Johana Caicedo Sinisterra, secretaria de Bienestar Social de Cali desde el 4 de septiembre de 2025, ha estado recientemente en el centro del debate público tras denuncias sobre presuntas irregularidades en un contrato con la ESE Hospital San Miguel para la atención de adultos mayores en condición de vulnerabilidad. La funcionaria respondió a los señalamientos que circulaban en redes sociales, en medio de revisiones sobre la ejecución del convenio.
¿Cómo evalúa el momento que atraviesa la dependencia?
Siempre procuramos que este organismo, que presta un servicio tan importante a la comunidad, pueda garantizar cada vez más derechos. He tenido un gran privilegio: inicié como secretaria de Paz y Cultura Ciudadana, donde estuve hasta finales de agosto del año pasado, y en septiembre asumí la Secretaría de Bienestar Social.
Llevo cerca de cinco meses trabajando muy fuerte para generar lo que la sociedad nos estaba pidiendo: mayor cercanía, estar con la gente y construir estrategias que sirvan. Tenemos programas muy importantes que casi todo el mundo conoce, como Comedores, UTS —que es la atención a la primera infancia—, la atención a habitantes de calle, personas mayores, la política pública Cali Afro, y además estamos trabajando en la construcción de la política pública para los pueblos indígenas. También contamos con Casa Matria y, por supuesto, toda la atención a víctimas del conflicto armado.
Esta secretaría es muy importante porque es la que agencia la agenda social de la ciudad. Cuando llegamos a la administración había 268 personas atendidas en el hogar San Miguel; posteriormente la cifra subió a casi 310.
Con los requerimientos permanentes de la Personería, que cuenta con un delegado para el tema de persona mayor, y ante las constantes alertas por casos de abandono, nos llevó a aumentar los cupos. Con ESE Ladera, un programa sociosanitario dirigido también a personas habitantes de y en calle, logramos ampliar en 90 cupos.
Hay muchas personas mayores que están siendo abandonadas, y ese es un llamado que debemos hacerle a la sociedad. No podemos abandonar a nuestros mayores.
¿Cuál considera que es el principal reto de la Secretaría para 2026?
Planear fue muy bacano porque tuvimos vigencias futuras. Es maravilloso tener esta herramienta, porque nos permitió que programas como los Comedores arrancaran desde enero.
Hoy estamos muy felices. Tenemos las Casa Matria en adecuación. La Casa Matria Oriente es un sueño de las mujeres y ya está en ejecución. También avanzamos con la adecuación de Casa Matria Juanambú, que requería mejoras, sobre todo porque las personas con movilidad reducida no tenían cómo acceder al segundo piso.
En este ejercicio, pensando en la gente, estamos tomando decisiones que realmente le sirven a la ciudadanía. Es algo bellísimo, porque estamos pensando en las mujeres, pero también en los hombres, que también deben formarse.
Esta tarea nos va a permitir, como Secretaría de Bienestar Social, tener un impacto serio en el territorio. Vamos a poder atender a más de 8.000 personas, y eso es bellísimo. Allí estará todo el ecosistema Cuidarte, que no solo es Bienestar Social, también Deporte, Educación y Cultura, todo al servicio de la gente en espacios bonitos porque lo público también es bonito.
¿Cómo surge Cariño Nocturno?
Una de las cosas que hacemos es caminar mucho, escuchar a la gente y buscar soluciones a sus necesidades. Estuvimos en varios espacios con la Subsecretaría de Prevención y la de Primera Infancia, y en esas reuniones vimos que muchas personas nos decían: ‘Yo trabajo, especialmente como guarda, trabajo de noche; a veces me toca hacerlo sola o no puedo tener el empleo porque no tengo con quién dejar a mis hijos’.
Fue hacia noviembre cuando, junto con la subsecretaria, Paula Zamora, tomamos la decisión de crear Cariño Nocturno. Paula es muy audaz y rápida, así que buscamos aliadas y logramos que este año, muy felices, tengamos este piloto. Nos permitirá revisar qué ajustes debemos hacer. Funciona de 6:00 de la noche a 6:00 de la mañana, y en el mismo ejercicio evaluaremos si es necesario modificar los horarios.
Los niños tendrán su cena y acompañamiento pedagógico, como es habitual en nuestros servicios, y estarán bien cuidados. Para mí que soy mamá, si mi hijo estuviera más pequeño, juro que lo metería si trabajara de noche, porque es muy importante para una mamá saber que su hijo está bien cuidado. Y en las UTS los niños están bien cuidados, no solamente en el piloto, sino en todo el sistema que tenemos de atención a la primera infancia.
¿Cuántos niños están siendo atendidos actualmente?
Para este año proyectamos atender, en promedio, a 10.800 niños y niñas. Para este piloto son 30, y estamos en proceso de inscripción.
Pueden acercarse a la Subsecretaría de Primera Infancia, ubicada en la Av. 5A Norte #20N-08, barrio San Vicente, o escribir al correo sub.primerainfancia@cali.gov.co. También está habilitado el número 317-502-8820 y el punto de atención en la Casita de Belén, en la Comuna 2.
El criterio principal es que la persona trabaje de noche.
¿De qué depende que el piloto se vuelva permanente?
La demanda está y la necesidad también. Estamos revisando la metodología, incluso los horarios, porque la sociedad cambia.
¿Los recursos están garantizados?
Tenemos recursos hasta julio, pero haremos adiciones. El balance nos permitirá contar con lo necesario para que siga funcionando.
