Cali
“Salir con vida junto a mi hijo de entre los escombros me enseñó a vivir con más intensidad”: Juan David, el padre del bebé Salomón, rescatados en Torres del Limonar
Juan David Gómez quedó atrapado bajo los escombros de Torres del Limonar junto a Salomón, su hijo de apenas dos meses y medio. Ambos sobrevivieron al terremoto, pero Valentina Vanegas, esposa de Juan David, y su hermano Juan Esteban murieron. Nueve días después, mientras intenta reconstruir su vida, Juan David habla del rescate que conmovió a Cali y del propósito que encontró después de la tragedia.
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20 de ago de 2026, 04:09 p. m.
Actualizado el 20 de ago de 2026, 04:09 p. m.
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El día del terremoto, Juan David Gómez se levantó a las 7:00 de la mañana y cargó a su hijo Salomón, de dos meses y medio. Se dirigieron a la cocina de su apartamento, en el cuarto piso del edificio Torres de Limonar, en el barrio Capri, en Cali.
Valentina Vanegas, su esposa, todavía dormía. La noche anterior se había quedado despierta hasta tarde mientras amamantaba a Salomón. Los tres en la misma cama; el bebé en el medio. El día anterior, además, había llegado el colchón para el cuarto de Salomón, que acababan de pintar.
En la cocina, con el bebé en brazos, Juan David abrió la nevera y descubrió que no había huevos para el desayuno. Pidió un domicilio. Minutos después bajó a recibirlo a la portería, siempre con Salomón en brazos.
La mujer que ayudaba con el aseo del edificio notó que estaba atareado para subir las bolsas y se ofreció a ayudarlo. Cuando llegaron a la puerta del apartamento, Juan David notó algo extraño: la mujer bajó las escaleras rápidamente.

Casi al mismo tiempo, Valentina salió del apartamento en toalla, acompañada por su hermano. Ambos corrían hacia las escaleras. Juan David no entendía qué estaba pasando. Los siguió.
— Yo no había sentido el temblor —dice.
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Juan David es guardaparques del Parque Nacional Natural Las Hermosas Gloria Valencia de Castaño, ubicado entre el Valle del Cauca y el Tolima. Su trabajo le exige viajar con frecuencia por estos departamentos.
Por eso, hace apenas un año, cuando todavía no conocía a Valentina, no imaginaba que a sus 29 años tendría una relación estable y mucho menos un hijo.
— Valentina lo cambió todo.
Se conocieron por una amiga en común, durante una salida social. Empezaron a conversar, luego a salir, y poco después se hicieron novios. Meses más tarde supieron que iban a ser papás.
Los domingos asistían a la iglesia cristiana a la que van los padres de Valentina. En una de esas prédicas escucharon el nombre de Salomón, asociado a la sabiduría. Les gustó. Incluso llegaron a imaginar cómo sería un futuro correo electrónico con el nombre de su hijo.

En ese momento ya vivían juntos en el cuarto piso de Torres del Limonar, un apartamento propiedad de los padres de Valentina. Allí vivían ella, su hermano Juan Esteban, Juan David y, desde hacía poco, Salomón.
Valentina era arquitecta. Juan David no recuerda haber hablado alguna vez con ella sobre qué podría ocurrir con el edificio en caso de un terremoto. Era una construcción antigua, con apartamentos amplios, de unos 100 metros cuadrados.
Había, sin embargo, algunas situaciones que les llamaban la atención. La piscina de la terraza no estaba habilitada, al parecer, por el peso que podía representar para la estructura. Y tres meses antes del terremoto instalaron un sistema automatizado en las puertas de salida del edificio.
Cada residente tenía un control. Para salir había que abrir primero una puerta, esperar a que se cerrara y luego abrir la puerta exterior.
El 10 de agosto, cuando comenzó el terremoto, ese mecanismo tal vez se convirtió en un obstáculo para quienes intentaban evacuar.

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El último recuerdo que Juan David tiene de Valentina es verla tropezar. Su hermano Juan la ayudó a levantarse y siguieron corriendo hacia la puerta de salida. Estaban en la primera planta del edificio.
Juan David todavía no sabe por qué se quedó de pie en un pasillo, con Salomón en brazos. Valentina y su hermano alcanzaron a tomar algunos metros de distancia cuando todo se desplomó.
Después, Juan David se recuerda bajo los escombros, con Salomón recostado sobre su pecho. Había polvo por todas partes. Tenía heridas en la cabeza, la cara y las piernas, pero no sentía el dolor. Tampoco sentía la sangre que brotaba por su frente. Como si la adrenalina por sobrevivir con su hijo le hubiera anestesiado el cuerpo.
Primero intentó calmarse. La pregunta era cuánto tiempo tendría que permanecer allí, bajo paredes destruidas, donde todo era oscuro. ¿Un par de horas? ¿24? No lo sabía.
En ese momento todavía creía que la torre de apartamentos en la que vivían era la que había colapsado, no la estructura donde estaba la puerta de salida. Pensaba que Valentina y su hermano estaban a salvo. Entonces comenzó a gritar.

