¿Qué viene para España después de la 'rebelión' de Cataluña?

¿Qué viene para España después de la 'rebelión' de Cataluña?

Octubre 29, 2017 - 07:45 a.m. Por:
Jessica Villamil Muñoz / Reportera de El País
Cataluña España

Unas seis mil personas se concentraron el pasado viernes en la plaza de Sant Jaume de Barcelona, ante el Palau de la Generalitat, sede del gobierno catalán, para festejar que el Parlamento declarara de manera unilateral la independencia de la región de España.

Agencia EFE

La declarada independencia de Cataluña duró el tiempo que el jefe de Gobierno español Mariano Rajoy tardó en hacer su intervención pública para informar que acababa de implementar el Artículo 155 de la Constitución Política que le permite “intervenir en las comunidades autónomas cuando no cumplan sus obligaciones constitucionales”.

Pero la fractura no parece tener compostura. Nace en la raíz de la sociedad: las familias catalanas y las no catalanas ya están resquebrajadas por cuenta de este enfrentamiento político de vieja data y que solo hasta el viernes pasado se materializó.

“La implementación del Artículo 155 así como la declaración unilateral de independencia es el principio de un conflicto en el que probablemente no vamos a ver un solo tiro, pero sí el sufrimiento entre civiles, entre hermanos, violencia callejera, tensión en redes sociales”, dice Antonio Sola, estratega político catalán, opositor a la independencia.

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Para él, la principal consecuencia de la declaratoria del Parlamento es más preocupante incluso, que las fracturas políticas o las económicas: “En las calles, en las tiendas, en las panaderías, en las farmacias, en el supermercado ya no se puede hablar con libertad. Estamos en una guerra civil de facto pero moderna, donde no necesariamente hay que disparar un fusil”, insiste.

Y es que la decisión política parece tan precipitada que Enrique Santiago, madridista y asesor jurídico de las Farc, asegura que la declaración unilateral es un error político que solo hará retroceder el trabajo en el que ya había avanzado Cataluña. “Esto fortalecerá la derecha española. Todos perderemos derechos”, indica.

Sin embargo, Sola no está tan seguro. Dice que sí, que tal vez en el corto tiempo la derecha se puede fortalecer, pero será solo un espejismo porque este sector político va a pagar el costo político de esta situación.

Explica que, a mediano plazo, puede surgir un movimiento moderado de ciudadanos de centro derecha y habrá que esperar a ver qué pasa con movimientos de izquierda que surgieron del inconformismo social como Podemos o Izquierda Unida. “La trituradora del sistema político español va a generar una nueva criatura, una nueva capacidad de movimientos políticos y sociales”.

Entre tanto, Gustavo Morales, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Javeriana de Cali, va más allá y hace una lectura internacional del asunto. Indica que el Ejecutivo catalán está solo y no tiene el reconocimiento ni la validación de ningún país y menos de la Unión Europea, que ve la independencia  catalana como una amenaza al proceso “europeista”.

Luego de su destitución, Carles Puidgemont pidió a la población que haga “oposición democrática” y “cívica” al Ejecutivo español, que el viernes le cesó el inde- pendentismo.

Según él, de lograrse la independencia catalana, sobrevendrían reivindicaciones independentista en Italia, Bélgica, Holanda, lo que se convertirá en un efecto dominó que pondría en jaque a la Unión Europea, que es un mercado a escala continental  donde se produce un poder supranacional pero validado por  los estados nacionales.

Además, la crisis se ahondaría en el país ibérico y podría impulsar los anhelos separatistas en 17 de sus comunidades autónomas, entre las que se cuenta Asturias, Galicia, Andalucía, Castilla-La Mancha y el País Vasco.
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El Parlamento Catalán está conformado por 135 diputados y su mayoría absoluta se cuenta con 68 votos. Pero el viernes, 70 de sus diputados le dijeron Sí a la “República catalana, como Estado independiente y soberano”. Diez lo hicieron por el No y aunque el voto era secreto, exhibieron su decisión. Dos se mantuvieron en el anonimato del voto en blanco. Los otros 53 estaban en contra de la independencia y salieron del recinto antes de que se tomara la decisión.

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No solo se fueron algunos políticos. También se marcharon las industrias, pues la crisis que ha vivido la región hizo que más de 500 empresas mudaran sus sedes de Cataluña, la región más rica de España, a otras como Madrid y Valencia. Con las medidas del Gobierno, “el dinero de Cataluña, el 20 % de lo que produce España, pasa al control del Gobierno central”. “Esto va causar intranquilidad en la naturaleza política y estamental de España. Si las inversiones ya se fueron de Cataluña, continuarán yéndose”, opina Miguel Ángel Rodríguez, internacionalista en el portal español RPP Noticias.

Mariano Rajoy

Mariano Rajoy, jefe de Gobierno español, convocó elecciones en Cataluña.