Este mes se conocieron denuncias sobre supuestas irregularidades en la atención en el Hospital Geriátrico Ancianato San Miguel. ¿Qué ocurrió realmente?
Mi llegada a la Secretaría de Bienestar Social fue hace cinco meses. Lo que revisa la Contraloría corresponde a 2024, y es importante aclararlo. Es importante aclararlo, porque se ha hecho uso de mi imagen para deslegitimarme.
Desde que llegamos hemos hecho planes y sistemas de control para revisar qué está pasando. He visitado San Miguel, los centros de vida y he liderado varios procesos, porque no me quedo en la oficina; yo ando la calle.
¿Cómo se garantiza que, tras el fallecimiento de una persona mayor, no se sigan registrando pagos?
Cuando una persona fallece existe una hoja de control en la que se registra su huella, que es el mecanismo de verificación. Una vez se reporta el fallecimiento, automáticamente deja de aparecer en el sistema. Según me informa mi equipo, este sistema funciona muy bien.
Muchas personas nos preguntan por qué se utiliza la huella. Hay varias razones: muchos de nuestros adultos mayores no saben leer ni escribir, algunos no tienen cédula y otros presentan demencia senil, por lo que usar un bolígrafo podría representar un riesgo para ellos o para quienes los rodean.
Esta decisión fue tomada por personal especializado y, además, en ningún lugar del país se establece que la huella no sea un método válido de verificación.
El sistema nos permite saber cuándo una persona fallece, ya que se entrega el acta de defunción y ahí se deja de pagar. Si el fallecimiento ocurre, por ejemplo, en la tarde, comió ese día. Hasta ese día se atiende.
También hubo denuncias por maltrato y condiciones insalubres. ¿Qué encontró al llegar?
Cuando llegué me mostraron una foto pavorosa. Pensé: ¿cómo es posible que estemos pagando para garantizar una buena atención y que esto haya pasado?
A los 15 días —no llevaba ni un mes en el cargo— ya estaba en el Hospital Geriátrico San Miguel verificando la situación. Había camas en mal estado y varias fallas. Hoy puedo decir que el 90 % de esas situaciones se ha corregido, y ya he pedido que sea el 100 %. Han avanzado significativamente para que esto no vuelva a suceder.
Cuando vi esa foto me dieron ganas de llorar, porque así no se trata a un ser humano. Eso no le puede pasar a nadie.
Estamos haciendo seguimiento. La subsecretaria también visita el lugar con frecuencia porque no descuidamos la atención. Estamos en la calle con la gente, verificando qué está pasando.
Quiero reconocer que el plan de mejora ya venía en marcha cuando llegué hace cinco meses. Antes de mí hubo tres secretarias que también acompañaron ese proceso.
Lo que hemos venido pidiendo es que se continúe fortaleciendo lo que estaba fallando: el estado de las camas, los colchones, los niveles de desinfección.
¿Cómo está la relación con el Concejo de Cali?
Yo soy una persona muy tranquila. Mi búsqueda es el logro. Vine a la Secretaría de Bienestar Social a hacer una tarea importante para la gente.
Con el 80 % del Concejo tenemos una muy buena relación, porque además nos articulamos en lo que hay que hacer y también hay interés en atender a las poblaciones. Hay algunas personas con las que existen diferencias, pero eso es más un tema político que técnico. Yo no cojo lucha; mi objetivo es hacer la tarea.
Lo que sí espero y pido es que cualquier persona, desde el rol que tenga, verifique antes de salir a decir que alguien hizo tal cosa. Es lo justo. Quienes estamos en la función pública deberíamos revisar dos veces antes de señalar a alguien como culpable o no. Por temas políticos no se le puede dañar la hoja de vida a otra persona; no tiene sentido.
A mí me duele profundamente que digan que soy bandida o que me he apropiado de cosas que no han ocurrido. Eso no es verdad. No voy a juzgar a nadie, pero espero que esto no le pase a ninguna persona porque acabar con la moral y la ética de otro no puede suceder.
Tengo muchos años en distintos roles: he sido líder social, estudiantil y comunitaria. He formado mi liderazgo en lo académico, lo político y lo social. Me he esforzado muchísimo y he dedicado mi vida a salir adelante como para que alguien quiera destruir mi imagen.
Espero nunca estar en el lugar de hacerle daño a otra persona porque sí. Yo, Johana Caicedo, desde mi postura ética, jamás haría algo así.
¿Cómo avanza la atención a la población de habitantes de calle?
La dificultad que se tenía ya se resolvió: el 15 de enero el contrato se adjudicó y el programa está funcionando.
La invitación que siempre hago cuando hablo de habitantes de y en calle es a humanizar. Hay personas que quieren desaparecerlos, pero eso no va a poder cumplirse. Hacen parte de la sociedad y son seres humanos.
También soy enfática en algo: quien comete un delito, sin importar en qué lugar esté, debe ser condenado y juzgado. Esa es una tarea de la justicia. Pero, al mismo tiempo, debemos humanizar.
Muchas de las personas que están en la calle tienen familia, han vivido violencias y han pasado por situaciones muy difíciles. Cuando uno revisa las razones de la habitabilidad en calle —más allá del consumo, que ronda el 90 %— encuentra muchas fallas del sistema.
Muchas madres están llorando a sus hijos por estas condiciones; muchas familias también. Por eso esa es la invitación permanente. El deseo de desaparecerlos no es una opción.