Clementina Vélez habla luego de perder curul en el Concejo: "mi carrera política no se acabó"

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Clementina Vélez habla luego de perder curul en el Concejo: "mi carrera política no se acabó"

Noviembre 17, 2019 - 07:55 a. m. Por:
Olga Lucia Criollo, editora de Poder
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Clementina Vélez, concejal de Cali.

Giancarlo Manzano / El País

'Agüerista' como pocos, prefiere no pensar en la fecha en la que volverá a pisar el hemiciclo del Concejo después del próximo 31 de diciembre, cuando cierre el capítulo de su vida que la mantuvo allí durante 27 años, 16 de ellos de manera ininterrumpida.

Sin embargo, con el temple que le valió ser conocida como ‘la Dama de Hierro’ caleña asegura que su movimiento no se acaba, que seguirá haciendo política. La misma que la ha ocupado durante 47 años, algunos de ellos como diputada de la Asamblea del Valle del Cauca y otros como representante a la Cámara.

Pero sin duda el fortín de la enfermera y abogada que hace poco más de siete décadas nació en el barrio El Bosque ha sido el Cabildo caleño. Las estadísticas dicen que allí ha sido ponente de 29 acuerdos municipales y que ha visto desfilar a 19 alcaldes.

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Solo que ahora, tras 24 años de “hablar” con el cáncer, su caminar por el recinto es lento y sus ideas parecen querer centrarse en su gratitud con Dios y en dejar muy en claro que amor y política no riñen.

Aun así, Clementina Vélez tiene bríos para denunciar que las recientes elecciones estuvieron manchadas por “el mercado negro de la plata” y que fue la ‘mermelada’ la que le dio la curul a varios de sus sucesores.

¿Cómo analiza los resultados electorales del 27 de octubre?

Volvieron a traer plata a los puestos electorales en todo el país. Se volvió a ver al líder haciendo cola para que le pagaran el recibo que debía de agua y luz, el arrendamiento o les llenaran la nevera… se volvió al mercado negro de la plata, y la Registraduría se quedó corta en dar capacitación sobre cómo votar, lo cual era necesario porque en los barrios los líderes se equivocaban al señalar. Además, los jurados fueron sobados: a unos les ayudaban y a otros no. ¡Qué levante la mano un jurado en Colombia que no le haya metido la mano a las elecciones en las orientaciones a los ciudadanos cuando votan! La gente no tenía claro que le iban a dar cinco tarjetones: el de la JAL en algunos sectores lo manejaron muy bien, pero en otros no, y los tarjetones de Concejo y Asamblea tuvieron características diferentes y la Registraduría olvidó hacer énfasis en eso.

¿Y usted por qué cree que no logró retener su curul en el Cabildo?

Primera vez que me pasa, pero soy una mujer católica y llegué a la conclusión de que le tengo que entregar eso a Dios y no pensar en nadie, no analizar lo bueno y lo malo. Me iba a retirar del movimiento, iba a acabar con él, y mi clase dirigente no me lo permitió, me dijeron que perdería Cali y el Valle del Cauca si lo hacía... es que yo llevaba 39 años en la docencia universitaria cuando tuve un infarto y el doctor me dijo: ‘renuncias a la docencia o a la política, no puede seguir en las dos’. Yo amo enseñar, pero decidí que era más grave renunciar a la política y ya voy a cumplir 50 años de servirle a la gente, de conseguirles becas a los hijos de los líderes, cupos en las universidades y alimentación para los niños... No podría vivir hoy sin estar lista a ayudarle a la gente, a Cali, al Valle del Cauca.

Pero tras los resultados, ¿no se arrepiente de haber hecho caso?

No, porque los argumentos que me han dado son sólidos: me dijeron ‘¿nos va a dejar huérfanos, solos, sin quién nos haga los trámites en Educación?’. Y me convencieron en los parques de los barrios, donde siempre voy a caminar con mis dirigentes. Allá me puse a ver todo lo que hemos hecho: pavimentos, alcantarillados, parques, canchas...

¿Y qué es lo que más le va a producir nostalgia cuando ya no esté en el hemiciclo del Concejo?

No sé. Estamos en sesiones y hasta el 31 de diciembre tengo que cumplir con mi deber. De pronto nada, porque tuvo una madre, una líder extraordinaria, que no nos dejó conocer el odio ni la nostalgia ni la rabia, sino que nos enseñó a que había que trabajar y colaborar.

¿Pero ya pensó a que se va a dedicar a partir de enero?

Sí, ya hice reuniones con los dirigentes y ellos me han dicho que sigamos con el movimiento y que sigamos trabajando en educación, salud y cultura, y a eso me voy a dedicar. La carrera política no se acabó, ni se va a detener, porque Dios está ahí, acompañándome.

Como quien dice que seguirá siendo ‘la Dama de Hierro’ caleña. ¿De dónde surgió ese apelativo?

