La cultura de la prevención no es algo que el médico Laureano Quintero solamente enseñe. Según le contó a El País, en su casa siempre tiene una mochila lista con los elementos que le permitirían sobrevivir durante siete días a una calamidad.

Casi 20 días después del terremoto que sacudió a Cali el pasado 10 de agosto, el director científico de la Fundación Salamandra les hace un llamado a los caleños para que adopten prácticas que pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

El País habló con él en el campamento que, a partir de la experiencia que ha adquirido aprendiendo, enseñando y atendiendo emergencias por todo el mundo, logró montar en una zona verde del barrio Capri, al sur de la ciudad, solo unas horas después de sucedido el movimiento telúrico.

¿Cómo reaccionó usted una vez supo que era un temblor muy fuerte?

Cuando esto ocurrió, salí de mi casa y tomé el kit de emergencias que tenía. Me lo puse mientras trataba de mantenerme en posición. Gracias a Dios, la casa se mantuvo. Apenas terminó el movimiento, me subí a mi vehículo, que tiene una carga de combustible que nunca debe bajar de una cifra, porque si tenía poco no iba a poder buscar dónde tanquear. Y en el vehículo estaba la mochila de emergencia y los elementos de señal y de comunicación especial, y eso permitió armar una operación constante, de muchos días.

Si logramos que la gente entienda que las emergencias se presentan todo el tiempo, ayudaría a que la cultura nos llevara a un nuevo nivel: ¿cómo está el botiquín de sus casas? El botiquín del carro no es poner algo ahí para que no me multen. Hay unos requisitos para que sirva. ¿Cuántos son en su casa, cuatro?: Tiene que haber cuatro mochilas, cada una con alimento, ropa, silbato, linterna, copia de los documentos, un poquito de dinero, y ahí tiene lo que le va a permitir estar bien siete días.

El médico Laureano Quintero había estado en junio pasado ayudando al rescate de víctimas en Venezuela, donde dos sismos seguidos causaron miles de víctimas. | Foto: AFP

¿Cómo surgió la Fundación Salamandra, de la que usted es director científico y con la que montó el campamento en el barrio Capri?

La salamandra es un espíritu elemental, capaz de evitar el fuego sin quemarse. La usan los alquimistas en el fantástico proceso de transformar plomo en oro y, en vista de ser un símbolo de transformación hacia lo mejor, de resiliencia, ese nombre fue adoptado hace ya casi 30 años y ha permitido intervenir en múltiples escenarios de todo el planeta y, por supuesto, de toda Colombia.

Por allí han pasado innumerables personas; ha sido tan especial, la vida nos ha dado honores maravillosos: estuvimos entrenando hace un par de años a un grupo de intensivistas, médicos y enfermeros en Kunming, Shanghái y Hangzhou, en China, tres misiones. Tuvimos posibilidad de entrenar gente en Casablanca, Marruecos; El Cairo, Egipto, África del Norte; Nairobi, Kenia, África Oriental; en Nigeria. Hemos estado en casi todos los países de Sudamérica, Centroamérica y en Estados Unidos y Europa, y esto ha permitido conocer muchas culturas de emergencia.

Laureano Quintero, cirujano de trauma, se desempeñaba como director de Urgencias del Hospital Universitario del Valle y luego creó la Fundación Salamandra, de la que hoy es director científico. | Foto: El País

¿Qué lo llevó a especializarse en atención de emergencias y desastres, siendo director de Urgencias del Hospital Universitario del Valle?

Donde hay dolor, existe un territorio sagrado. Hay que ayudar a las personas, dondequiera que ocurra. En Cali seguimos teniendo cifras de homicidios demasiado altas, situaciones de violencia inaceptables, muerte por trauma, infartos, eventos cerebrovasculares, muchas patologías que se pueden prevenir. Era necesario construir una estructura de educación e intervención que insistiera en cómo mejorar las situaciones de violencia y que la gente no muera en nuestras manos, porque somos responsables de cada vida...

No tiene sentido que el cirujano de trauma, que es mi oficio, opere a un paciente, le ponga un parche y él vuelva a los 20 días otra vez herido, y eso lo hemos identificado en las zonas de alto riesgo: es necesario ir más allá, tomar medidas de prevención, de control, una educación de otro nivel y que las cosas funcionen diferente. Eso depende de cada uno: ¿tiene botiquín para su familia? ¿Está haciendo ejercicio? ¿Respeta las señales de tránsito? No le eche la culpa al Alcalde, a la Gobernadora, a los secretarios: si usted hace las cosas en otra dimensión, ya está ayudando y cambiando el universo.