Turismo

El ‘pueblito pesebre’ de Colombia que esconde miel, caolín y cascadas; queda a solo 3 horas de Bucaramanga

Los turistas pueden vivir una experiencia de aventura y conexión con la naturaleza en este destino.

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Oiba, Santander
El ´pueblito pesebre' de Colombia cuenta con experiencias de todo tipo, desde apicultura hasta logoterapia de caolín. | Foto: Marilin Rivera Velasco / El País

18 de abr de 2026, 01:28 a. m.

Actualizado el 18 de abr de 2026, 01:28 a. m.

*Por Marilin Rivera Velasco / El País

La blancura de su tierra, la dulzura de su miel y la transparencia de sus aguas son las características que definen a Oiba, el municipio de Santander que con sus calles empedradas, sus casas de colores y la imponente iglesia de San Miguel construida en piedra confirman ese apodo: el ‘pueblito pesebre’. Un lugar mágico que parece haberse detenido en el tiempo.

Su arquitectura colonial lo convierte en una parada imperdible; sin embargo, más allá de la estética, la calidez de su gente, su gastronomía y el talento con el caolín lo hacen un lugar lleno de arte. No es para ir de afán, es para detenerse, para caminar sin mapa y dejarse sorprender por lo que esconden sus veredas.

“Su gente es muy berraca para trabajar, muy unida. Hay paisajes muy hermosos, lugares que queremos mostrar, ya que nos gustaría que el 10% o el 15% de las personas que viajan a Santander quieran quedarse en Oiba”, expresó Elkin Reyes Plata, alcalde del municipio.

La cascada de Chaguatá

Este lugar se presenta como un monumento líquido y para llegar a él se debe tomar una ruta de ascenso de unos 5 kilómetros por un camino veredal que cada vez se hace más estrecho, mientras conduce hacia un bosque donde las mariposas, las aves y los reptiles empiezan a cobrar protagonismo. La recompensa al final del camino es monumental: las cascadas de Chaguatá presentan una caída de agua de aproximadamente 70 metros entre rocas y paredes verticales, rodeadas de vegetación abundante. Ahí, los amantes de lo extremo pueden aventurarse a practicar torrentismo con la guía de un experto.

Oiba, municipio de Santander
La cascada de Chaguatá, un atractivo a pocos kilómetros del casco urbano de Oiba que cuenta con una caída de aproximadamente 70 metros. | Foto: Marilin Rivera Velasco / El País

Las minas de caolín

Saliendo del casco urbano de Oiba hacia la vereda Barroblanco, el paisaje empieza a cambiar de manera casi imperceptible hasta que, de repente, aparecen las primeras manchas blancas en la montaña: son las minas de caolín, uno de los atractivos más singulares y menos convencionales del turismo santandereano.

Claudia Inés Lesmes, representante de la Agrominera Barroblanco, explicó que “el caolín es una arcilla que cuenta con muchas propiedades que le permiten ser utilizado en estuco, caucho, baldosas y mascarillas; por eso, empresas como Cerámica Italia, Alfagrés, Senco y Corona utilizan esta materia prima”.

Por su parte, el artesano ceramista Mauro Alexander Parra relató cómo algo que parece simple tierra blanca puede transformarse en arte: “En Colombia hay cuatro departamentos donde hay caolín, pero el de Oiba tiene tanta calidad que los otros municipios se lo llevan por su plasticidad; ese es su plus. Acá hay toneladas de caolín y se puede obtener pulverizado listo para el uso, con el que se pueden hacer platos, vasos y todo tipo de decoración”.

Los turistas que quieran adentrarse en las minas podrán conocer de cerca el proceso de extracción, recorrer la planta de tratamiento de la Cooperativa y visitar los talleres donde las clásicas iglesias en miniatura son elaboradas con esta materia prima. Además, vivirán la lodoterapia de caolín, algo único y necesario de experimentar.

Las Pilas Oibanas

Lejos del bullicio, sumergirse en estas aguas cristalinas es el remedio exacto para el calor de la región y una oportunidad para conectar con la biodiversidad que rodea cada vertiente. El lugar queda exactamente en la vereda La Peñuela, donde se encuentra uno de los tesoros más valiosos de Oiba: las Pilas Oibanas, ubicadas en medio de potreros y con un sonido incesante del agua que lleva al turista a querer descubrir estos jacuzzis naturales formados en la quebrada. Este lugar especial es el destino de las familias oibanas que buscan un balneario propio, sin cobros ni aglomeraciones.

Oiba, municipio de Santander
En el recorrido de la fruta del dragón se descubre la exótica pitahaya ideal para diversas preparaciones. | Foto: Marilin Rivera Velasco / El País

El recorrido de la fruta del dragón

Entre los atractivos más inesperados que guarda Oiba está el Huerto Escarlata, un emprendimiento de agroturismo local dedicado al cultivo de la fruta del dragón. Se trata de la pitahaya, una fruta exótica originaria de Centroamérica y la selva peruana, de alto valor nutricional, con importantes propiedades antioxidantes y un sabor que combina lo dulce con un toque refrescante. De esa misma fruta que crece entre las montañas oibanas se elaboran jugos frescos, postres, mermeladas y toda clase de preparaciones que demuestran su versatilidad en la cocina, y en el Huerto Escarlata se pueden disfrutar de todas estas delicias.

La ruta de la miel

Finalmente, la experiencia sensorial que todo visitante de Oiba debe vivir es la ruta de la miel: recorrer los apiarios y ver cara a cara a la abeja reina. El título de “Paraíso de la Miel” no es gratuito; es un nombre que este municipio santandereano se ganó gracias a décadas de trabajo campesino.

Oiba representa todo lo que es el turismo colombiano: naturaleza, cultura, gastronomía auténtica, arte y una comunidad acogedora.

*Agradecimiento a Fontur

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