La farsa en Venezuela

La farsa en Venezuela

Mayo 20, 2018 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

Con un país destruido y un pueblo que sólo encuentra en la migración la posibilidad de subsistencia, Nicolás Maduro se apresta a quedarse en el poder de Venezuela. Hoy se celebrará una farsa electoral manipulada por la dictadura en la cual se aplastará de nuevo la democracia y la libertad de la patria del Libertador Simón Bolívar.

Será la continuidad de un régimen basado en la corrupción y la fuerza que hace 19 años se vistió con el ropaje populista para imponer la dictadura del comunismo. Una organización respaldada por las bayonetas de las Fuerzas Armadas, el paramilitarismo y la dirección interesada del castrismo cubano es la que hoy volverá a barrer en las urnas de un sistema electoral dependiente y parcializado.

Así se decretará la continuidad de una dictadura cuyos resultados son asombrosos. Una inflación que supera ya el 12.000% anual, donde se mató la iniciativa privada y se robaron a Pdvsa, la empresa petrolera más grande de América Latina. Un país sentado en la mayor reserva petrolera del mundo que ya no se beneficia de su petróleo porque el régimen lo secuestró. Y una nación sumida en las carencias, acosada por la peor de las violencias y obligada al éxodo para sobrevivir.

Para sacralizar el atropello, su figura principal, Nicolás Maduro, será elegido mediante el fraude, en unas elecciones que nadie en el mundo reconoce como legítimas. Es como una bofetada a los derechos de los venezolanos que reclaman un gobierno que los proteja y les brinde oportunidades, o que les garantice las libertades necesarias para su progreso.

A cambio recibirán hambre, miseria, desesperanza y el terror de un sistema enfermo que destruyó a Venezuela y pretende perpetuarse con Maduro y sus secuaces. Un gobierno repudiado por el mundo entero, salvo aquellos países que como Cuba, Bolivia o Nicaragua, se aprovechan de las riquezas que pertenecen a la nación venezolana y de las cuales se apropió una mentirosa y repudiable revolución.

Se calcula en cuatro millones la diáspora de venezolanos que han abandonado su país desde que la dictadura se tomó el poder en su nación. Un millón de ellos están en Colombia, donde se les ofrece la solidaridad y el abrigo en la medida de nuestras posibilidades. Esa es la herencia de la revolución iniciada por Hugo Chávez y continuada por Maduro, la que debería golpear la conciencia de unas Fuerzas Militares creadas para proteger a su país pero comprada y corrompida su cúpula para mantener con vida el desastre.

Todo está listo entonces para darle un mentiroso aire democrático a la continuidad del despotismo en Venezuela. Y como en las tiranías que han existido en todas partes del planeta, se producirán votos que no existen para mostrar un triunfo de papel, acompañado del ruidoso discurso de un dictador que le echa la culpa al resto del mundo por la ruina de su país, cuando la responsabilidad es sólo suya y de sus cómplices.

Pero debe haber una reacción contra lo que le pasa a Venezuela. Ese país no puede resistir más que sus instituciones, su patrimonio y su libertad sigan secuestrados para siempre por la inmoralidad, el totalitarismo y el fracaso del chavismo.

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