Escuchar este artículo

Las patrullas aéreas que ayudan a combatir el covid en los municipios más apartados del país

Julio 19, 2020 - 07:55 a. m. Por:
Santiago Cruz - editor de Crónicas El País

La Patrulla Aérea ha unido esfuerzos trasladando y donando ayudas humanitarias para prevenir la propagación del nuevo coronavirus.

Foto: Especial para El País

El piloto Juan Carlos Lenz dice que en Colombia hay pueblos tan remotos, que la única manera de comprar el pan del desayuno sin que eso implique una travesía de horas o incluso días es yendo en avión.

— Me sucedió una vez en una finca en los Llanos, donde estábamos alojados. Yo aún no tenía licencia y un piloto me invitó a comprar el pan. Y comprar el pan era volar diez minutos, aterrizar en la mitad del pueblo, ir a la tienda y devolverse. No había otra forma. Lo que uno en las ciudades no se da cuenta es que Colombia no solo es muy grande, sino que además sigue incomunicada. Hay pueblos donde no hay carreteras y si las hay, solo son transitables en verano. El avión ha sido vital para el desarrollo del país y lo seguirá siendo durante muchos años.

Juan Carlos es el presidente de la Patrulla Aérea Civil Colombiana, una de las tres patrullas aéreas civiles del país que en los tiempos del coronavirus han llegado hasta los parajes más apartados para llevar kits de bioseguridad para el personal médico y transportar hasta los laboratorios las pruebas de Covid–19 de comunidades que a veces ni siquiera aparecen en los mapas.

La Patrulla Aérea Civil Colombiana fue fundada en Bogotá el 21 de febrero de 1966. Según el acta de constitución, todo sucedió en la casa de un señor de nombre Alfonso Salazar Grillo, y en la reunión se determinó que Ernesto Isaza sería el presidente de esa “asociación sin ánimo de lucro”.

Eran tiempos en los que los sistemas de navegación aérea o marítima seguían siendo muy precarios, por lo que no era extraño que los barcos y los aviones se perdieran o se estrellaran en la selva, lo que obligaba a contar con patrullas dedicadas a la búsqueda y reconocimiento de aeronaves perdidas. En Antioquia, por la misma época, nacía la Patrulla Aérea Civil de ese departamento y en el Valle del Cauca, en 1974, se fundó la Patrulla Aérea Civil del Pacífico.

Tras los avances tecnológicos para volar o navegar de manera más segura, y lo que le sucedió a uno de sus pilotos fundadores, el objetivo de la Patrulla Aérea Civil Colombiana cambió pronto.

Según la historia, el piloto, cuyo nombre tantos años después nadie recuerda, le pidió a un médico amigo suyo que lo acompañara a ver a una mujer que se encontraba enferma en una finca donde la única manera de llegar el mismo día era en avión. Cuando aterrizaron se dieron cuenta que no solo la mujer necesitaba atención urgente, sino que por lo menos 50 personas de la comunidad, campesinos, jamás habían visto a un médico. En ese momento, hace ya tres décadas, la Patrulla se transformó en lo que es hoy: un hospital que desciende donde las personas lo necesiten, no importa qué tan lejos sea.

Como Riosucio, en el Chocó, donde para llegar se debe aterrizar en Carepa, Antioquia, después tomar un bus hasta Turbo, y allí abordar una lancha que atraviesa el río Atrato durante casi cuatro horas.

O Mosquera, en Nariño, donde la comunidad cuenta con un hospital nuevo, pero no hay ni especialistas ni equipos, y El Charco, donde el presupuesto del centro de salud apenas alcanza para el combustible de la lancha que transporta a los pacientes que son remitidos a otros centros asistenciales.

— El sistema de salud colombiano está pensado para que los hospitales de segundo nivel, los de mediana complejidad, se encuentren en ciudades principales e intermedias, lo que implica travesías para quienes viven en lugares apartados. En teoría hay una cobertura universal en salud, pero no hay un acceso real. Muchos pierden el trabajo por tener que viajar durante días a un hospital o se ven en ese dilema: si van a la cita con el médico desde Tumaco hasta Cali o se quedan. Por eso lo que hacemos es llevarle el hospital a las personas – dice Pamela Estrada, la directora general de la Patrulla Aérea Civil Colombiana, conformada por 71 pilotos – y sus aviones– y 580 profesionales de la salud entre médicos, enfermeros, anestesiólogos, todos voluntarios.

Lea además: Gobernación advierte que el Valle requiere seguir ampliando sus UCI

Una vez al mes, durante todo el año, la Patrulla Aérea Civil Colombiana realiza una brigada médica en algún paraje remoto del país. Todo comienza el viernes, cuando unas 50 personas, entre profesionales de la salud y personal logístico, viajan a los pueblos a bordo de diez o quince aviones. Algunos son monomotores para cuatro pasajeros, y otras son bimotores turbohélice para diez personas. Todo finaliza el domingo y por lo general se duerme poco. En apenas un fin de semana – es el tiempo del que disponen los voluntarios- la Patrulla atiende un promedio de 700 personas que requieren consultas en pediatría, optometría, dermatología, urología, y realiza entre 100 y 120 cirugías ambulatorias.

