Inversión necesaria

Ahora, esas obras como muchas otras detenidas por la burocracia y el centralismo, son necesarias como la sangre que requiere el cuerpo humano para su irrigación y su consecuente supervivencia. Así debe ser entendida por las autoridades y la sociedad de nuestro Valle del Cauca.

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12 de abr de 2020, 06:55 a. m.

Actualizado el 25 de abr de 2023, 10:52 p. m.

En medio de la emergencia ocasionada por la llegada del Covid- 19, aparece la noticia según la cual, la Agencia Nacional de Infraestructura iniciará este mes y de manera formal el proceso para adjudicar la concesión de la malla vial del Valle. Además de ser una respuesta al justo reclamo de la región, esa es la oportunidad para conseguir recursos e inversión que ayuden a superar la crisis que desde ya afecta a la economía nacional y regional.

Debe tenerse en cuenta que la malla vial no es un proyecto nuevo, y que es la concesión que administra los recursos que generan los peajes de las vías que han sido construidas en el departamento en los últimos veinticinco años. Con la decisión de abrir los prepliegos, lo que se empieza es el proceso para reemplazar al contratista que hace dos años terminó su relación con el Estado de manera anticipada, lo cual llevó a que estos recursos, cuantiosos y necesarios, fueron administrados por el Instituto Nacional de Vías, con todas las consecuencias que ha tenido para el mantenimiento de la red y la parálisis de los proyectos que se esperaban.

Es que, contrario a lo que se ha dado a entender, la malla no está terminada no obstante que produce los ingresos necesarios era ello. Ahora se debe reconocer que en la iniciativa que se anuncia como parte del proyecto 5-G, incluye obras ya prometidas como la extensión de la avenida Ciudad de Cali hasta Jamundí, la construcción de vías de acceso a Cali y a Jamundí, Candelaria, el Cerrito y Yumbo, la atención a la autopista Cali-Palmira, y otras más.

Es la respuesta al reclamo que el Valle ha hecho, ante la manera en que se están manejando los recursos que generan las vías de la región y necesarios para completar el que ha sido el desarrollo vial pionero en Colombia con los recaudos de los peajes, y la infraestructura para atender la comunicación en las regiones. Ahora, y según afirma el presidente de la ANI, con la nueva concesión aparece la promesa de invertir el 0,5% de sus ingresos en obras sociales a realizarse en las comunidades afectadas por el proyecto.

Esta decisión tiene otro significado que la hace aún más relevante: la posibilidad de invertir más de 12 billones de pesos, en uno de los momentos más críticos de la historia nacional, la crisis que paralizó la economía. Con ella se le da un nuevo impulso a la generación de empleo, además de que significará la irrigación de recursos frescos a una economía recalentada por los hechos que son de suficiente conocimiento de los colombianos y, en particular, de los vallecaucanos.

Por ello hay que estar atentos a que se cumplan los anuncios según los cuales el contrato de la malla vial se adjudicará en septiembre próximo. Y hay que seguir presionando para que se decida el reinicio de las obras en la vía Buenaventura-Buga y los absurdos que han impedido iniciar la construcción de la carretera Mulaló-Loboguerrero.

Ahora, esas obras como muchas otras detenidas por la burocracia y el centralismo, son necesarias como la sangre que requiere el cuerpo humano para su irrigación y su consecuente supervivencia. Así debe ser entendida por las autoridades y la sociedad de nuestro Valle del Cauca.

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