— ¡Auxilio, auxilio! ¡Estoy con un bebé! ¡Ayuda!
La incertidumbre aumentó cuando escuchó a alguien decir que olía a gas y pedirles a quienes comenzaban a llegar que apagaran los celulares. Juan David también temía que las personas se subieran a los escombros y provocaran otro desprendimiento que pudiera caerle encima.
Siguió gritando con todas sus fuerzas. Hasta que, en la superficie, alguien escuchó apenas un susurro.
Bomberos, policías y vecinos del barrio Capri comenzaron a retirar los pedazos de paredes que lo cubrían. Pero una viga le impedía moverse. Solo cuando un bombero logró cortar el metal con una máquina, pudieron sacarlo.
Salomón no había llorado durante el tiempo que permaneció bajo los escombros. Lo hizo cuando volvió a sentir el viento. Juan David no sabe si su hijo llegó a quedarse dormido o si perdió el conocimiento durante el tiempo que permaneció sobre su pecho. Pero hay algo que sí sabe. En medio del dolor, esa certeza todavía le arranca una sonrisa.
— Es un bebé muy valiente. Le dio esperanza a mucha gente. Si un niño de dos meses y medio podía salir con vida de entre los escombros, otras personas podrían lograrlo.

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Nueve días después del terremoto, Juan David todavía intenta procesarlo todo, volver a empezar.
Apenas este miércoles pudo bañarse por sí solo, después de salir de la Clínica Valle del Lili junto a Salomón. Fue allí donde recibió la noticia: Valentina y su hermano habían sido encontrados sin vida bajo los escombros.
Juan David lloró durante varios días. Se calmaba al recordar que, junto a su esposa, habían intentado hacerlo todo bien: ser los mejores papás que pudieran. Entonces pensaba en el cuarto de Salomón que pintaron juntos; en el colchón nuevo que subieron el domingo, un día antes del terremoto.
Ahora camina despacio, todavía convaleciente, por la sala de la casa de una amiga de Valentina, donde se está quedando con Salomón. También habla suave, como quien recién despierta de una cirugía. El bebé duerme profundamente en su cuna. Tiene un leve raspón en la frente y una fractura menor en una pierna. Nada grave.
Juan David sabe que ahora tendrá que criarlo sin su mamá. De Valentina y de su hermano quiere que su hijo se quede con una certeza: que fueron personas que lo amaron hasta el último segundo y que, en medio del terremoto, buscaron la salida para ponerlo a salvo.

También quiere contarle que hubo una ciudad de héroes alrededor. Policías, bomberos, vecinos, amigos y familiares que no descansaron hasta encontrarlo y ponerlo a salvo, como hicieron con los demás sobrevivientes
— Le diré a Salomón que el amor tanto de su madre y su tío como de la gente que lo rodeó es con lo que hay que quedarse. Con la solidaridad de las personas. Ha sido impresionante. Mucha gente ha estado pendiente de Salomón, de mí, y dentro de toda esta situación hay recuerdos muy bonitos: gente dispuesta a ayudarnos, no solo a nosotros, sino a toda la ciudad.
Ha recibido pañales, ropa y otros elementos para el bebé. Ahora Juan David y quienes lo acompañan buscan niños a los que puedan ayudar en nombre de Salomón, de Valentina y de su hermano. Es una manera, dice, de transitar el dolor.
Por eso, también, quiere crear la Fundación Salomón Gómez Vanegas, con la idea de ayudar a más niños y familias.
Mientras tanto, Juan David todavía se hace preguntas. Por ejemplo, no entiende cómo su moto sigue intacta. Estaba en el sótano de Torres del Limonar, donde algunos espacios no colapsaron. ¿Quién iba a imaginar, en medio de un terremoto, que lo más seguro podía terminar siendo el sótano y no la puerta de salida?
También le han llevado algunas cosas que quedaron dentro del apartamento: vajillas intactas, vasos que no se quebraron pese a que el edificio se vino abajo. ¿Por qué esos objetos sobrevivieron al terremoto?
—Lo cierto es que una situación de estas te cambia y te enseña que la vida se debe vivir con más intensidad, con más propósito.






