Durante los años 90, Laureano Quintero era director de Urgencias del Hospital Universitario del Valle, HUV. Tiempo después creó la Fundación Salamandra, especializada en la atención de emergencias.
Desde entonces, el cirujano de trauma de profesión ha acudido como rescatista a desastres ocasionados por terremotos como el ocurrido en el Eje Cafetero en 1999, el que afectó a Cali en el 2004, el que acabó con Haití en el 2010 y el que sacudió a Venezuela en junio pasado.
Pero antes de todos esos eventos telúricos había atendido una emergencia que también marcó a la capital del Valle del Cauca en su momento. El 20 de diciembre de 1995, un avión de American Airlines que venía de Miami se estrelló contra una montaña en Buga, dejando un saldo trágico de 151 pasajeros muertos, además de los miembros de la tripulación.
Esa misma noche, hasta allí llegó el médico Laureano Quintero, quien habló con El País a propósito del terremoto que sacudió al occidente colombiano y especialmente a Cali el pasado 10 de agosto.
Médico, ¿cuál de las tragedias en las que usted ha ayudado como rescatista lo ha marcado más?
Cuando uno entra en espacios confinados o derrumbes, tenemos un protocolo muy claro: tomamos su mano, la miramos a los ojos y le decimos: Soy Laureano Quintero, soy cirujano de emergencias, estoy entrenado para protegerte, voy a sacarte de aquí. Lo primero que uno tiene que garantizar es que la gente sienta que está con alguien. Esos rostros y esos ojos de angustia de tantos lugares... No puedo olvidar lo primero que me dijo el primer sobreviviente del avión de American Airlines cuando lo contactamos en la montaña, en la oscuridad, en diciembre del 95: ‘Vamos a sacarte de aquí, vamos a ayudarte’. Él, Mauricio, estaba consciente y nos dijo: ‘¿Por qué se demoraron tanto?’. ¿Qué puede uno sentir con eso? Y después llega una niña de 5 años, Michel; Gonzalo Duzán, su padre; Mercedes Liliana, otra de las sobrevivientes; esos nombres nunca se olvidan.
Una muestra de la invaluable labor de un rescatista...
Yo quiero enfatizar esto: preguntaron siempre cuando volví de Venezuela, de Haití y de Ecuador: ¿Cali está preparada? Es complejo estar preparado para una cosa tan devastadora como la naturaleza bramando contra nosotros, porque estamos sobre estructuras muy blandas en algunas zonas de Cali. Pero es muy importante entender que nuestro comportamiento en equipo es fundamental.
Y si me preguntan, yo los vi trabajar todo el tiempo: los Bomberos Voluntarios de Cali, los grupos que ellos manejan y la gente que está entrenada acá, tiene una unión impresionante... Estas respuestas son avasalladas por la dimensión de la naturaleza, pero nadie puede cuestionar a un solo voluntario de los Scouts, la Cruz Roja, los bomberos o la Defensa Civil.
¿Saben cuántas noches pasé viendo cómo tantos voluntarios ayudaban con un balde, con una madera, con una espina, para que todo esto resultara? Eso es lo que nos hace fuertes y lo que tiene que ser la base, no para reconstruir un edificio, una institución hospitalaria, sino para que todo este tejido social aproveche la oportunidad, con una ingeniería social impresionante, donde las autoridades nos lleven por ese camino y la gente entienda que vale la pena que tengamos otra forma de vivir.
No logra imaginar uno el dolor por las víctimas...
Quiero decirle a cada familia que perdió a alguien: todas esas personas nos dieron fuerza y nos la siguen dando. Ninguna pérdida de ninguna vida fue en vano. Todas siguieron con nosotros, porque había que trabajar un día más, una hora más. Tengan la certeza de que solo con la energía de todas esas personas que ya no están en cuerpo presente con sus familias pudimos trabajar y ha sido posible seguir adelante.
Guarden eso profundamente en su alma, con una reflexión firme para entender que no se han ido; la muerte es la vida, encuentra luces en otro lugar.