Foto: EFE

Emma Prieto, periodista de VozPópuli, también augura cambios negativos en el plano económico: “Una de las consecuencias más inmediatas es la exclusión del sistema bancario catalán del paraguas financiero del Banco Central Europeo. Esta medida supondría una depreciación en la hipotética moneda catalana que, a su vez, provocaría el aumento de la inflación y el empobrecimiento de la sociedad”.

Además, los ciudadanos podrían perder las convalidaciones educativas, la libre circulación de mercancías, la prestación de servicios, entre otros beneficios de pertenecer a la Unión Europea.

Entre tanto, un informe de Credit Suisse (entidad bancaria) revela que en caso de que Cataluña sea legalmente independiente, perdería un 20 % del PIB, mientras que España se quedaría sin los 200.000 millones del PIB catalán.

“Pese a que los independentistas insisten en que permanecerán en el euro, economistas como los franceses Vincent Brousseau y François Asselineau aseguran que no es posible. Lo que podría ocurrir es que ‘Cataluña sea europizada’, sostienen. Es decir, que utilice el euro como moneda nacional, pero sin formar parte de la zona euro, como ocurre en Montenegro y Kosovo”, dice el diario madridista Información.

Pero eso no es todo. El experto en política internacional Gustavo Morales agrega que aquí el peligro también pasa por el riesgo diplomático, que califica de “ muy grave”.

“Rusia, por ejemplo, que ha intervenido exitosamente en las  elecciones de EE. UU., es uno de esos peligros. Vamos a tener a los rivales de la Unión Europea intentando dividirla. Ese es un primer efecto de una Rusia muy activa en la causa Catalana. Y  lo otro es que vamos a tener una España que va a tener que hacer reformas constitucionales para mejorar algunos niveles  de autonomía tras la aparición de la nueva república independiente”.

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En el caso de Rusia, ese Gobierno señala que su posición respecto a Cataluña “Es consistente y no ha cambiado”: “Este es un asunto interno español”, dijo el viernes María Zajárova, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Sí. La declaratoria de independencia duró unos cuantos minutos, pero ahora todos en España y sus alrededores esperan el desenlace de esta historia, mientras los habitantes de Cataluña piden que la discusión no los siga dividiendo. Varios, desde polos opuestos, coinciden en que esa pelea está hecha por “una tanda de sinvergüenzas que han tomado un referendo absolutamente ilegal, violentando el uso de la razón de una mayoría silenciosa que quiere pertenecer a España” y de otra tanta que anhela la separación.

"Será difícil reponerse de la fractura"
Manuela García Cure

Manuela García Cure, colombo-española, estudiante de Estudios Globales de la Universidad Pompeu Fabra

Cortesía para El País

“La declaración de independencia de Cataluña la vive con orgullo en las calles una parte de la población de Barcelona. El 27 de octubre (viernes pasado) el Parlamento de Cataluña ha declarado la independencia y poco después el Senado español ha dado luz verde a la aplicación del Artículo 155 de la Constitución Política de España.

Muchos no sabemos explicar qué es lo que celebran, porque a los ojos del mundo todo esto es una “fantasía” y además, es ilegal.

Por todo lo anterior, puedo pensar que sí hay temor de una confrontación. Me puedo imaginar el peligro de que la Policía autonómica (Mossos de Escuadra), reaccione en contra de la Guardia Civil en cualquier situación. También se han presentado protestas por el encarcelamiento de los Jordis (líderes independistas detenidos por el Estado español), preocupan las reacciones una vez se destituyan en la práctica las funciones de Carles Puidgemont, presidente de la Generalitat, y su gobierno. El conflicto ha llegado a un punto que parece de no retorno y claro, hay temor de lo que pueda pasar en la ciudad.

Es increíble la manera en que los jóvenes catalanes apoyan todo este movimiento independentista. Conversando con una compañera catalana de la universidad, me comentaba que era —como su familia— independentista. Le pregunté por qué y explicó que en la época de Franco, su padre y su abuelo tenían que viajar a Francia para comprar libros, que era mucha la opresión y que verlos contar las historias de hace 40 años le partía el corazón.

Puedo captar que el sentimiento juvenil se ve influenciado por los adultos. Muchos de ellos no están bien informados y otros han adoptado una actitud de “rebeldía” ante lo ocurrido en la votación del 1 de octubre con la Guardia Civil. También he sabido que en los colegios a los niños les hablan de la opresión en la época de la dictadura.

Por otro lado, creo que los jóvenes catalanes se sienten orgullos porque están siendo parte de la historia. Ir a las calles con otros jóvenes, unirse en torno a una causa, ser una voz ante el mundo los motiva aún más.

En la universidad hemos vivido momentos politizados, los estudiantes se han tomado pacíficamente el plantel e impiden el ingreso a clase, y ha pasado en dos ocasiones —en estas últimas semanas— que si te atreves a pasar, te preguntan a gritos que si es más importante una clase, un examen, que la independencia de su Cataluña.

Me pregunto ¿qué garantías de éxito tiene esta independencia?
Este momento marca una gran fractura de la sociedad catalana que va creciendo todos los días y de la cual va a ser muy difícil reponerse.

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