Se trata de cirugías básicas, pero que en el campo son la única opción de muchos: hernias inguinales, umbilicales, lipomas, que son tumores benignos que en las ciudades se intervienen cuando alcanzan dos centímetros pero que los médicos de la Patrulla han llegado a operar cuando pesan 5 kilos.

También se hacen ligaduras de trompas – hay pueblos donde las mujeres de 30 ya han pasado hasta por 8 partos– y suceden algunos milagros: ancianos que el viernes no veían y el domingo, tras la cirugía de cataratas, el mundo vuelve a tener color.

En Riosucio, Chocó, se hace algo más. En el pueblo, según una alerta de Naciones Unidas de hace siete años, la mortalidad infantil se debe a la desnutrición. Tanto tiempo después sigue pasando.

Allí, con el apoyo de Colmédica, la Patrulla distribuye un alimento terapéutico, el mismo que utiliza Unicef para tratar la desnutrición infantil aguda en las aldeas de tierras infértiles como el sur de Madagascar. Y saber que en 2017 Colombia alcanzó la producción más alta de alimentos de su historia.

Cuando en el país se inició el confinamiento debido al contagio del coronavirus, el 20 marzo de 2020, en la Patrulla Aérea Civil Colombiana suspendieron las brigadas médicas para dedicarse a entregarles kits de protección al personal médico que enfrenta el Covid–19 en hospitales apartados. Tras tres meses sus bitácoras registran 315 horas en el aire, 200 vuelos, 62.000 elementos de protección distribuidos en 112 hospitales de 17 departamentos.

La Patrulla Aérea Civil del Pacífico hizo lo propio. El domingo 12 de abril los pilotos Gerhard Thyben, Luis Eduardo Calderón, Pablo Guerrero, Javier Barrientos y Jorge Iván Delgado, despegaron con rumbo a Guapi, en el Cauca, y al Charco, en Nariño, para llevar 2350 tapabocas, 200 guantes y 60 Kits de bioseguridad que le fueron entregados al Cuerpo de Bomberos.

Una semana después otro grupo de pilotos entre los que iba Ricardo Arboleda aterrizó en Juanchaco y Ladrilleros para entregar 500 mercados.

Días más tarde transportaron diez toneladas de alimentos hasta Guapi, Timbiquí y López de Micay, y llevaron a cinco paramédicos y a dos médicos desde Cali hasta Condoto para atender la emergencia. Los reportes de las operaciones humanitarias en pandemia se extienden a lo largo de varias páginas.

Lo mismo sucede con los vuelos para transportar hasta el Instituto Nacional de Salud, en Bogotá, las pruebas de coronavirus de las comunidades más apartadas, una labor que las patrullas aéreas comenzaron a realizar tras solicitud de la Presidencia. Cada miércoles y viernes, algunos de los 26 pilotos voluntarios que integran la Patrulla Aérea Civil del Pacífico vuelan hasta Tumaco, El Charco, Guapi y Tiimbiquí, para recoger las pruebas.

En el caso de la Patrulla Aérea Civil Colombiana todo inicia en el aeropuerto de Guaymaral, en Bogotá, donde tiene su sede. Antes de despegar, los funcionarios del INS desinfectan tanto el avión como los trajes de los pilotos y el personal que viaja. Una vez aterrizan, entregan, en la pista, elementos de bioseguridad para los médicos locales y reciben las pruebas de covid que vienen en empaques especiales. Nadie de la Patrulla ingresa a los pueblos. Si acaso estiran las piernas en la pista. La medida hace parte del protocolo para evitar la pandemia.

En 2007, por motivos económicos y exigencias gubernamentales, la Patrulla Aérea Civil del Pacífico, entregó el funcionamiento de los programas de salud a la Fundación Patrulla Social del Pacífico liderada por Diego Posso y Ana Lucía López, Mujer Cafam 2014.

Pamela Estrada, la directora de la Patrulla Aérea Civil Colombiana, está segura de que si la entidad tuviera que pagarles a sus pilotos y al personal de salud, sería inviable. No hay dinero que alcance para algo así. Ni siquiera para tanquear los aviones. Por eso, además del voluntariado, todo funciona gracias a donaciones.

Terpel, por ejemplo, dona el combustible. Empresas como Direc Tv, Cruz Verde, Johnson & Johnson, Colmédica, la Fundación INTI, Químicos del Cauca y la Fundación Sociedad Portuaria de Buenaventura aportan de otras maneras, como la donación de los kits para los médicos que enfrentan el coronavirus en los hospitales más apartados.

Lo mismo sucede con la Patrulla Aérea Civil del Pacífico. Aunque los pilotos aportan su tiempo y ponen a disposición sus aviones, necesitan del apoyo que les brindan empresas como Tecnoquímicas o Colombina para realizar las acciones humanitarias. También de los Bancos de Alimentos, de la Cruz Roja, las alcaldías, y quien se quiera unir a la causa con combustible, con mercados, con elementos de protección para quienes trabajan en los hospitales. El objetivo de las patrullas aéreas civiles en los días de la pandemia es salvar vidas cuidando a quienes nos cuidan: los profesionales de la salud.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS