Política
El costo de las limitaciones: Análisis sobre la escalada de violencia en el suroccidente colombiano
El analista Diego Arias hace una reflexión sobre los más recientes atentados de las disidencias de las Farc en Valle del Cauca y Cauca.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias
28 de abr de 2026, 12:43 a. m.
Actualizado el 28 de abr de 2026, 01:27 a. m.
Noticias Destacadas
Por: Diego Arias, especial para El País
Ya se ha vuelto relativamente frecuente la ocurrencia de acciones terroristas de las llamadas disidencias de Farc, en Cali, el Valle y el suroccidente colombiano. Suman un buen número en los últimos tres años, con un saldo importante de destrucción y afectaciones humanas (entre muertos y heridos).
Pero de lo que no existía un antecedente era el de una escalada tan compleja, violenta y sistemática como la que inició con el ataque al cuartel del Batallón Pichincha en Cali, continuó luego con otro similar al Batallón Codazzi en Palmira y ha derivado en una sucesión nunca antes vista de ataques, incluyendo el más trágico de todos, el de Cajibío, en el que murieron veinte personas y quedaron heridas varias decenas.
Lo sucedido demanda toda la solidaridad con las víctimas, las autoridades civiles y la fuerza pública. Pero al mismo tiempo, esta coyuntura requiere de una respuesta inmediata y efectiva que, al menos en el corto plazo, permita retomar el control de la situación y evite la ocurrencia de nuevos hechos.
Lo que han hecho las disidencias es un hecho de fuerza, de gran magnitud, para de alguna forma decir: “Aquí estamos y a la ofensiva… no estamos derrotados”. Es un mensaje en una coyuntura política que decidirá el futuro de la nación, incluyendo el de la guerra y/o la paz.
Pero hay un asunto inquietante: en el contexto de una operación compleja que debió comprometer por parte del grupo armado ilegal numerosos recursos logísticos, operativos, humanos y de tiempo de preparación y alistamiento antes de su ejecución ¿cómo no logró ser detectado previamente por la inteligencia del estado?

Y la otra pregunta es: ¿resulta objetivamente posible retomar y mantener el control e incluso pasar a la ofensiva sobre estos grupos en el suroccidente colombiano? Y aunque no hay una única respuesta digamos sinceramente que no resulta nada fácil dadas las enormes limitaciones (humanas, materiales y operativas) en las que hoy se encuentra la fuerza pública.
Pensemos, para poner tan solo un ejemplo, en el desafío de como retomar el control y la seguridad de una vía tan importante como lo es la Panamericana, siendo que no es posible militarizar, de forma permanente y efectiva, cada uno de sus distintos tramos críticos. Para no hablar de una ofensiva realmente sostenida que debilite las zonas de retaguardia de las tres estructuras responsables de estos hechos y otros eventos: la Jaime Martínez, la Dagoberto Ramos y la Carlos Patiño.
Así que este enorme desafío solo será posible enfrentarlo con un enorme despliegue de solidaridad con las comunidades, el respaldo a las autoridades de gobierno y el fortalecimiento inmediato y suficiente de capacidades, operativas y de inteligencia para las fuerzas militares y de policía. Y en el mediano y largo plazo la sustitución de los cultivos de coca que son el combustible de esta violencia.
Y algo más: este es un momento de unidad regional y nacional, dejando al margen el aprovechamiento político-electoral de esta difícil coyuntura ¡
6024455000








