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Roldanillo vuelve a clases entre escombros; así resisten sus dos colegios más emblemáticos tras el sismo que los derrumbó
Miles de estudiantes del Belisario Peña Piñero y de la Escuela Normal Nacional Jorge Isaacs aprenden hoy en carpas, coliseos y sedes prestadas.
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25 de ago de 2026, 05:40 p. m.
Actualizado el 25 de ago de 2026, 05:40 p. m.
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Roldanillo, el llamado “Pueblo Mágico” del norte del Valle del Cauca, todavía cuenta los golpes que le dejó el sismo de gran magnitud que sacudió al suroccidente colombiano. Entre las viviendas coloniales derrumbadas, los comercios cerrados y el hospital departamental con serias afectaciones, hay una herida que duele de forma distinta: la de sus colegios.
En un municipio donde la educación pública ha formado generaciones enteras (alcaldes, artistas, sacerdotes y maestros que hoy enseñan en todo el norte del Valle), dos instituciones cargan el peso simbólico y físico de la tragedia: la Institución Educativa Belisario Peña Piñero y la Escuela Normal Superior Nacional Jorge Isaacs.
Ambas comparten un mismo diagnóstico —bloques enteros condenados a la demolición— y una misma determinación: no dejar que sus estudiantes pierdan el año escolar ni, mucho menos, la esperanza.

Belisario Peña Piñero: el colegio insigne que perdió su planta física
Con más de 80 años de historia, el Belisario Peña Piñero es, en palabras de su propia rectora, mucho más que un centro educativo.
“El Belisario es no solamente un centro educativo, sino un centro cultural de servicio a toda la comunidad”, explicó Miriam Ayde Benítez Cano, quien dirige la institución donde estudian 1.100 alumnos y que, según cuenta con orgullo, ha graduado a la mayoría de los alcaldes que ha tenido el municipio, además de figuras como el maestro Omar Rayo o el historiador Luis Antonio Cuéllar, presidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca.
El sismo no distinguió entre aulas comunes y patrimonio cultural, “según la visita técnica que han realizado, el 90% de infraestructura está pasando por una falla muy grande. Tuvimos que desalojar completamente esta planta física y los estudiantes fueron reubicados en otro lado porque toda presenta serias afectaciones”, relató Benítez Cano.
Los ingenieros estructurales ya adelantaron su veredicto: la demolición será total.
Uno de los espacios más golpeados es el aula máxima, que durante décadas funcionó como el auditorio más grande de Roldanillo y epicentro de ferias empresariales y actividades culturales del municipio.

“Está averiada al máximo, no se puede utilizar”, lamentó la rectora, quien recordó que ese mismo espacio alguna vez tuvo piso de madera y funcionó como teatro. “Sueño con eso, que el aula máxima lo reconstruyan como lo que es: un teatro”, confesó.
La lista de daños incluye las aulas especializadas que hacían del Belisario una institución con énfasis técnico: los laboratorios de física y química, la sala de sistemas, la sala de inglés y la sala de diseño gráfico, claves para las especialidades en diseño gráfico, gestión empresarial y tecnología e informática que ofrece el colegio.
“Los calados de este segundo piso no resistieron y explotaron. Dicen los maestros que volaban, salían disparados. La sala de profesores cayó sobre el laboratorio de física; enseguida está el de química, que ya no aguanta más el peso”, describió la rectora.
Pese al panorama, Benítez Cano insiste en que el sismo no borrará ocho décadas de historia.

“Yo soy optimista, señor periodista, y pienso que me van a reconstruir el colegio. El Belisario Peña Piñero no es solamente para los estudiantes de aquí, tiene extensión comunitaria todo el tiempo”, afirmó, recordando que allí funciona además un punto de formación docente que atiende a maestros de 13 municipios del norte del Valle y 43 instituciones educativas.
Sobre el costo de una eventual reconstrucción, la rectora se aventuró a dar una cifra —aclarando que no es arquitecta ni ingeniera estructural—: cerca de 40.000 millones de pesos para levantar una planta física moderna y sismorresistente.
La visita del vicepresidente de la República, que no pudo ingresar a la institución por el riesgo que representa la estructura, dejó una frase que la rectora repite como mantra: “No están solos.”
En medio de la emergencia, Benítez Cano destacó el papel de los docentes durante la evacuación, que se completó sin heridos en apenas 20 minutos gracias a los simulacros de sismorresistencia realizados previamente.
“Los verdaderos héroes de este terremoto son los maestros. Superaron el miedo, superaron esa situación tan horrible y actuaron de acuerdo a los simulacros de evacuación que hemos elaborado”, subrayó.
Sobre el regreso a clases, la institución diseñó un plan de contingencia mixto: mientras algunos estudiantes trabajarán con guías durante dos semanas, otros recibirán clases con material físico, distribuidos en sedes alternas —escuelas de primaria en mejores condiciones estructurales— y en jornadas de mañana y tarde.
“Vivimos la pandemia y sé del desastre emocional que causó en nosotros, especialmente en los niños”, dijo la rectora, para quien evitar una nueva interrupción prolongada es prioritario.
Su mensaje final fue un llamado directo a los cientos de egresados del colegio: que se movilicen ante las autoridades competentes para que prioricen la reconstrucción de la institución.
La Normal Jorge Isaacs, cuna de maestros, también quedó marcada
A pocas cuadras, la Escuela Normal Superior Nacional Jorge Isaacs enfrenta un escenario similar. Esta institución, formadora de los maestros que después enseñan en buena parte del norte del Valle, atiende a 971 estudiantes y también perdió gran parte de su infraestructura más antigua.
“Las afectaciones fueron serias en nuestra Escuela Normal. Tenemos toda la segunda planta con salones con daños estructurales, cubiertas desplazadas, muros desplazados. Eso es todo lo que es el segundo piso y primer piso de nuestro bloque más antiguo”, explicó la rectora María Agustina Gaviria.

