El ingeniero Juan Andrés Oviedo Amezquita es socio fundador de EFE Prima CE, una empresa dedicada a la mitigación de los desastres que causan los terremotos. Doctor en ingeniería civil y estructural, formado en Japón, después del sismo del 10 de agosto en Colombia recorrió los daños causados en el departamento del Quindío, especialmente en colegios públicos.

Le sorprendió un hallazgo que también ha llamado la atención de arquitectos y diseñadores en otras regiones del país, como Cali: los enormes problemas que tuvieron los llamados elementos no estructurales, aquellos que no hacen parte del sistema que sostiene la edificación, pero que pueden convertirse en un riesgo durante un terremoto.

- El sismo parece estar revelando problemas de formación en quienes construyen, en un tema clave: entender cómo deben interactuar los elementos no estructurales con el comportamiento de la estructura en el momento de un terremoto. Estos elementos, de los que no depende la estabilidad de un edificio o una casa, también hay que saberlos diseñar y construir. El supervisor de obra y todos los actores, diseñador, interventor y supervisor, deben tener conocimiento mayor sobre cómo deben comportarse la estructura y los elementos no estructurales. Si la estructura se va a mover de una manera, los elementos no estructurales deben estar acordes con ello en el momento de un sismo, para no tener ese panorama de riesgos y daños que estamos viendo en gran parte del país. He visto muchos daños relacionados: elementos no estructurales que pareciera que no están conversando muy bien con la estructura. Ahí hay un aprendizaje muy grande –dice Oviedo, invitado a la reciente Feria de Camacol, el gremio de la construcción, en Medellín.

El suelo es el punto de partida para diseñar una edificación segura frente a un terremoto. Los expertos destacan la importancia de estudiar sus características y de integrar ese conocimiento desde el comienzo con el trabajo del arquitecto y el ingeniero estructural. En Cali, el 80% de los colapsos se concentraron en la zona de Cañaveralejo, de suelos blandos. | Foto: El País

El profesor de la Universidad del Valle Carlos Alberto Madera Sierra, experto en ingeniería sísmica, llegó a una conclusión similar tras recorrer los daños que dejó el terremoto en Cali.

En su concepto, una de las grandes enseñanzas es la necesidad de migrar de elementos constructivos pesados y rígidos, como la mampostería no estructural –muros de ladrillo o bloques de concreto que sirven para cerrar o dividir espacios–, hacia otro tipo de materiales más livianos y flexibles, como el drywall, el Superboard y los paneles de fachada livianos.

- Estas tecnologías de construcción no son tan aparatosas cuando ocurren movimientos de terreno. Sufren dilataciones, pero no agrietamientos, por lo que tienen una percepción de seguridad más alta –explica.

Hay, sin embargo, dos barreras para lograr esa migración, comenta el arquitecto Juan Camilo Isaza. La primera es económica: aún es más barato levantar un muro no estructural en ladrillo. Pero además existe un asunto cultural: los colombianos se sienten más seguros con esa forma de construir, dura y rígida, que con elementos livianos y flexibles.

En hospitales no debería aceptarse el mismo nivel de daño que puede tolerarse en otras edificaciones: además de proteger vidas, estas estructuras deben mantenerse operativas después de un terremoto. En Cali, el Hospital Universitario del Valle fue uno de los más golpeados. | Foto: El País

Urgente: revisar lo que ya está construido

En su recorrido por Cali, el profesor Madera identificó otro aprendizaje tras el sismo del pasado 10 de agosto: el cuidado que se debe tener con el cambio de uso de las edificaciones.

Hay edificios que años atrás fueron residenciales, por ejemplo, pero con el tiempo pasaron a tener usos comerciales. En esos procesos pueden derribarse paredes, modificar espacios o introducirse cargas que no estaban contempladas en el diseño original.

- Estos cambios de uso de una estructura pueden ser drásticos y peligrosos para la estabilidad de una edificación al momento de un terremoto –advierte.

El profesor también llama la atención sobre las piscinas en las terrazas. En próximos diseños, considera que deberían evitarse o, si se construyen, contar con una ingeniería que permita soportar adecuadamente esas cargas concentradas durante años.

Terremoto en Cali, edificio Torres del Limonar en el sur de la ciudad, con magnitud 7.2 de escala de Richter, epicentro en San José del Palmar en Choco, Foto José L Guzmán. El País. | Foto: El País

Torres del Limonar, precisamente, el antiguo edificio que se desplomó en el barrio Capri, tenía una piscina en su terraza, inhabilitada a los residentes desde hacía varios meses.

La advertencia de Madera no significa que una piscina explique por sí misma el colapso de una edificación. Es, más bien, un ejemplo de la necesidad de que cualquier modificación o carga adicional sea contemplada desde el diseño estructural.

