Cuatro años después de que el país eligiera por primera vez un gobierno de izquierda para llevar las riendas del Estado, los colombianos salen de nuevo este domingo a las urnas para ratificar el apoyo y la continuidad de la labor de Gustavo Petro o si consideran, por el contrario, que es necesario dar un giro radical a las políticas actuales.

En frente, de acuerdo con las diferentes encuestas y estudios de opinión, los mayores respaldos se los dividen los candidatos que representan los sectores extremos en la política nacional: Iván Cepeda, representando las ideas de izquierda, y Abelardo de la Espriella, encabezando ideologías de derecha extrema.

La tercería en esta campaña electoral la encabeza Paloma Valencia, ganadora de la consulta del Centro y la única que registra la posibilidad de dar la sorpresa hoy en las urnas y acceder sobre la línea de meta a una eventual segunda vuelta; contrario a las otras ocho fórmulas presidenciales minoritarias que apenas asoman en las encuestas con alguna intención de voto y que no superan ni el margen de error.

Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Sergio Fajardo y Claudia López. | Foto: NO

De acuerdo con datos de la Registraduría Nacional, hay un total de 41.421.973 colombianos, dentro y fuera del país, habilitados para participar en las elecciones por la Presidencia de la República, y para las cuales se han habilitado 122.016 mesas.

A diferencia de lo ocurrido en comicios anteriores, destacan los analistas consultados, esta vez no se puede hablar de un salto al vacío porque el país ya sabe lo que es un gobierno de derecha y también ha conocido en los últimos cuatro años lo que es tener tras las riendas a un mandatario de izquierda.

Cada cuatro años se escucha en el país que son esas las elecciones presidenciales más importantes que se van a vivir, explica María Alejandra Arboleda, consultora en comunicación política y opinión pública, “y eso podría sonar como un cliché, pero creo que en este caso sí tiene mucho sentido”.

“Estas elecciones son muy importantes porque nos estamos jugando o debatiendo un modelo de país. Un modelo en el que vamos a elegir si continuar con esa visión representada por el Pacto Histórico, por sus banderas, representado por Gustavo Petro durante estos cuatro años y lo que significa continuar con ese modelo bajo el liderazgo de Cepeda y su vicepresidenta. O por el contrario, un modelo completamente distinto que quieren representar, por un lado, Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, y de otro lado Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo”, indicó la analista.

Al respecto, dice el docente y politólogo Jorge Luis Yarce, en estas elecciones se está tomando una decisión que plantea un peligroso juego en términos económicos. “La continuidad de un modelo político que sin lugar a dudas fracasó en su implementación, en la cual no tuvo resultados óptimos”.

“Un modelo que además se dedicó a inflar las capacidades burocráticas del Estado para generar un crecimiento falseado de los índices de empleabilidad en Colombia, pero con ello lo que hizo fue desangrar el erario y llevarnos a la crisis fiscal en la que nos encontramos hoy: un gasto desmedido, una planeación inexistente nos tienen en un déficit de más de cuatros meses de funcionamiento para 2026 y una crisis fiscal ineludible y sin herramientas para resolverla a partir de 2027”, dijo Yarce.

En su visita a Cartago, la senadora reiteró su propuesta de militarizar las vías en regiones afectadas por la violencia. | Foto: Foto especial para El País

Por su parte el analista y politólogo Fernando Giraldo considera que lo que se juega el país en las urnas es “una decisión entre dos modelos sociales diferentes y percibidos como excluyentes. Pero para numerosos electores pareciera no importar lo que gane o pierda el país, dado que podrían tomar las elecciones no como una oportunidad para mejorar, sino sólo para impedir que el otro gane”.

A diferencia de las elecciones anteriores, agrega Giraldo, “hay un incremento en el protagonismo político de las redes y las organizaciones sociales. Asimismo, el incremento de los indecisos; muchos de ellos podrían votar sin la certeza de tomar una buena decisión”.

