La carta manuscrita de Luz Ángela Sánchez Castillo, encontrada entre los escombros del edificio Vanessa tras el terremoto del 10 de agosto, fue entregada finalmente a sus familiares en un acto cargado de emoción y memoria celebrado en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali.
El documento, compuesto por seis páginas escritas con tinta rosada sobre hojas cuadriculadas, dejó de ser un hallazgo anónimo para convertirse en un testimonio íntimo de la vida, los proyectos y los afectos de una mujer cuya existencia ya no es más luego de la tragedia.
La entrega estuvo a cargo de la Fundación Fundterpaz, que acompañó el proceso hasta lograr ubicar a los parientes de Luz Ángela y devolverles esas palabras que ahora tienen un valor incalculable.
En la carta, redactada en los días previos al desastre, Luz Ángela plasmó pensamientos dirigidos al “Universo” donde aparecen la gratitud, la prosperidad, la familia, la salud y los proyectos laborales. Entre los pasajes más conmovedores figura una afirmación sobre su propia vida: “Me rodeo de amor y de luz, dando y recibiendo amor equilibradamente”, frase que hoy resuena con una carga distinta para quienes la conocieron.
Asimismo, en ella la mujer revela que hacía planes concretos: aspiraciones para sus emprendimientos, metas económicas, deseos de bienestar familiar y el anhelo de que uno de sus hijos pudiera estudiar en España. En la carta incluso se menciona con orgullo el supuesto inicio de estudios de su hija en la Universidad Politécnica de Valencia, un proyecto que, según las páginas, llenaba de felicidad a la familia.
Dicha tragedia no solo arrebató la vida de Luz Ángela; también segó la de sus hijos Matías y Manuela López y la de su esposo Gustavo Arley López Giraldo, quien era primo del exsenador Carlos Abraham Jiménez.
El Instituto Nacional de Medicina Legal incluyó a Luz Ángela, a Manuela y a Gustavo en el listado oficial de víctimas del terremoto, confirmando la magnitud del dolor que dejó el colapso del edificio Vanessa.
El acto de entrega en la Javeriana se convirtió en un homenaje simbólico al devolver a la familia un objeto que sobrevivió a la destrucción y también restituir una parte de la historia personal de quienes ya no están.
Para los allegados, cada línea recuperada ofrece una ventana hacia la intimidad de Luz Ángela, sus prácticas de meditación, sus metas de salud, su gratitud por el tiempo compartido con sus hijos y al mismo tiempo subraya la dimensión humana de la pérdida.