Nagui Sabet es arquitecto, egresado con título de doctor en Roma y con formación avanzada en Harvard. Entre otros proyectos, diseñó el Tecnocentro Somos Pacífico, en el oriente de Cali. Después del terremoto del suspiró aliviado tras comprobar el estado de sus edificaciones. Se encontraban bien.

Para él, el último sismo debe acelerar en Colombia la adopción de una tecnología que ya se implementa, pero que todavía no es recurrente en todas las grandes edificaciones: los aisladores sísmicos.

Fotos edificio Ana Pilar sobre la Avenida Guadalupe, se ha identificado a una persona atrapada, se estima que permanecen 7 más bajo los escombros. | Foto: El País

- Hay estructuras que no se pueden dañar en un terremoto, porque es finalmente donde se atienden a los heridos: los hospitales. También los colegios y todo sitio donde se debe proteger una gran cantidad de vidas necesita considerar esta tecnología.

Los aisladores sísmicos son dispositivos que se instalan entre la cimentación y la estructura de un edificio para desacoplarla parcialmente del movimiento del suelo durante un terremoto.

En términos sencillos, en lugar de intentar que el edificio sea completamente rígido y soporte directamente toda la energía del sismo, los aisladores permiten un movimiento horizontal controlado entre la cimentación y la estructura. De esta manera, reducen parte de la aceleración que llega al edificio.

Es una tecnología que tiene especial sentido en edificaciones donde no basta con proteger la vida de quienes están dentro. También es necesario que el edificio pueda seguir funcionando después del movimiento telúrico.

Esa es una discusión que el ingeniero Juan Andrés Oviedo Amezquita también considera fundamental para Colombia. El país, dice, debe dejar de tolerar el mismo nivel de daño en todas las edificaciones.

Así quedó uno de los centros médicos de Pereira tras el terremoto. Lo mismo ocurrió en el HUV y la Clínica Santa Sofía en Buenaventura. | Foto: 2026 Anadolu

- Lo ideal sería que ninguna estructura se dañe. Pero aún no es posible lograrlo. Sin embargo, en edificaciones como hospitales no se puede tolerar el daño, como lo vimos en Cali, pues no pueden dejar de operar. Ahí hay una oportunidad de trabajar en nuevas tecnologías que permitan no solo proteger la vida y el patrimonio, sino reducir al máximo los daños para que los hospitales puedan seguir operando pese a un terremoto.

Para el arquitecto Sabet, hay otra lección fundamental que deja el sismo: Colombia debe ser muy estricta con las normas de sismorresistencia, especialmente en lo relacionado con los suelos.

- Los suelos tienen un efecto muy importante como un punto de partida para el diseño de un proyecto. Lo vimos en el sector de Cañaveralejo, en Cali, donde ocurrieron la mayoría de los colapsos. No es que no se pueda construir allí, donde los suelos son blandos. Pero debe hacerse bien. El ejemplo es Bogotá: está construida sobre lagunas.

De ahí que Sabet plantea una especie de triángulo de vida de la construcción: el especialista en suelos, el ingeniero estructural y el arquitecto.

Colapso de Estructura Centro de Profesionales de la calle novena, Edificio Vanessa, Cantabria y Torres de Tequendama. | Foto: El País

- No se puede diseñar desde la arquitectura, aislado del factor de ingeniería, porque ahí es donde empiezan ciertos conflictos. No se puede pasar por encima de las recomendaciones que hacen estos especialistas.

El terremoto del 10 de agosto, entonces, no necesariamente obliga a Colombia a inventar una nueva manera de construir. La primera lección de los expertos es, paradójicamente, cumplir mejor lo que ya existe.

Juan Andrés Oviedo sostiene de hecho que las edificaciones construidas formalmente bajo la norma de sismorresistencia NSR-10, en términos generales, tuvieron un buen comportamiento durante el sismo. Pero cada terremoto también muestra aspectos que deben revisarse.

Colapso de Estructura Centro de Profesionales de la calle novena, Edificio Vanessa, Cantabria y Torres de Tequendama. | Foto: El País

Uno de ellos está en aquello que durante años pareció ocupar un lugar secundario: los elementos no estructurales. Otro está en la necesidad de estudiar con mayor cuidado el suelo sobre el que se construye. Y otro, en comprender que no todos los edificios pueden tener el mismo nivel de tolerancia al daño.

- La reconstrucción que viene después del terremoto puede convertirse en una oportunidad para revisar la manera en que el país construye: edificios más coordinados desde su diseño, materiales más livianos cuando sea posible, mayor control sobre los cambios de uso, mejor conocimiento de los suelos y nuevas tecnologías para aquellas estructuras que, después de un movimiento telúrico, no pueden darse el lujo de dejar de funcionar – concluye Oviedo.