Los hábitos de autocuidado que se adquieren durante la infancia pueden marcar la diferencia entre llegar a la vejez con autonomía o enfrentar mayores complicaciones de salud. Así lo señalaron especialistas, quienes destacan que la prevención de enfermedades y la conservación de la independencia comienzan mucho antes de que aparezcan los primeros problemas asociados al envejecimiento.

La advertencia cobra relevancia si se tiene en cuenta que cerca del 30 % de las personas mayores experimenta al menos una caída cada año, un riesgo que aumenta con la edad y que puede prevenirse, en muchos casos, mediante hábitos saludables y adecuaciones sencillas en el hogar.

De acuerdo con la doctora Alexandra Vega, gerente médica y de farmacovigilancia de Genfar, el autocuidado debe entenderse como una práctica cotidiana y no únicamente como la atención de una enfermedad.

“El autocuidado comienza cuando entendemos que nuestra salud es una responsabilidad personal y que no podemos delegarla completamente en otros. Son las decisiones que tomamos todos los días las que realmente determinan nuestro bienestar a largo plazo”, explicó la especialista.

Especialistas destacan que el autocuidado debe comenzar desde la infancia para promover un envejecimiento más saludable e independiente. | Foto: Genfar

Entre las acciones que más impacto tienen a lo largo de la vida se encuentran mantener una alimentación balanceada, realizar actividad física, dormir adecuadamente, asistir a controles médicos periódicos y hacer un uso responsable de los medicamentos.

Los expertos también resaltan que la infancia es una etapa clave para consolidar hábitos saludables que acompañen a las personas durante toda la vida. La educación sobre vacunación, higiene, protección solar, alimentación equilibrada y el cumplimiento adecuado de los tratamientos médicos contribuye a reducir riesgos y favorece una mejor calidad de vida en la adultez.

En el caso de los adultos mayores, el objetivo del autocuidado va más allá de prevenir enfermedades. También busca conservar la independencia el mayor tiempo posible mediante actividad física, participación social, seguimiento de los tratamientos médicos y adaptación de los espacios para disminuir el riesgo de accidentes.

La formación de hábitos saludables desde los primeros años puede contribuir a una vejez con mayor autonomía y bienestar. | Foto: El País

Según la especialista, uno de los errores más frecuentes es asumir que cuidar a una persona mayor significa reemplazar todas sus actividades, cuando el acompañamiento debe orientarse a fortalecer su autonomía siempre que sea posible.

El uso adecuado de los medicamentos también forma parte de esta estrategia preventiva. Respetar las dosis y horarios, completar los tratamientos y evitar el consumo de medicamentos vencidos son prácticas que contribuyen tanto a la seguridad del paciente como a la eficacia de los tratamientos.

Los especialistas concluyen que promover el autocuidado desde edades tempranas no solo ayuda a prevenir enfermedades, sino que favorece un envejecimiento más saludable e independiente, reduciendo riesgos que pueden acompañar a las personas durante toda su vida.