En la Universidad del Valle. Eramos solo tres mujeres, que éramos las que echábamos los discursos en las plazoletas y un día hubo un problema muy grave y vinieron los directivos estudiantiles de la Nacional y de la Santiago de Cali y la intervención más fuerte y notoria fue la mía: desde allí me llamaron la Dama de Hierro en la universidad y luego en la política. Es que yo no les tengo miedo a los hombres: qué lindos y necesarios son, pero no les tengo miedo, me enfrentó a ellos cuando es necesario.

A propósito, ¿qué ha cambiado en la forma de hacer política desde que usted empezó en ella?

La parte humana. Cuando empecé a hacer política el líder era un personaje para uno, merecía respeto. Al líder uno le cogía amor, lo acompañaba al barrio a hacer la tarea, lo abrazaba. Hoy en día no existe eso, en las corporaciones públicas no se vive el amor sino la crítica, la maldad, la envidia, pero hay seres humanos buenos, mujeres trabajadoras y jóvenes, que los llamo ‘pastos verdes’, que han aprendido y les ha gustado la política, pero necesitamos que ellos llenen estas corporaciones de amor, respeto y admiración.

¿Y qué consejo les da a quienes llegan por primera vez al Cabildo?

Que se corten la lengua antes de hablar mal de los demás; que crean en Dios, que no prometan lo que no pueden hacer, que no opinen de lo que no saben, que no se refieran a lo que no han conocido, que se unten primero del pueblo y luego sí hagan las tareas.

¿Siente que César Gaviria, director del Partido Liberal, no estuvo con usted en esta campaña?

Pregunta muy interesante y una respuesta concreta: él se ha manejado siempre mal con Clementina Vélez. Me cambió el número de la lista por otra persona que nunca ha sido liberal y nunca ha trabajado en barrios, pero también se lo entregué a Dios. Le pido a él que esa niña tenga la oportunidad de crecer, de ayudarle a la gente, de respetarla, porque la política sin respeto no tiene sentido.

Se refiere a Diana Rojas...

Sí, ella no es heredera mía de nada, pero deseo que le vaya bien, que sea estudiosa, prudente y una gran académica, porque en este Concejo al que no estudia, no le va bien, pero le deseo lo mejor.

¿Y cuál es el mensaje para todos los funcionarios del Municipio que siguen las orientaciones políticas de Clementina Vélez?

Que ellos me conocen y saben que no me voy a quedar quieta, que apoyé a un excelente Alcalde y a una excelente Gobernadora, y estoy segura que ellos van a darme la oportunidad de conversar con ellos en su debido momento.

¿Una decisión que haya tomado y luego haya dicho: ‘me equivoqué’?

Me equivoqué como concejal en el tema del MÍO. Creo que nos equivocamos todos porque confiamos totalmente y hoy en día estamos tristes por eso. Confiamos en el Alcalde, cuando nos propuso la iniciativa, y en los gerentes de la época, que además ha habido muchos gerentes... Dios quiera que el alcalde Ospina, que tiene inteligencia y experiencia, nos ayude a resolver ese tema.

¿Y cuál es la impronta que la concejal Clementina le deja a la ciudad?

El arreglo de las escuelas antiguas de Cali. Era concejal la gobernadora electa, Clara luz Roldán, y las dos nos enfrentamos a pelear presupuesto para que se mejoraran, y lo logramos. Era alcalde Jorge Iván Ospina y él nos dejó ganar, porque nos dejó la platica para mejorar esas escuelas.

Años atrás usted dijo que en el Concejo se repartía ‘mermelada’. ¿Se sigue repartiendo?

Claro que se reparte ‘mermelada’ y por eso muchos concejales obtuvieron la curul, pero eso lo dirá el tiempo, que es el mejor orientador en la vida: hablar menos y esperar más.

¿Alguien de su familia le está siguiendo los pasos en la política?

En la familia a todos les gusta ayudarme, somos seis hermanos y muchos sobrinos, pero aún no noto quién se le quiera colocar a este árbol.

¿Una anécdota que se lleva de su paso por el Concejo?

Me impactó mucho tener que venir al Concejo cuando perdí el pelo, pero le pedí permiso al Concejo para venir con sombrero y me hice famosa con mis sombreritos.

¿Y cómo va su batalla con el cáncer?

Yo he tenido cáncer durante 24 años y no lo niego, pero lo he superado acompañada de la Virgen, de Dios, del Espíritu Santo y del Señor de la Misericordia. Además tengo una hermana, Ana Cecilia, que ha sido el ángel de la guarda de mi vida, mi mano derecha e izquierda no solo en la enfermedad sino en el posoperatorio y en el trabajo comunitario... También tengo unos excelentes médicos y les agradezco, entonces soy amiga del cáncer, hablo todos los días con él. Cuando me va a dar un dolor, le digo: ‘¿qué te pasó si ese dolor ya había pasado?’ y lo lleno de amor. En los barrios tenemos muchas pacientes que no tienen cómo pagar la prótesis ni cómo usarla, esa es una labor a la que me voy a dedicar ahora.

Finalmente, se va el 31 de diciembre y cuánto tiempo pasará para que vuelva a este hemiciclo?

Como soy 'agüerista', esa no la puedo contestar.

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