La jornada electoral de este domingo estará acompañada por una Misión de Observación Internacional conformada por 1333 delegados, la más grande en un proceso electoral en Colombia, y que se encargarán de verificar la transparencia del proceso electoral que abrirá los puestos de votación a las 8:00 de la mañana y cerrará los puestos a las 4:00 de la tarde.

División y violencia

La campaña que concluye quedará marcada por la profunda polarización en la que se ha sumido el país, por la ausencia de ideas o propuestas de los aspirantes, por la falta de debates y por la violación de todas las normas electorales que propenden por una participación política en igualdad de condiciones.

Dicho en otros términos, señala el analista y politólogo Jorge Luis Yarce, “Estamos en la política del relato”. “Esto hace referencia a que le lector no está ni siquiera tomando en consideración su realidad inmediata; los cuatro años de gobierno lo que le han implicado, la pérdida de capacidad adquisitiva, el cierre de programas estatales que permitían el acceso a vivienda, a educación, a subsidios de mejoramiento de viviendas, etc. Nada de eso está tomando en cuenta el elector para decidir su voto”.

Por primera vez en casi 30 años, volvemos a vivir una jornada electoral que está predominantemente marcada por un voto coaccionado en gran parte del territorio nacional; por la presencia nuevamente de actores armados al margen de la ley en la cuenca del Pacífico, las luchas territoriales entre las Farc, el ELN, la presencia de actores trasnacionales en esta misma cuenca y en el Catatumbo y el fortalecimiento de las Farc y el ELN.

El candidato presidencial del Pacto histórico, Iván Cepeda, figura como favorito para pasar a segunda vuelta con la mayoría de los votos. | Foto: AFP or licensors

Una apropiación territorial por estructuras al margen de la ley que vuelven a tener un interés directo en participar del proceso electoral porque encuentran un beneficio tangible en que uno de los candidatos llegue a la Presidencia de la República continuaría en el juego de los acuerdos de paz falseados para lograr el fortalecimiento, crecimiento y control territorial, mientras el Estado sigue perdiendo la capacidad de hacer presencia y control dentro del mismo territorio y se debilita estructuralmente al punto en que deja inerme e indefensa a la población civil nuevamente”, indica Yarce.

Tanto la Procuraduría General de la Nación como el Consejo de Estado han advertido y rechazado la presunta participación del presidente Gustavo Petro en política y se anunció la apertura de investigaciones contra ministros y funcionarios del gobierno por esta razón.

Pero tanto o más grave que saber que habrá colombianos que saldrán a votar presionados por los grupos armados ilegales en sus zonas de incidencia, señala el analista Diego Javier Sánchez, ha sido el desequilibrio y la anarquía con la que el mismo Presidente de la República y sus ministros y funcionarios vienen utilizando sus cargos y recursos públicos para hacer campaña en favor de Iván Cepeda.

“Esta campaña quedará marcada por la anarquía con la que el gobierno de Gustavo Petro ha utilizado el poder del Estado y la plaza pública para salir de frente y sin contemplaciones a pedir el voto por su candidato. Un candidato que además se pasó por la faja la orden de suspender las intervenciones en plaza pública en los plazos establecidos por la ley y continúa con sus eventos masivos argumentando que la norma no es clara al explicar lo que es un recinto cerrado”, considera Sánchez.

José Manuel Restrepo fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella en entrevista con Vicky Perea directora de El País | Foto: El País

Agrega que: “los gastos de campaña son otro limitante que deja resultados vergonzosos para las autoridades electorales. Basta con ver los actos públicos y los derroches de dinero en publicidad y eventos de un candidato como Abelardo de la Espriella, para saber que esta fue una campaña en la que cada quien hizo lo que quiso; sin que se haya depositado el primer voto, ya la democracia va tambaleando”.

Por su parte Fernando Giraldo señala que lo que ha marcado esta campaña “es la formalización de la mentira y el cinismo como herramientas banalizadas para hacer política. Esta banalización se soporta en la percepción de que el país está en una encrucijada o bloqueo sin solución alguna”.