valle
“Yo no me puedo derrumbar”: La inquebrantable voluntad de María Gladis para levantar su negocio e hija en Roldanillo
Tras perder a su esposo por el cáncer, un día antes del sismo, y ver su hogar y sustento reducidos a escombros, esta hacedora de arepas se aferra a su oficio para sostener a su hija con discapacidad y reconstruir su vida.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


25 de ago de 2026, 10:42 p. m.
Actualizado el 25 de ago de 2026, 10:42 p. m.
Noticias Destacadas
En las calles de Roldanillo, el nombre de María Gladis Vasco es sinónimo de excelencia gastronómica y, sobre todo, de una dignidad inquebrantable.
Su negocio de arepas, que crecía de manera constante gracias a la calidad de su receta, era el motor económico de su hogar. Sin embargo, la vida la ha puesto a prueba con una severidad abrumadora.
Hace dos años, a su esposo le diagnosticaron un cáncer de pulmón, lo que obligó a María Gladis a asumir tanto el cuidado de su pareja como el peso completo del sustento diario a través de su puesto de arepas.
La tragedia se ensañó con ella en un intervalo de apenas cuarenta y ocho horas: su esposo falleció y, al día siguiente, el devastador terremoto del 10 de agosto destruyó por completo su casa y su negocio.

“Sinceramente, todavía estoy en shock. Yo no he podido ni siquiera llorar la muerte de mi esposo”, , confiesa con una entereza que estremece. En lugar de entregarse al luto, doña Gladis ha tenido que concentrar cada una de sus fuerzas en la supervivencia de su hija Salomé Varón Vasco, de 14 años, quien padece el síndrome de Moebius y una malformación cerebral.

La menor requiere una silla de ruedas para trasladarse a sus citas médicas. Actualmente, tras haber quedado en la calle, ambas sobreviven en una pequeña habitación prestada provisionalmente por una amiga.
Pero María Gladis rechaza cualquier atisbo de victimización o autocompasión pasiva; ella no pide caridad, reclama su derecho a valerse por sí misma: “Yo quiero levantar mi negocito y seguir trabajando”.
Antes de la catástrofe, la rutina de doña Gladis era un testimonio de disciplina y esfuerzo repartido en dos extenuantes turnos diarios. En la mañana, de 6:00 a 10:30, preparaba y vendía entre 50 y 60 arepas con queso o jamón. En la tarde, de 16:00 a 21:30, despachaba otras 70 u 80 arepas acompañadas de tinto, café o gaseosa.
Este negocio no solo alimentaba a su familia, sino que le permitía la flexibilidad necesaria para cuidar de su hija.

“Quiero volver a tener mi negocio para no tener que estar de allá para acá y sin saber dónde voy a dejar mi niña, con quién la voy a dejar, quién me la va a cuidar para yo poder decirme: ‘Voy a buscar otro trabajo, otro sustento’. No tengo cómo”, expone con absoluta claridad sobre los límites de su realidad.
El sismo barrió con todo su patrimonio y sus herramientas de trabajo. En las ruinas quedaron sepultados el asador, la estufa, las neveras, las mesas, las sillas y el televisor que entretenía a sus clientes.
Hoy, intentar reactivarse de inmediato es una tarea imposible sin un capital inicial de trabajo.
“No tengo cómo ni siquiera en dónde ubicarme, porque si quisiera ubicarme no tengo la estufa, no tengo horno y demás”, explica.
Además, la situación inmobiliaria de Roldanillo tras el terremoto es crítica: la alta demanda de comerciantes damnificados que buscan reubicarse hace que conseguir un local comercial en alquiler sea sumamente difícil.
A pesar de la magnitud de la crisis, la solidaridad ha comenzado a asomar, en cuanto a las necesidades básicas de su hija, doña Gladis comparte con alivio que la comunidad le ha colaborado con pañales y pañitos, y que esta semana el seguro de salud finalmente le hizo llegar el suministro correspondiente.
Sin embargo, la reconstrucción estructural representa un desafío gigantesco. El plan inmediato requiere demoler el área afectada desde la cocina hacia el frente para poder levantar muros totalmente nuevos, dado que las paredes originales se desplomaron.

Al ser consultada sobre qué desearía recuperar si tuviera una sola opción, su voz no duda: “Mi casa. Quiero mi casa”.
La ayuda para levantar los muros ya registra sus primeros aportes. María Gladis cuenta actualmente con cuatro bultos de cemento y la donación de 7.500 ladrillos por parte de una fundación, a los que se suman otros 7.000 ladrillos otorgados por la iniciativa solidaria Un Ladrillo por Colombia.

Para poder transportarlos, un amigo residente en la ciudad de Pereira ha ofrecido su camión de manera gratuita. Con el propósito de canalizar las ayudas económicas de forma transparente y sin intermediarios, María Gladis abrió una cuenta de ahorros en Davivienda: 488475062623
“La idea es hacer con transparencia y directamente... para así tener seguro lo que le va a llegar de ayudas a ella», precisa.
María Gladis expresa una “gratitud infinita” hacia las empresas, proveedores y amigos que no la han dejado sola en estos momentos oscuros. Rodeada de escombros, sin esposo y con su patrimonio reducido a polvo, doña Gladis encarna la ‘berraquera’ de una madre que se niega a rendirse ante la fatalidad.

Su mensaje de despedida para los lectores de El País es un manifiesto de resistencia pura: “Yo no me puedo derrumbar. Yo tengo una niña que sacar adelante y yo no me puedo derrumbar. Yo tengo que seguir adelante” .

Jefe de la Redacción Web de El País. Especialista en gerencia del talento humano, con formación en marketing digital y producción audiovisual. Profesional en construcción IA-First, enfocado en liderar redacciones, audiencias y productos editoriales sin perder la calle, el contexto ni el criterio periodístico.









