En Colombia, dicho enfoque preventivo es prioritario. De acuerdo con datos oficiales de la Cuenta de Alto Costo, durante el año 2025 se registraron más de 6,7 millones de personas diagnosticadas con hipertensión arterial, consolidándose como uno de los principales desafíos de salud pública en el país.

Lejos de requerir restricciones extremas que alteren el bienestar emocional de los pacientes, los especialistas sugieren implementar ajustes graduales y realistas en el estilo de vida. El objetivo principal es mitigar los factores de riesgo modificables sin sacrificar por completo las rutinas ni los pequeños placeres cotidianos que forman parte de la identidad cultural y social de los individuos.

Una alimentación baja en azúcares y grasas no saludables, disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. | Foto: El País

Limitar los azúcares añadidos

En sintonía, la Asociación Americana del Corazón (AHA) insta a la población a limitar los azúcares añadidos como una estrategia efectiva para mantener un peso corporal adecuado y prevenir trastornos metabólicos correlacionados con fallas cardíacas.

Para disminuir el consumo de azúcar sin generar la frustración de eliminar el sabor dulce de preparaciones habituales como el café o el té, los expertos validan el uso de sustitutos del azúcar o edulcorantes no calóricos.

Estas alternativas permiten a las personas transicionar hacia hábitos más equilibrados, facilitando el cumplimiento de las metas nutricionales sin alterar drásticamente sus preferencias de paladar

“La prevención cardiovascular se construye todos los días. No se trata de cambiar la vida de un momento a otro ni de eliminar todo aquello que disfrutamos, sino de encontrar alternativas que nos permitan mantener hábitos más equilibrados sin perder los pequeños placeres que forman parte de nuestra rutina”, señala Erika Rius, nutrióloga y Healthcare Marketing Manager de Splenda LATAM.

Un enfoque integral de bienestar

La salud del corazón, sin embargo, no depende exclusivamente de la nutrición. Para lograr una protección integral, los consensos médicos internacionales recuerdan la necesidad de combinar una alimentación balanceada con otros tres hábitos esenciales:

  • Actividad física regular: Al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana.
  • Higiene del descanso: Dormir entre 7 y 8 horas diarias para regular la presión arterial.
  • Controles médicos periódicos: Monitorear constantemente los niveles de tensión y lípidos en la sangre.