Revolviendo el avispero

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Revolviendo el avispero

Enero 05, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

No bien empezado el año, el escenario mundial fue sacudido por el ataque contra el general Qasem Al Solemaini, jefe de las estructuras militares de Irán y durante décadas cabeza indiscutible de los esfuerzos del imanato por imponer el imperio chií en Oriente Medio. Al dar la orden de su asesinato, el Presidente de los Estados Unidos desató lo que puede ser una nueva guerra que tendrá consecuencias en la más conflictiva región del planeta.

Fue un certero golpe ejecutado con drones en el aeropuerto de Bagdad. Allí murieron ocho personas más, entre ellas AbduMahdi AlMuhandis, el líder de las fuerzas de Movilización popular de Iraq, una de las decenas de agrupaciones irregulares que Soleimaini promovió en la región para asegurar su pretendida hegemonía de su país en el Medio Oriente. Horas antes, ese grupo había levantado el asedio al que sometió la embajada estadounidense en Bagdad, un acto hostil que recordó la toma y el secuestro de los integrantes de la delegación de ese país en Irán, hace 40 años.

A partir del ataque se produjo la reacción mezcla de amenazas y de lamentos del país de los ayatolas por la muerte de quien era considerado un héroe en vida, incluida la cancelación de todos los compromisos adquiridos en el acuerdo para cesar su producción de armas nucleares. Y se desató también una andanada de tuits del presidente Donald Trump, reconociendo su autoría, acusando a sus antecesores de no haberse atrevido a hacer lo que él sí pudo, y amenazando a Irán con más ataques en caso de cualquier venganza.

Como se puede ver, el 2020 amaneció con la amenaza de una guerra en la cual el terrorismo de Estado tendrá gran protagonismo. De un lado, el presidente de la potencia militar más grande del planeta atacando a lo que sin duda es el epicentro de las milicias que hacen presencia en Yemen del Sur, Líbano, Siria, Iraq, Palestina y la franja de Gaza, a nombre del expansionismo de Irán para implantar la secta chiita. Del otro, el país donde gobierna la religión islámica y se ha convertido en el dolor de cabeza para Occidente, en la medida en que está situado en el corazón del área donde se produce la mayor parte de petróleo del mundo.

A partir de la muerte de Soleimaini es de esperar que se produzca la reacción armada de Irán a través de sus redes de milicianos bien entrenados en el terrorismo. Ya Estados Unidos ha iniciado el despliegue de tropas especializadas para enfrentar los posibles ataques de aquellos que buscarán vengar la muerte de quien durante décadas construyó un verdadero ejército de guerra informal para imponer sus creencias.

En el otro lado estará el presidente Trump, conocido por sus decisiones intempestivas y su lenguaje agresivo. Un presidente en trance de reelección para el que la prudencia de quienes lo antecedieron no era lo aconsejable cuando se trata de enfrentar las amenazas de Irán, prefiriendo el lenguaje agresivo y, ahora, la respuesta militar sin contemplaciones.

Y en el medio estará la paz mundial sometida a las acciones y reacciones que, ojalá, no lleguen a convertirse en una guerra de proporciones desconocidas.

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