En la sección de básica primaria, el panorama no es más alentador: varios salones presentan derribamiento de culatas y será necesario reemplazar por completo las cubiertas, hechas en eternit y teja de barro, materiales que —según explicó la rectora— resultaron demasiado pesados para la estructura ante un movimiento telúrico de esa magnitud. El bloque más golpeado, de fachada roja y visible desde la entrada del colegio, deberá demolerse en su totalidad.

A diferencia del Belisario, en la Normal el concepto técnico de los ingenieros fue más restrictivo: por ahora solo autorizaron el uso de tres salones y el coliseo. Ninguna otra zona puede recibir estudiantes hasta que avance la evaluación estructural completa. Aun así, la institución no se ha quedado esperando.
“Nos estamos recuperando buscando estrategias, alianzas. Sabemos que el Ministerio de Educación Nacional y la Gobernación del Valle deben hacer las intervenciones de las instituciones educativas públicas, pero no nos estamos quedando quietos”, afirmó Gaviria.
Con recursos de gratuidad, aportes propios y donaciones de privados, la Normal adelanta la recuperación de los kioscos, la batería sanitaria de preescolar y la adecuación de seis aulas adicionales con perlinería —vigas metálicas— y teja de PVC, un material más liviano que reduce el riesgo estructural.

El plan más ambicioso, sin embargo, es transformar el coliseo en un salón de clases múltiple: la idea es dividirlo con lonas donadas en entre seis y ocho aulas improvisadas, con apoyo de una fundación privada que ya evaluó los espacios.
“Como ustedes pueden ver al fondo, también hemos recibido donación de la organización Un Ladrillo por Colombia. Nos han donado ladrillos y en este momento están llegando, porque la reconstrucción es ya. No vamos a esperar que el gobierno haga todo”, aseguró la rectora.
La meta es que ese esquema alternativo permita reabrir la segunda semana de septiembre. Mientras tanto, la institución mantiene lo que Gaviria describe como “atención remota”, enfocada más en el acompañamiento emocional que en la enseñanza tradicional.
“Decir que hablemos de educación virtual es casi imposible, porque nuestros niños están sentados frente a una pantalla los que la tengan, pero lo importante es cómo están ellos por dentro. Ahora estamos con atención remota, solamente con guías socioemocionales, para que ellos puedan atender esta emergencia emocional que están viviendo y vuelvan a sentirse seguros”, explicó.
Como en el Belisario, la evacuación del día del sismo se convirtió en la mejor prueba de que los simulacros funcionan.
“La evacuación de nuestros niños yo diría que fue impecable, gracias a nuestros maestros, que fueron unos héroes, porque los llevaron al punto de encuentro. Los padres de familia llegaron desesperados porque veían destrucción a cada lado, pero cuando llegaron acá vieron que sus niños estaban seguros. Es una gran satisfacción para nosotros”, recordó la rectora.
Gaviria subrayó además el papel que cumple la Normal para todo el sistema educativo regional.
“Es aquí donde se forman los mejores maestros del norte del Valle. Somos nosotros quienes estamos encargados de formar a las personas, a los seres que van a formar a sus hijos, a toda nuestra niñez y a nuestra juventud”, dijo, insistiendo en que apoyar la reconstrucción de la institución es apoyar, indirectamente, a decenas de colegios de la región.
Un municipio con tres pilares educativos golpeados
El impacto del sismo sobre la educación en Roldanillo no se limita a estas dos instituciones. Según relató la propia rectora de la Normal, el colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá —el tercer gran referente académico del municipio— también sufrió daños en dos de sus sedes más grandes.
En la zona rural, el Centro Educativo Rodrigo Lloreda reporta una afectación cercana al 70% en sus sedes, que quedaron inhabitables.
Ninguna de las dos instituciones protagonistas de esta nota tiene aún un estimativo definitivo de cuánto costará su reconstrucción.
Hasta ahora, ambas solo cuentan con la visita inicial de los ingenieros estructurales, que definieron qué bloques deben demolerse, pero todavía no se sabe cuándo llegará la intervención formal por parte del Gobierno nacional y la Gobernación del Valle del Cauca.
Mientras esa hoja de ruta institucional se define, las dos rectoras coinciden en un punto: la comunidad no puede quedarse esperando. “No están solos”, repitió Benítez Cano, citando la frase del vicepresidente.

“Juntos podemos lograrlo. Cada granito de arena que coloquemos, cada uno de los que estemos aquí en Colombia, podemos reafirmar nuestro compromiso con la educación”, cerró Gaviria.
Entre lonas verdes, guaduas donadas, ladrillos que empiezan a llegar y guías socioemocionales para los estudiantes, Roldanillo intenta demostrar que, aunque sus aulas quedaron en escombros, la voluntad de enseñar y aprender sigue de pie.

Jefe de la Redacción Web de El País. Especialista en gerencia del talento humano, con formación en marketing digital y producción audiovisual. Profesional en construcción IA-First, enfocado en liderar redacciones, audiencias y productos editoriales sin perder la calle, el contexto ni el criterio periodístico.










