El sábado 3 de enero del 2026, marcó un giro inesperado en el panorama político regional y, de manera paralela, encendió las alarmas de seguridad en Colombia. Pues, la captura de Nicolás Maduro, tras una incursión armada de Estados Unidos en Caracas, no solo sacudió el poder en Venezuela, sino que desestabilizó un entramado criminal que durante años encontró en ese país un espacio de refugio, protección y movilidad para estructuras armadas ilegales con operaciones transnacionales.

De acuerdo con informes de inteligencia militar, el nuevo escenario provocó una reacción inmediata entre cabecillas de grupos armados que operaban desde territorio venezolano.

La presencia de tropas, aeronaves y portaviones estadounidenses en el Caribe, desplegados días antes de la operación en Caracas, fue interpretada por estas organizaciones como una amenaza directa a su histórica retaguardia, lo que los llevó a evaluar un retorno apresurado hacia Colombia.

Durante años, altos mandos del Ejército de Liberación Nacional (ELN), incluidos integrantes del Frente de Guerra Oriental, el Frente Nororiental y miembros del Comando Central (Coce), habrían gozado de libertad de movimiento, seguridad y condiciones favorables en Venezuela.

Ese escenario, según las autoridades, cambió de forma abrupta con la llegada de fuerzas especiales estadounidenses, dotadas de capacidades avanzadas de inteligencia y tecnología, lo que convirtió ese territorio en un lugar cada vez menos seguro para su permanencia.

Los hombres más buscados del país ahora cuentan con menos espacios para esconderse | Foto: AFP or licensors

En medio de este reacomodo, las autoridades identificaron desplazamientos de figuras clave como alias ‘Silvana Guerrero’ y alias ‘Ricardo’, quienes estarían moviéndose entre Venezuela y la región del Catatumbo, intentando conservar el control de sus redes criminales sin exponerse directamente.

A ellos se sumarían alias ‘Parmenio’ y alias ‘Caballo de Guerra’, integrantes de la misma estructura, quienes también habrían iniciado movimientos hacia zonas fronterizas.

El Frente de Guerra Oriental, considerado uno de los más fuertes y violentos del ELN, estaría replegando a sus principales cabecillas. Entre ellos se encuentran alias ‘Pablito’, por quien las autoridades ofrecen una recompensa de hasta cinco mil millones de pesos, y alias ‘Cendales’.

Ambos habrían retornado a Colombia con el objetivo de reorganizar sus estructuras armadas y logísticas, en medio de una disputa con disidencias de las Farc por el control ilegal de territorios estratégicos en Arauca, Vichada, Casanare y Boyacá.

Desde el Coce del ELN, los reportes de inteligencia también señalan movimientos asociados a Eliécer Herlinto Chamorro, alias ‘Antonio García’, considerado un objetivo de alto valor estratégico y por quien se ofrece una recompensa de 4.378 millones de pesos.

Su eventual salida de Venezuela representaría un golpe simbólico para una organización que durante años utilizó ese país como santuario político y militar.

Segunda Marquetalia

En cuanto a la Segunda Marquetalia, los informes indican que sus cabecillas tendrían menores márgenes de maniobra. Aunque su presencia en Venezuela sería más limitada, allí permanecerían alias ‘Iván Márquez’, también con una recompensa de 4.378 millones de pesos, y Géner García Molina, conocido como Francisco Javier Builes o John 40.

Para ellos, el panorama es más complejo; pues regresar a Colombia implicaría quedar expuestos, pero si deciden permanecer en Venezuela, de igual modo enfrentarían un entorno cada vez más hostil.

Durante años, altos mandos del Ejército de Liberación Nacional (ELN), incluidos integrantes del Frente de Guerra Oriental, el Frente Nororiental y miembros del Comando Central (Coce), habrían gozado de libertad de movimiento, seguridad y condiciones favorables en Venezuela. | Foto: Redes Sociales

Este retorno forzado supone una pérdida significativa para los jefes criminales, que dejarían atrás lujos, protección y anonimato. En Colombia, en contraste, los espera un aparato militar y de inteligencia en máxima alerta, con operaciones en preparación contra estos objetivos.

Fuentes de inteligencia no descartan que algunos cabecillas intenten acercamientos políticos con el Gobierno Nacional, buscando abrir diálogos exploratorios de paz y exigir ceses al fuego bilaterales que les permitan ganar tiempo, reorganizarse y mantener presencia territorial.

Es así como, caída del régimen venezolano no solo reconfiguró el tablero político regional, sino que desmanteló uno de los principales refugios de las economías criminales.

Hoy, la frontera colombo-venezolana vuelve a ser un corredor de alto riesgo, marcado no por el éxodo civil, sino por el retorno de algunos de los hombres más buscados del país, quienes cada vez cuentan con menos espacios para esconderse.