficientes” para poder responder con nombre y apellido.
El periodista reprochó que la publicación salió minutos después de su respuesta y que, pese a que inicialmente no alcanzó la viralidad esperada, fue retomada días después por la comunicadora María Jimena Duzán, lo que, a su juicio, amplificó el daño.
“No pedí conocer la identidad de ninguna mujer. Pedí elementos suficientes para poder responder”, afirmó Poveda, quien subrayó que no cuestiona el derecho de las mujeres a denunciar, pero sí la práctica de publicar testimonios anónimos sobre hechos antiguos sin contraste que permita ubicar episodios concretos.
Para ilustrar su argumento, Poveda presentó tres audios: dos que, dijo, fueron fabricados por compañeras de trabajo con las voces alteradas para demostrar “lo fácil que puede ser engañar o confundir a la opinión pública”, y un tercero explícitamente ficticio sobre un alumno acusado de agresión sexual, usado como ejemplo de las consecuencias inmediatas que puede tener una denuncia viral sin verificación.
Tras reproducir las grabaciones, el comunicador advirtió que una historia verosímil acompañada de una voz modificada puede llevar al público a formarse una conclusión antes de conocer el contexto o escuchar a la persona señalada.
En su defensa, Poveda apeló a principios básicos del periodismo y del derecho: la presunción de inocencia, el contraste de fuentes y el derecho a la defensa. “Aquí no estamos hablando de una diferencia de opiniones. Estamos hablando de acusaciones capaces de destruir una reputación”, dijo, y añadió que exigir garantías no equivale a atacar a las víctimas, sino a pedir que el proceso informativo permita la controvertibilidad y la búsqueda de la verdad.